El gobierno de Rusia decidió que la estación espacial Mir deje de orbitar en febrero, y previó que la mayor parte de ella se quemará al reingresar a la atmósfera terrestre, en una operación que costará unos 27 millones de dólares.
Yuri Koptev, director de la Agencia Aeroespacial de Rusia, dijo el jueves en una conferencia de prensa que los fragmentos de la estación que no se quemen caerán sin causar daños en el Océano Pacífico, sobre un área sin población ubicada a una distancia de entre 1.500 y 2.000 kilómetros de Australia.
La agencia planea emplear cohetes aceleradores para acercar en forma gradual a la Tierra la órbita de la estación, formada por siete módulos y cuyo peso es 137 toneladas.
Koptev explicó que se debe lograr un reingreso gradual y controlado a la atmósfera, porque de lo contrario fragmentos de la estación podrían caer sobre áreas pobladas de Europa o de América, con una aceleración que los haría capaces de traspasar paredes de hormigón de dos metros de espesor.
Sin embargo, la probabilidad de que alguien resultara herido sería escasa incluso en un reingreso no controlado a la atmósfera, porque sólo 20 por ciento de la trayectoria de la espación se producirá sobre tierra firme, y parte de esa tierra firme no está poblada, indicó.
El plan de reingreso controlado permite que los científicos definan con relativa precisión dónde caerán los fragmentos que no se quemen, señaló Yevgeny Kiselyov, director del Centro de Investigación Espacial Khrunichev de Rusia.
La estación Mir, cuyo nombre significa en ruso tanto «paz» como «mundo», es la más antigua en actividad y ha resultado muy útil como laboratorio de investigación, entre otras cosas para evaluar el impacto en el cuerpo humano de misiones espaciales prolongadas.
Sin embargo, fue diseñada para cumplir funciones en el espacio exterior durante unos cinco años, y ese plazo se cumplió hace casi nueve años.
Varios gobiernos del mundo, y en especial el de Estados Unidos, se han hecho cargo de gran parte de los costos de funcionamiento de la estación en los últimos años.
En diciembre de 1993, Estados Unidos acordó transferir a Rusia 478 millones de dólares para el desarrollo de programas en el espacio exterior, vinculados en su mayor parte a la estación Mir, durante un período de cinco años.
La Agencia Espacial Europea destinó por su parte 50 millones de dólares a dos misiones realizadas en forma conjunta con Rusia que emplearon la estación Mir, en 1994 y en 1995.
La Agencia Nacional Espacial Estadounidense, el principal socio de Rusia en la exploración del espacio exterior, había menifestado en los últimos años su deseo de que cesara la actividad de Mir, para que su par rusa concentrara sus esfuerzos en la nueva Estación Espacial Internacional.
Washington había presionado para que Moscú dedicara los escasos recursos de que dispone para la exploración espacial a esa nueva estación, que ya orbita la Tierra con tripulación a bordo.
La Agencia Aeroespacial de Rusia había tratado de obtener nuevos recursos para mantener las actividades de Mir, incluso mediante acuerdos para realizar publicidad, entre ellos uno preparado hace cuatro años por la multinacional de refrescos Pepsi Cola, con sede en Estados Unidos.
Además, astronautas a bordo de la estación filmaron un aviso para una marca israelí de productos lácteos.
El año pasado hubo rumores de que la agencia rusa planeaba alquilar Mir a China, cuando dos pilotos chinos realizaron un curso completo de entrenamiento en un centro espacial de Rusia.
Luego la compañía rusa constructora de naves espaciales RKK Energiya, propietaria de Mir, intentó financiar su funcionamiento mediante la venta de servicios turísticos, con la oferta de visitas de una semana a la estación espacial por un precio de 20 millones de dólares por persona.
El primer cliente, proveniente de Estados Unidos, fue el magnate Dennis Tito, residente en el estado sudoccidental estadounidense de Santa Monica, quien llegó a realizar pruebas de aptitud física en el centro Ciudad Espacial, cerca de Moscú.
También se informó que estaba interesado en la oferta de turismo espacial el director de cine estadounidense James Cameron, realizador de los exitosos filmes Terminator y Titanic, entre otros.
Sin embargo, se demostró que era muy difícil conseguir fuentes no tradicionales de fondos suficientes para el mantenimiento en actividad de la envejecuida estación Mir, cuyo costo estimado sería entre 200 y 250 millones de dólares.
El jueves, Koptev dijo que los planes de venta de servicios turísticos en el espacio exterior eran «exóticos», y consideró improbable que Tito llegue a visitar Mir.
«Energiya apoyó los esfuerzos realizados con la intención de conseguir fondos para la estación Mir, pero si el gobierno ruso nos ordena deshacernos de ella, lo haremos», dijo a IPS Georgy Oganesya, vicepresidente de programas internacionales de la compañía.
El cese de las actividades de Mir implicará un gran desperdicio, opinó Joseph Davydov, presidente de la Fundación de Apoyo al Programa Espacial Ruso.
La estación fue uno de los mayores logros técnicos del siglo XX, su valor actual se estima entre 1.500 y 3.000 millones de dólares, posee equipo científico por valor de unos 500 millones de dólares, que produce datos invalorables, y la mayor parte de ese equipo podría ser útil por lo menos 10 años más, explicó. (FIN/IPS/tra-eng/sb/da/mp/sc/00


