MÉXICO – A simple vista, un centro de datos no llama la atención en México, pues usualmente está instalado en un parque industrial, a resguardo de las miradas. Pero, además de emitir gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono (CO2) y óxidos de nitrógeno, sus sistemas de refrigeración y de supresión de incendios contienen elementos con fuertes impactos al ambiente y a la salud: los químicos eternos o perennes.
IPS descubrió que al menos cinco centros de datos que operan en México utilizan hidrofluorocarbonos (HFC), un grupo de gases sintéticos con un potencial de calentamiento global hasta 7000 veces superior al del CO2, el gas emitido por las actividades humanas y originador del recalentamiento global, y de duración en la atmósfera de 15 años, según datos de ATMOsphere, un acelerador mundial independiente del mercado de aire acondicionado.
Investigaciones publicadas por instituciones gubernamentales de Estados Unidos han concluido que estos gases se acumulan en el aire, agua y suelo, y pueden ser absorbidos por animales y plantas a través de su ingesta o contacto. Además, poseen una movilidad alta, al grado de estar presentes en el Ártico y los Himalayas, según un estudio de 2023.
El uso de los químicos eternos, conocidos también como sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS, en inglés) –una familia de unos 15 000 químicos sintéticos–, es necesario para enfriar los cientos de servidores que albergan los centros de datos, a fin de prevenir su sobrecalentamiento y la interrupción de sus operaciones.
No obstante, la magnitud de su uso en el país es desconocida.
México aloja al menos 144 centros de datos de 44 proveedores en 69 ciudades, pero la mayoría de las empresas no revela si sus sistemas de refrigeración y supresión de incendios utilizan hidrofluorocarbonos.
El país es parte del Convenio de Estocolmo sobre Compuestos Orgánicos Persistentes, un acuerdo internacional que busca la eliminación y reemplazo del uso y productos de elementos químicos peligrosos vigente desde 2004, pero estos no están regulados en el marco legal nacional, no existe un inventario de sitios contaminados ni hay monitoreo sistemático.
Teresa Roldán, integrante del grupo de defensa ambiental Vocer@s de la Madre Tierra en el estado de Querétaro, polo de los centros de datos en el centro de México, denuncia la falta de vigilancia de las autoridades y de transparencia de las empresas.
“Desde que llegaron (los centros de datos), no existe información clara y con esto (el gobierno) los ha dejado trabajar sin que haya supervisión. No sabemos nada de las sustancias químicas… Nos dejan en la incertidumbre sobre las sustancias y las descargas de residuos líquidos. No hay forma de que no estén contaminando”, señala a IPS sobre la situación en el estado desde su capital, Santiago de Querátaro.
Roldán y su grupo han acorralado a las autoridades regionales y federales con solicitudes de información sobre temas como el uso de agua, emisiones de gases de efecto invernadero y manejo de residuos, pero las autoridades dicen desconocer la información o se rehúsan a entregarla.

Uso generalizado
La mayoría de los centros de datos que funcionan en el país no cuenta con Manifestaciones de Impacto Ambiental que describan el tipo de sistemas de enfriamiento y supresión de incendios que utilizan. Solo pocas empresas revelan información en sus sitios electrónicos.
Por ejemplo, el centro de datos MEX3 de la corporación mexicana KIO Networks, ubicado en Ciudad de México, explica la operación de un sistema de detección temprana por aspiración (Vesda, en inglés), que detecta automáticamente humo aun antes de que sea visible y procede a su extinción. Funciona con el hidrofluorocarbono gaseoso FM-200, conocido también como HFC-227ea o heptafluoropropano.
El centro de datos KIO MEX5, ubicado en el municipio de Tultitlán, en el estado de México y contiguo a Ciudad de México, también afirma el uso de un sistema de supresión con agente limpio. La mayoría de los agentes limpios son hidrofluorocarbonos, aunque la empresa no especifica cuál utiliza. Esta situación se repite en el centro KIO MTY1, localizado en el municipio de San Pedro Garza García, vecino a Monterrey, en el norteño estado de Nuevo León.
Los sistemas de supresión de incendios con agentes limpios se utilizan normalmente sobre los sistemas basados en agua debido a sus propiedades no conductoras y libres de residuos, mientras que los segundos pueden dañar los servidores.
Novec, un fluido evaporativo, se ha convertido en la tendencia en boga para centros de datos de gran capacidad. La sustancia hierve al entrar en contacto con los componentes electrónicos y absorbe así una gran cantidad de calor latente de vaporización.
