Si bien el gobierno ruso insiste que reflotará al submarino nuclear Kursk, hundido en las aguas del mar de Barents, oficiales navales advierten que el salvamento podría resultar imposible y que el misterio que rodea la tragedia quizá no se aclare jamás.
El Kursk, un submarino nuclear que entró en operaciones en 1995, se hundió cuando participaba en maniobras navales y sus 118 tripulantes perecieron.
Las causas de la pérdida del Kursk debieron ser explicadas en una conferencia de prensa fijada para el día 8. En cambio, la comisión investigadora presidida por el viceprimer ministro Ilya Klebanov, anunció su decisión de poner fin a las operaciones iniciadas en octubre para recuperar los restos de la tripulación.
Hasta ahora se recuperaron 12 cadáveres, pero las malas condiciones del tiempo y el peligro para los buzos por los daños internos en el submarino, fueron señaladas como las principales causas de la suspensión de las operaciones.
Unidades navales rusas seguirán patrullando el área para vigilar al submarino hundido con el propósito de reflotarlo durante el verano boreal próximo.
La armada ha sido siempre un símbolo del poderío naval ruso y su flota de submarinos nucleares, armados con misiles balísticos, ha constituído uno de los principales factores de disuasión nuclear. Sin embargo, la pérdida del Kursk suscitó dudas sobre la capacidad rusa de conservar lo que queda de la antigua armada soviética.
Los submarinos nucleares de la clase Oscar, de 18.000 toneladas de desplazamiento y 154 metros de eslora, fueron diseñados para dar la caza a los portaaviones estadounidenses. Rusia cuenta con 14 unidades de tipo Oscar armadas con 24 misiles y 36 torpedos convencionales.
La causa del accidente oficialmente se desconoce, aunque las teorías de una conspiraciónn dieron lugar a los rumores de que el Kremlin oculta la verdad. El comandante en jefe de la armada, almirante Vladimir Kuroyedov, dijo que está un 80 por ciento convencido de que el Kursk fue embestido por otro sumergible desconocido antes que se hundiera a 180 metros de profundidad.
Tanto Estados Unidos como Gran Bretaña negaron que sus submarinos nucleares estuvieran involucrados en el incidente.
La comisión investigadora dijo que el desastre pudo deberse a una explosión abordo del Kursk, una colisión con otro submarino o una combinación de ambos. Otra versión indicó algún problema con los propios torpedos o el estallido de una mina sumergida que databa de la segunda guerrra mundial (1939-1945).
Las especulaciones sobre una conspiración también fueron barajadas por la dilación en las operaciones de salvamento. La prensa rusa especuló que todas las medidas adoptadas sólo tuvieron el propósito de recuperar los códigos ultrasecretos del submarino pero no de rescatar a sus tripulantes.
El 9 de este mes, dos días después del cese de las operaciones de salvamento, el diario Moskowsky Komsomolets informó que los códigos habían sido recuperados. Según otra teoría, el gobierno conoce la causa del accidente pero se comprometió a no revelarla hasta después de las elecciones presidenciales en Estados Unidos.
Como todavía no hay un ganador oficial en los comicios, el anuncio sigue postergado. Los rumores indicaron que la causa del hundimiento del Kursk está explicada en sendas notas halladas en los cadáveres recuperados de dos tripulantes.
Las notas revelaron que, contrariamente a las conclusiones de la marina sobre el incidente sosteniendo que toda la tripulación pereció en segundos por las explosiones, 23 marinos sobrevivieron a los estallidos iniciales. Los expertos dijeron que esos marinos del Kursk no tuvieron posibilidades de ser rescatados.
"Dado el estado actual de las unidades de salvamento de la armada, no hubo posibilidad alguna de salvarlos", aseguró el almirante retirado Yury Senatsky, que fue ingeniero en jefe de la armada entre 1970 y 1980.
El gobierno ruso prometió que el misterio del Kursk será develado en el curso del proyecto que se concretará el año que viene para reflotarlo, si bien analistas independientes dudan que esa operación se realice alguna vez. "El Kursk, simplemente, no puede ser traído a la superficie en un año", afirmaron.
Las operaciones de salvamento podrían durar hasta cinco años y costar 2.000 millones de dólares, apuntó Senatsky, que supervisó otros operativos para reflotar submarinos hundidos. "Si analizamos las operaciones para recuperar los cadáveres del Kursk, debemos llegar a la conclusión de que los planificadores no pensaban traer el submarino a la superficie", dijo.
"El gobierno no quiere saber la verdad. El plan de perforar el casco del Kursk para recobrar los cadáveres fue una astuta maniobra para evitar que el submarino fuera traído a la superficie y la verdad quedara para siempre en el fondo del mar", declaró el almirante retirado Ghennady Zakharov.
El vocero de la Flota Norte, Vladimir Navrotsky, admitió que las perforaciones en el casco del Kursk debilitarían la estructura del buque y dificultarían aún más su eventual reflotamiento. (FIN/IPS/tra-en/sb/da/ego/aq/ip/00)


