El sida, además de millones de vidas humanas, amenaza también una institución básica del capitalismo, la propiedad privada del conocimiento en la forma de patentes, por lo menos en el sector farmacéutico.
Brasil amenazó desconocer los derechos de propiedad intelectual de los laboratorios transnacionales que no reduzcan los precios de sus medicamentos utilizados en el cóctel de combate al sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida).
Para eso, legislación local prevé la licencia compulsiva de patentes en casos de emergencia.
La insistencia en mantener altas ganancia en desmedro de enfermos con alto riesgo de muerte justifica la aplicación de ese mecanismo, advirtió Paulo Teixeira, coordinador del Programa Nacional de SIDA y enfermedades transmisibles sexualmente (ETS).
Argentina también adoptó ese dispositivo e hizo más flexible la norma para evitar monopolios y abusos por parte de los propietarios de patentes, y promover mayor competencia en el sector, explicó Roberto Lugones, bioquímico que preside la Comisión Nacional de Medicamentos.
Esa medida redujo 16 por ciento los gastos totales del país, con el precio de algunos medicamentos, como la stavudina, que bajaron hasta 96 por ciento, informó Lugones este viernes en un panel del primer Foro sobre Cooperación Técnica Horizontal de América Latina y el Caribe en VIH-Sida y ETS (Foro 2000).
La posibilidad de obligar a empresas a ceder sus patentes para la producción de terceros, en casos de emergencia, provocó una reclamación de Estados Unidos contra Argentina y Brasil ante la Organización Mundial de Comercio.
Un foro comunitario, que reunió los días 5 y 6 a personas afectadas con VIH y organizaciones variadas que actúan en prevención y tratamiento, aprobó una declaración «exigiendo» de Estados Unidos retirar la queja y no tener ingerencia en la elaboración de la ley de patentes en República Dominicana.
Las compañías farmacéuticas deben renunciar a la propiedad industrial sobre medicamentos para VHI/sida y otras enfermedades severas, tal como los organismos internacionales tienen que supeditar los derechos económicos a la vida, la salud y la dignidad, señala el documento.
«El poder económico no tiene el derecho de matar», pero es lo que está ocurriendo en muchas partes, y de manera más terrible en Africa, acusó Eloan Pinheiro, directora técnica de Farmanguinhos, un laboratorio brasileño que tuvo papel decisivo en la producción nacional de medicamentos de la llamada terapia antiretroviral.
Brasil ya produce siete de las doce drogas usadas en los cocteles, combinaciones que se revelaron eficaces contra el VIH. Eso permitió abaratar 40 por ciento el tratamiento antisida, hasta ubicar su costo en 4.500 dólares al año.
Una de las estrategias fue producir medicamentos no patentados en el país, y así se logró una reducción de 72 por ciento en los precios, como promedio, reveló Pinheiro.
En el caso de productos con patentes protegidas, la rebaja se limitó a nueve por ciento.
Amenazar con la «licencia compulsiva», usar el poder de regulación de precios del Ministerio de Salud y negociar cesión de patentes a bajo costo fueron otras estrategias empleadas por Brasil para ofrecer el tratamiento antiretroviral a todos los portadores del VIH necesitados, según la científica.
La química, que trabajó 17 años en empresas farmacéuticas transnacionales, defendió «reglas que aseguren acceso universal a las nuevas drogas y propiedad industrial compartida», para enfrentar la epidemia de VIH/sida.
Monopolizar informaciones en este caso es «una crueldad. Es dejar morir de sida y otras enfermedades graves para ganar un poco más», argumentó.
Pinheiro propuso que América Latina y el Caribe negocien en conjunto para fortalecerse ante los dueños de patentes y crear un fondo que permita compras en mejores condiciones. A mediano plazo cree que otros países podrán adoptar el modelo brasileño para, en asociaciones, producir sus propios medicamentos.
También considera que a largo plazo será necesaria una cooperación más estrecha para que la región desarrolle nuevos productos, en sustitución de los anteriores que enfrentan problemas de resistencia y mutaciones del virus.
Brasil es el único país en desarrollo que produce las drogas del cóctel antisida en el sector público y no pretende convertirse en exportador, aseguró Teixeira.
El objetivo del gobierno de Fernando Henrique Cardoso es bajar precios y contribuir a que otros también dispongan de los mejores medicamentos posibles, agregó.
La rebelión contra las patentes se manifiesta también en la disposición brasileña de transferir la tecnología que desarrolló a países de nivel similar y donar pequeñas cantidades de las drogas que produce, como ya hizo a Bahamas y Burquina Faso.
Pinheiro lamentó que el estatal laboratorio Farmanguinhos sólo pueda destinar 10 por ciento de su capacidad a la producción de medicamentos antisida, ya que el país también enfrenta otras numerosas enfermedades y epidemias, como malaria, tuberculosis y diabetes. (FIN/IPS/mo/dm/he/00