La instalación Mx1 Querétaro, propiedad de la estadounidense Equinix Inc., utiliza en su sistema de supresión de fuego el gas Novec 1230, que contiene PFAS. La estadounidense 3M, su fabricante, han anunciado su descontinuación para ajustarse a regulaciones internacionales para eliminar el uso de químicos eternos.
El centro de datos de la binacional NGX Networks en Nogales, en el norteño estado de Sonora, usa también un gas refrigerante con químicos perennes.
Diversos estudios científicos han hallado PFAS en los polos y en los océanos. Múltiples estudios en Estados Unidos y Europa los vinculan a cánceres de riñón, páncreas, testículo, útero y endometrio, así como a mieloma múltiple. Son considerados también disruptores hormonales. Su vida útil rebasa los 20 años. En ese ciclo de vida de los PFAS, el uso es la etapa crítica por sus altas emisiones al ambiente.
Los hidrofluorocarbonos surgieron a partir del Protocolo de Montreal, vigente desde 1989, para reemplazar los gases que contienen cloro y bromo, los cuales agotan la capa de ozono, y para satisfacer la creciente demanda de refrigeración industrial, comercial y residencial. Pero estos gases son contaminantes climáticos muy poderosos, por lo que son objetivo de reducción global, como pasó con los halógenos cubiertos por el Protocolo de Montreal.
La situación del riesgo de contaminación química choca con el fomento a centros de datos que practica el gobierno mexicano, en su intento por promover la industrialización contenida en la llamada Estrategia Nacional de Industrialización y Prosperidad Compartida, conocida como Plan México, un atiborramiento de proyectos energéticos, tecnológicos, farmacéuticos e incluso alimentarios.
Además, se suma a su alto consumo de energía y agua en sitios que ya sufren estrés hídrico, como Ciudad de México o Querétaro.

Los químicos eternos en los sistemas de refrigeración
Una investigación reciente de Leonard Siegel, director ejecutivo del grupo no gubernamental Centro para la Supervisión Pública Ambiental, con sede en el estado estadounidense de California, expone que la industria de centros de datos usa los PFAS como una alternativa para reducir el uso de agua, líquido comúnmente utilizado en los sistemas de enfriamiento.
Como Roldán en Querétaro, Siegel cuestiona para IPS la falta de información sobre los químicos eternos utilizados en los centros de datos ubicados en Estados Unidos.
“Las empresas no comparten la información. Y ahora nos preocupa más los planeados que los en construcción”, por su tamaño, la magnitud de sus operaciones y, en consecuencia, el tipo y cantidad de equipos requeridos.
Tanto en México como en Estados Unidos, las empresas de centros de datos no revelan el volumen de refrigerante que reemplazan cada año, las liberaciones de químicos durante la operación normal de los centros, ni las pérdidas durante la instalación y mantenimiento de los equipos. Tampoco hay claridad si los químicos eternos contaminan el agua residual que es desechada por los centros de datos.
Los PFAS se utilizan en centros de datos principalmente como gases refrigerantes y en fluidos de refrigeración por inmersión. El método de refrigeración más común consiste en utilizar gases PFAS en un sistema compresor, similar a un frigorífico, para enfriar aire o agua para los ordenadores.
El problema crece cuando la degradación de químicos perennes desemboca en la formación de ácido trifluoroacético (TFA) que ha aparecido en la lluvia, cerveza, té y cultivos frutales, según un estudio de 2024 preparado por cinco expertos de instituciones científicas de Noruega, Suecia y Suiza. El TFA altera los niveles de tiroxina, una hormona de la glándula tiroides y vital en la regulación del metabolismo humano, acorde con un estudio de 2025 de 11 especialistas de Austria.

Los centros de datos tradicionales usan los sistemas de calefacción, ventilación y aire acondicionado (HVAC) que constan de un condensador cuya función principal es convertir el vapor en líquido o liberar calor al ambiente externo. La mayoría de los aires acondicionados contiene químicos eternos. En el caso de los HVAC, estos líquidos pueden reciclarse o forman parte de los residuos líquidos que la instalación desecha.
Un montaje avanzado es el aire acondicionado para la sala de ordenadores (Crac, en inglés), que regula la temperatura, la humedad y el flujo de aire mediante un compresor, un evaporador y un condensador, diseñados para centros de datos pequeños y medianos.
