Un tercio de los 1,6 millones de portadores del virus del sida en América Latina y el Caribe se concentran en Brasil, pero son países del Caribe y América Central los que afrontan la mayor proporción de infectados en el área.
La situación más alarmante es la de Haití, con 5,17 por ciento de sus adultos infectados con el virus, informó el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre VIH/Sida (Onusida) en una conferencia latinoamericana cuyos debates empezaron este martes en Río de Janeiro.
Bahamas (4,13 por ciento), Guyana (3,01), República Dominicana (2,8) y Belice (2,01) son los siguientes países según la proporción de infectados con VIH (virus de inmunodeficiencia humana) en América Latina y el Caribe.
Les siguen los centroamericanos Honduras (1,93 por ciento), Panamá (1,54) y Guatemala (1,38), en un total de 27 países estudiados.
En la otra punta están Nicaragua, Chile, Paraguay, Bolivia y Cuba, con menos de 0,2 por ciento. Brasil está en la mitad de la tabla, en el puesto 14, con 0,57 por ciento, aunque tenga 540.000 infectados, la mayor cantidad en términos absolutos de América Latina y el Caribe.
Brasil es también un ejemplo para la región, por su programa de prevención, elogió Peter Piot, director ejecutivo de Onusida. Hace seis años la expansión del virus estimulaba previsiones de que el país tendría este año el doble de los contaminados en la estimación actual.
Las campañas preventivas evitaron el desastre. Pero es una excepción en América Latina y el Caribe, donde la epidemia no alcanza el nivel de severidad que en Africa, pero tampoco hay «conciencia de la gravedad de la amenaza», advirtió Piot.
El funcionario atacó la Iglesia Católica por oponerse al uso de condones y por actitud «inaceptable» de difundir «informaciones falsas», como la afirmación de que esa barrera no aseguran protección.
En Brasil hay grupos católicos que colaboran en la distribución de condones, matizó Paulo Teixeira, coordinador del Programa Nacional de Enfermedades Transmisibles Sexualmente y Sida, del Ministerio de Salud.
La Iglesia Católica tuvo en Brasil una evolución distinta a la de los países hispanoparlantes, donde el clero se mantuvo «mayoritariamente más conservador», evaluó Teixeira.
Una situación preocupante es la de Argentina, según él, no solo por la actitud «menos tolerante» de la Iglesia Católica, sino principalmente por el ritmo acelerado de expansión de la epidemia, similar al registrado en Brasil hace unos seis años.
Es que la mitad de los contagios entre argentinos se registra entre usuarios de drogas inyectables, lo que puede provocar un aumento explosivo de la enfermedad, algo que se logró evitar en Brasil con intensas campañas informativas.
Aun así, el gobierno brasileño trata de fortalecer la prevención entre los drogadictos y no descarta distribuirles jeringas gratis para reducir la transmisión del VIH.
El general Alberto Cardoso, jefe del Gabinente de Seguridad Institucional que responde por prevención y tratamiento en la cuestión de las drogas, admitió esa posibilidad.
Con 0,69 por ciento de su población contaminada por el VIH, Argentina ocupa el lugar 13 entre los países latinoamericanos por la incidencia del síndrome. Su gobierno no permite la recomendación del uso de preservativos en las campañas preventivas.
Son las relaciones sexuales la causa más común del contagio en América Latina, informó Piot. La prevención del sida entre homosexuales es efectiva, como comprueba el caso brasileño, según la agencia.
Por prejuicio se destina escasos recursos a campañas dirigidas a los homosexuales, grupo que en algunos países tiene hasta 30 por ciento de sus miembros infectados, destacó Piot.
La excepción es nuevamente Brasil, donde los homosexuales reciben buena atención de los programas preventivos, en muchos casos a través de sus propias asociaciones.
Unos 2,7 millones de dólares se destinaron este año específicamente a campañas de organizaciones no gubernamentales que actúan junto a los homosexuales, aseguró Teixeira. En total, Brasil habrá invertido este año 550 millones de dólares a la prevención y el tratamiento del sida, sostuvo.
Los gastos son muy elevados, en especial por el costo de los medicamentos, lamentó el ministro de Salud, José Serra.
Por eso, el Ministerio estudia la posibilidad de aplicar el «licenciamiento compulsivo de patente» previsto en la legislación brasileña, para que se pueda producir libremente algunos productos antivirales.
Eso permitiría reducir precios y los gastos del gobierno en medicamentos contra el VIH, que llegan a 350 millones de dólares al año, «suma no alcanzada por ningún otro país», según el ministro. (FIN/IPS/mo/mj/he/00


