DESARROLLO: FMI y Banco Mundial se disfrazan de Papá Noel

El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) anunciaron hoy que antes de fin de año pondrán en práctica un plan para reducir en 34.000 millones de dólares la deuda externa de 22 de los países más pobres del mundo.

Pero el presidente del Banco, James Wolfensohn, y el director gerente del FMI, Horst Koehler, advirtieron que la reducción de la deuda en el marco de la iniciativa de los Países Pobres Altamente Endeudados (HIPC) no bastará para erradicar la pobreza en los 22 estados elegidos.

En ese sentido, apelaron a los acreedores comerciales y a los países industrializados para que aumenten la ayuda y abran los mercados a las exportaciones de los países más pobres.

«La comunidad internacional debe participar plenamente para mejorar la suerte de los países pobres ya que no puede haber un futuro bueno para los países ricos si los países pobres no comparten su prosperidad», señalaron.

«Debemos asegurarnos que la iniciativa HIPC sea apoyada por todos los acreedores, incluso los acreedores bilaterales y comerciales que aún no proporcionaron la reducción de la deuda requerida», agregaron.

«Pedimos a los países industriales que eleven la ayuda oficial al desarrollo a los niveles acordados internacionalmente», o sea a 0,7 por ciento del producto interno bruto, exhortaron ambos.

El anuncio del Banco Mundial y del FMI no impresionó a organizaciones no gubernamentales críticas (ONG) de la iniciativa HIPC.

«Si quisieran cancelar en serio la deuda, comenzarían por hacerlo con la propia en lugar de enviar comunicados de prensa de promoción en vísperas de Navidad», sostuvo Tim Atwater, coordinador de Jubileo 2000, una alianza de ONG que aboga por la cancelación total de la deuda externa de los países pobres.

«Es triste, pero no sorprende que el FMI y el Banco Mundial reclamen más éxito y más crédito para sí mismos de lo que se merecen. En realidad, ambos organismos han sido, en el mejor de los casos, aliados dudosos en la batalla para cancelar la deuda aplastante del Sur», agregó.

El FMI y el Banco lanzaron la iniciativa HIPC en 1996 con el fin de reducir la deuda de los países más pobres a cantidades consideradas sustentables.

En respuesta a las críticas de Jubileo 2000, la británica Oxfam y otras ONG, de que la iniciativa no era suficiente, las dos instituciones multilaterales modificaron las condiciones de la misma en octubre de 1999.

Así surgió la HIPC «reforzada» para reducir la deuda a un máximo de 150 por ciento del valor de sus exportaciones anuales y 250 por ciento de sus ingresos públicos. Los países accederán a la reducción de la deuda en dos etapas.

En la primera se les exigirá que demuestren el cumplimiento de los programas de ajuste estructural recomendados por el FMI y el Banco Mundial en un plazo de tres años. Pasado el período, se llegará a un «punto de decisión».

En esa instancia, el país comenzará a recibir una reducción provisoria de la deuda a cambio de implementar una estrategia de reducción integral de la pobreza, dirigida en parte a utilizar los fondos que se habrían gastado en pagar la deuda en servicios sociales, de salud y educación para los pobres.

Una vez concluida esa etapa, los dos organismos proporcionarán el resto de la reducción a la que se comprometieron, mientras los gobiernos acreedores adoptarían medidas similares.

«La deuda externa de los países se reducirá en promedio casi a la mitad», dijeron Koehler y Wolfensohn, una vez que se reciba toda la asistencia en el marco de la HIPC reforzada.

Si los gobiernos acreedores cumplen con sus compromisos, la reducción total alcanzaría los dos tercios de la deuda, según ambos funcionarios.

A medida que se acerca la Navidad, el Banco Mundial y el FMI se apresuran a analizar los diferentes casos. En los últimos dos días, por ejemplo, anunciaron que Madagascar, Malawi, Nicaragua y Santo Tomé y Príncipe reúnen los requisitos para el alivio.

En total, cerca de 40 países pobres podrían calificar para el programa HIPC reforzado, aunque muchos críticos pretenden que el criterio se afloje de modo que naciones como Nigeria puedan también recibir la reducción.

De los 22 países que alcanzaron o están cerca de alcanzar la reducción, 18 se ubican en Africa subsahariana. A Santo Tomé y Príncipe, Madagascar, Gambia y Malawi se sumarían Benín, Burkina Faso, Camerún, Gambia, Guinea, Guinea-Bissau, Malí, Mauritania, Mozambique, Níger, Ruanda, Senegal, Tanzania, Uganda y Zambia.

Entre los restantes figuran Guyana, y dos latinoamericanos además de Nicaragua: Bolivia y Honduras.

El paquete más abultado de alivio de deuda otorgado por el programa HIPC es el nicaragüense, cuyas obligaciones caerán en total unos 4.500 millones de dólares, 72 por ciento de su deuda total pendiente, si completa el programa con éxito.

Uganda es el único país que hasta ahora completó el programa y recibió todos sus beneficios. Cuatro o cinco países, entre ellos Bolivia, Honduras, Mozambique y Tanzania, deberían completar el programa a mediados del año próximo, en diálogo con el FMI y el Banco Mundial y con ONG.

Wolfensohn y Koehler afirmaron que el HIPC ofrece un «fuerte cimiento» para que los países más pobres del mundo lidien con «circunstancias difíciles», entre ellas la pandemia del sida y las barreras contra sus exportaciones.

Pero las ONG afirman que el Banco Mundial y el FMI no son tan útiles. «Aunque suministraron recursos, los costos son muy superiores a los necesarios», dijo Atwater, de Jubileo 2000.

«Lo que dan con una mano, con la reducción de la deuda, lo quitan con la otra, al insistir con la imposición de aranceles a servicios esenciales como la salud y la educación o la venta de empresas públicas a precio de liquidación», dijo Njoki Njehu, directora de la coalición Cincuenta Años Bastan.

«El FMI y el Banco Mundial tienen recursos más que suficientes para cancelar con comodidad todas las deudas de los países más empobrecidos y endeudados de las que son titulares», agregó Njehu.

La reducción de la deuda de acuerdo con el HIPC es «más una maniobra de contabilidad que un acto de generosidad, y más a favor de deudores que no tienen dificultades de pago que de aquellos que no pueden pagar de ningún modo».

Los activistas reclaman «que sus propios países repudien esas deudas, muchas de las cuales fueron contraídas por dictadores y utilizadas con propósitos corruptos e irresponsables, y muchas de las cuales fueron pagadas muchas veces», dijo Njehu. (FIN/IPS/tra- en/jl/aq-mj/dv if/00

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