Para las instalaciones más grandes operan las unidades de acondicionamiento de aire para la sala de ordenadores (Crah, en inglés), que emplean agua fría proveniente de un climatizador central. Estos requieren de una inversión mayor en infraestructura, pero son más eficientes, lo que redunda en ahorros a largo plazo, como lo explica Exposiciones Industriales de México, organizadora de la mayor feria de aires acondicionados en el país.
Históricamente, los enfriadores y sistemas Crac y Crah de centros de datos han utilizado el gas refrigerante R-134a, que contiene PFAS.
Centros de datos de empresas como Equinix, KIO y Scala recurren a los sistemas Crac o Crah, de acuerdo con sus informes públicos. La instalación de la estadounidense HostDime, planeado para operar en Guadalajara, tendrá un sistema HVAC.
La densidad de un centro de datos está relacionada con la cantidad de capacidad informática instalada dentro de una superficie determinada. Los centros de datos construidos actualmente para sostener el desarrollo y operación de sistemas de inteligencia artificial pueden concentrar decenas de kilovatios en una única estructura.
Ello da idea del volumen de calor a generar y la necesidad de químicos eternos o agua necesarios para enfriar los servidores.
Por ejemplo, Ascenty-01, el centro de datos de Microsoft, planea una primera fase de cuatro salas de datos, de un total de 10 y por un total de 2992 estructuras de equipos electrónicos (racks), según lo explica la evaluación de impacto ambiental obtenida por el Observatorio Latinoamericano de Centros de Datos. Cada sala de dos megavatios de capacidad tendrá 13 Crah, 11 en operación y dos en respaldo.
KIO y Ascenty no respondieron a la consulta del periodista. Si bien la Asociación Mexicana de Centros de Datos contestó inicialmente al periodista, rechazaron responder la consulta sobre el tema. La Secretaría (ministerio) de Medio Ambiente y Recursos Naturales tampoco respondió a la pregunta sobre la falta de regulación de PFAS en el país.
Para Noemí Quiroz, consultora sénior de la organización no gubernamental Centro de Estudios e Investigación en Asuntos Públicos (Ceiap), ha sido mala idea la instalación de centros de datos sin un marco regulatorio que permita la identificación de consecuencias positivas y negativas.
“No existe marco regulatorio para temas ambientales ni de ubicación, no hay homologación de trámites. Los estados tampoco tienen regulación. No se consideró la evidencia internacional. La situación ya amerita regulación”, señala a IPS.
En un estudio de próxima publicación, Ceiap evaluó todos los municipios del país con el propósito de identificar los más idóneos para la construcción de centros de datos, en función de la disponibilidad de recursos como agua, suelo, mano de obra y seguridad.
Asimismo, analizó la política digital de los 32 estados del país bajo 79 estándares, siete sobre centros de datos.

Suspensiones ante el riesgo
En un documento entregado a autoridades federales, la activista Roldán solicitó una suspensión de las operaciones de todos los centros de datos en Querétaro, así como una moratoria en la aprobación de nuevos proyectos, hasta que sea pública la información hídrica, ambiental y de riesgos de sustancias como los químicos eternos. “¿Qué conflicto nos van a dejar? Tenemos que prevenir antes de que sigan otorgando más concesiones de predios, electricidad”, alerta.
Para Siegel, la perspectiva de instalaciones con mayor capacidad de cómputo abre la ventana al freno de más contaminación química, pues considera que “estamos en una situación donde tenemos una oportunidad para detener el uso de PFAS en enfriamiento antes de que empiece su uso, pero poderosas empresas esperan la autorización para su comercialización” en Estados Unidos.
La especialista Quiroz sugiere una política nacional que identifique y llene los vacíos normativos existentes y que atienda la planeación territorial y energética, así como fomente la divulgación de información.
“Una regulación determinada por tamaño (de la instalación), con criterios específicos y competencias municipales y federales, que establezca indicadores comparables para energía, agua, eficiencia en el uso de recursos, mediante los cuales los reguladores puedan conocer las características de los centros de datos”, plantea.
Mientras los centros de datos procesan venenos, de las entrañas de sus poderosos sistemas deben surgir respuestas, como lo demandan Roldán y Siegel, a cuáles sustancias y en qué cantidad usan en el enfriamiento de sus sistemas de cómputo, cuánto lanzan al ambiente, qué hacen para prevenir estas liberaciones, qué hacen para la sustitución de sustancias peligrosas y gases contaminantes, así como sus planes para asumir la responsabilidad del daño ambiental.
Este reportaje de investigación se elaboró gracias a la beca “Un polo a tierra, escuela de periodismo para la industrialización verde en México”, patrocinada por Periodistas por el Planeta.
RV: EG


