El gobierno de Cuba muestra optimismo sobre los resultados económicos al concluir este año, pero advirtió que las penurias cotidianas de los más de 11 millones de habitantes aún están lejos de finalizar.
De acuerdo con los pronósticos oficiales, el crecimiento del producto interno bruto podría ser superior a cinco por ciento, a pesar del alto precio del petróleo, que obligó a un desembolso extraordinario de más de 500 millones de dólares.
«Sólo un país con economía planificada puede administrar y soportar un impacto de este tipo», comentó el ministro de Economía y Planificación, José Luis Rodríguez, quien alertó, además, que la etapa crítica se ha superado «sólo en parte».
Rodríguez aseguró, sin embargo, que la economía cubana demostró en los últimos años una capacidad de recuperación consolidada a partir del incremento de la eficiencia y de una reanimación que se registró, prácticamente, en todos los sectores.
La pérdida de las privilegiadas relaciones de intercambio comercial con el disuelto campo socialista, unido al embargo estadounidense y errores propios, originaron en la isla la peor crisis económica del último medio siglo, que ya cumplió 10 años.
«Hay una serie de cosas que mejoran, pero no significa que llegamos al nivel de satisfacción de todas las necesidades», afirmó Rodríguez, entrevistado por la prensa oficialista cubana.
La escasez de alimentos es una de las mayores quejas en los hogares. «Gano 400 pesos y me gasto 100 de una vez en el agromercado», dijo María Elena Maza, maestra y subdirectora de una escuela primaria.
Como parte del programa de emergencia diseñado en la primera mitad de los 90 para enfrentar la crisis, el gobierno liberó la circulación de divisas en el país y abrió «tiendas recaudadoras de divisas» (TRD), cuyas ganancias comenzaron a alimentar las exiguas arcas fiscales.
Esos establecimientos dieron solución, desde los años más duros de la crisis (1992-1993), al desabastecimiento de alimentos, aunque sus precios, regidos por ley de oferta y demanda, son elevadas para un salario promedio, de unos 230 pesos (poco más de 10 dólares al cambio paralelo).
La contracción del ingreso hogareño se resolvió, en parte, por las remesas de familiares residentes en el exterior, cuyo monto anual fue situado en 750 millones de dólares por la Comisión Económica para América Latina (Cepal).
«No tengo familia en el exterior y mi salario es totalmente en pesos. Si quiero un litro de aceite debo comprar primero la divisa», es decir dólares a una cotización de 22 pesos por cada uno, se lamentó María.
El aceite figura en la lista de productos que se venden en cantidades limitadas pero a precios subsidiados para todos los ciudadanos cubanos. Sin embargo, su esporádica distribución obliga a las familias a acudir a las TRD.
Otras medidas del gobierno tendientes a la reactivación fueron la apertura del país a la inversión extranjera y al turismo internacional, la incorporación de parte de los trabajadores a un sistema de estímulo salarial en divisas y la autorización del trabajo por cuenta propia o independiente del Estado.
El ministro Rodríguez consideró que la salida del llamado «periodo especial», como denominan las autoridades a la recesión, «no será pareja para las personas ni para los sectores de la población».
La Central de Trabajadores de Cuba (CTC) reconoció en un documento que circula entre sus afiliados que las desigualdades sociales originadas por las reformas económicas son «ajenas a los valores» cultivados por el país desde el triunfo de la revolución socialista en 1959.
La CTC admitió en ese texto que tales diferencias no se pueden eliminar por completo, «pero sí de manera creciente, trabajando en medidas que favorezcan» el logro de «mayores ingresos», en especial para los asalariados.
La central sindical, única permitida en la isla, consideró necesario «poner fin» a la doble circulación monetaria, de pesos y de divisas extranjeras, de modo de «restablecer la sola circulación de nuestra moneda nacional, tan pronto existan posibilidades y condiciones necesarias».
A su vez, el ministro Rodríguez descartó que la dualidad monetaria sea una medida «de carácter permanente en la economía cubana», pero advirtió que eliminarla exige primero la creación de condiciones adecuadas, muchas de las cuales no dependen solamente del país.
Rodríguez admitió, que al concluir 1999, 62 por ciento de la población cubana tiene dólares, 18 por ciento más que hace cuatro años, aunque «una mayoría posee» esas divisas «sólo en pequeñas cantidades».
Para expertos ajenos al gobierno cubano, la dualidad monetaria y del sistema de precios aportó soluciones en su momento, pero hoy complica el funcionamiento del sistema económico y «genera distorsiones en términos de incentivos y equidad».
En ese sentido, consideran «imprescindible» alcanzar gradualmente la convergencia cambiaria que normalice los cálculos financieros y corrija deformaciones en la estructura de precios relativos.
En la segunda edición del informe «La economía cubana, reformas estructurales y desempeño en los 90», Cepal comentó que a diferencia de procesos análogos en otros países, en Cuba se procuró «distribuir de modo equitativo las cargas de las crisis y de los acomodos subsecuentes».
«Aun así, los sacrificios de la población han resultado mayúsculos, sin que se pueda considerar que dicho proceso se haya finiquitado por entero», subrayó la institución, según la cual la economía cubana ha crecido en los últimos seis años a un ritmo promedio anual de 3,4 por ciento. (FIN/IPS/pg/mj/if/00


