La respuesta al recalentamiento del planeta consistiría en explotar económicamente el control de las emisiones de gases invernadero, según compañías de energía y expertos que se reunieron aquí esta semana, pocos días después del colapso de la conferencia de La Haya sobre cambio climático.
En otras palabras, el enfoque empresarial sería la forma más rentable de abordar la difícil cuestión política de la reducción de los gases invernadero, es decir, los derivados de la quema de combustibles fósiles, como el carbón y el petróleo, que recalientan la atmósfera terrestre.
La Sexta Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático terminó el 25 de noviembre sin un acuerdo sobre los mecanismos específicos para implementar el Protocolo de Kyoto (1997), que establece la reducción de las emisiones a niveles inferiores a los de 1990.
El fracaso de las conversaciones se debió al desacuerdo entre Estados Unidos por un lado y la Unión Europea (UE) y los países en desarrollo por otro.
Estados Unidos se aferraba a los mecanismos de flexibilidad previstos en el protocolo, entre ellos el intercambio de emisiones y la compensación de éstas con «sumideros» de carbono, es decir, plantaciones forestales o tierras agrícolas, mientras la UE y las naciones en desarrollo promovían políticas domésticas de reducción directa.
«Hay vida después de La Haya», dijo Jim Maxwell, director del Centro para la Salud Ambiental de John Snow Inc., una firma consultora de Estados Unidos, en el seminario organizado en Tokio por el Instituto de Investigación Mitsubishi, que terminó el martes.
«Más países en desarrollo están reconociendo que el camino a seguir para reducir los gases invernadero consiste en una combinación de conservación de energía y uso de fuentes renovables», agregó Maxwell.
La estrategia consistiría en seguir buscando formas de reducir las emisiones y a la vez procurar tecnologías y proyectos ambientalmente sustentables vinculados a oportunidades comerciales.
Los participantes del seminario, de dos días de duración, concluyeron que la situación es más favorable que la percibida tras el colapso de la conferencia de La Haya, y que el intercambio de emisiones tiene un enorme potencial.
Dicho intercambio permitiría a los países industrializados comprar y vender «créditos de emisiones» entre sí a través de proyectos sustentables en países en desarrollo, para poder cumplir con sus objetivos de reducción.
Ese mercado alcanzaría 17.000 millones de dólares para el año 2010, en base a 26 dólares por tonelada de carbono, según analistas estadounidenses.
El negocio del intercambio de emisiones podría llegar a 60.000 millones de dólares para el año 2010, pronosticó el Banco Mundial.
La idea de que las empresas más contaminadoras de los países industrializados transfieran tecnologías ambientalmente sustentables a los países en desarrollo gana cada vez más apoyo, destacaron los expertos, aunque la defensa de esa estrategia fue precisamente la causa del colapso de la conferencia de La Haya.
En el seminario de Tokio se presentaron proyectos piloto en Tailandia, Indonesia, Brasil y algunos países de Europa oriental que permitirían a los países industrializados inversionistas ganar «créditos» de emisiones.
Varias empresas estadounidenses, entre ellas Unocal, están involucradas en la construcción en Indonesia de centrales de energía geotérmica, que producen 10 por ciento del dióxido de carbono emitido por el gasóleo.
En Brasil, un enorme vertedero de basura que emitía metano fue transformado con 22 millones de dólares en una planta de energía, en cooperación con empresas brasileñas. La nueva central captura y envasa metano, otro de los gases invernadero, y se estima que reducirá las emisiones en 12 millones de toneladas en 10 años.
«La buena noticia es que las empresas están hallando formas de ahorrar energía y reducir las emisiones invirtiendo en proyectos en otros países que son beneficiosos tanto desde el punto de vista ambiental como económico», declaró Robert Reinstein, ex negociador de Estados Unidos sobre cambio climático.
Actualmente, Reinstein preside Reinstein and Associates International, una firma consultora sobre energía y ambiente.
«La mala noticia es que los gobiernos se fijaron objetivos poco realistas y no tienen claro cómo proceder», agregó.
Por otra parte, las organizaciones de defensa del ambiente señalan que el mecanismo de intercambio de emisiones permitiría a los países industrializados, que producen 70 por ciento de los gases invernadero, cumplir sus objetivos de reducción sin ningún recorte real en el plano doméstico.
Si la tendencia actual continúa, las emisiones de gases invernadero en Estados Unidos llegarán a 1.750 millones de toneladas para 2010, es decir, 22 por ciento más que en 1990.
Estados Unidos produce actualmente 25 por ciento de todas las emisiones de dióxido de carbono, con sólo cuatro por ciento de la población mundial.
Japón -que junto con Estados Unidos, Canadá y Australia fue acusado por grupos ambientalistas de intentar debilitar el protocolo de Kyoto en La Haya- reportó un incremento de 9,8 por ciento en sus emisiones respecto de 1990.
Tokio estimó que el aumento será de 30 por ciento para el año 2010. (FIN/IPS/tra-en/sk-js/js/mlm/en/00


