La presidencia no será lo único en juego en las elecciones generales de Estados Unidos este martes, sino también el control del Congreso legislativo, en poder del opositor Partido Republicano desde 1994, y la composición ideológica de la Corte Suprema.
El oficialista Partido Demócrata tiene buenas posibilidades de conseguir la mayoría de las 435 bancas de la Cámara de Representantes y, en menor grando, de los 100 puestos en el Senado.
De todas maneras, no es probable que alguno de los dos partidos obtenga una mayoría aplastante, en ninguna de las cámaras. Eso significa que deberán formarse alianzas entre ambos para que el gobierno pueda trabajar. En este contexto, no habrán grandes novedades en la política nacional o externa del país.
El resultado electoral también puede determinar el control ideológico de la Corte Suprema, integrada por nueve jueces de los cuales varios posiblemente se retiren durante los cuatro años del próximo período presidencial.
Como los jueces son designados por el Presidente, el equilibrio entre izquierda y derecha imperante en la Corte en la última década podría romperse y la balanza de la justicia inclinarse hacia un lado u otro, según si el elegido es el vicepresidente Al Gore o el gobernador de Texas George W. Bush.
Todo cambio en el equilibrio de la Corte tendrá consecuencias en cuanto al derecho al aborto, las libertades civiles, la acción positiva para las minorías y la intervención del gobierno en la economía.
Otro protagonista de los comicios será el partido de la abstención: aquellos ciudadanos que optan por no votar.
La mayoría de los analistas estiman que menos de la mitad de los casi 200 millones de adultos que viven en el país acudirán a las urnas este martes, un porcentaje coherente con la gradual reducción en la participación electoral que comenzó en 1972.
Los analistas consideran que la contienda electoral será la más reñida desde 1960, cuando John F. Kennedy derrotó al entonces vicepresidente Richard Nixon por sólo 120.000 votos, de un electorado de 69 millones de electores.
Los historiadores recuerdan que la victoria de Kennedy fue posible gracias a una gran campaña realizada en Chicago para que la gente votara, y por la cual miles de fallecidos fueron inscritos en las listas electorales.
El hijo del hombre encargado de esa iniciativa, el ex Secretario de Comercio William Daley, dirige la campaña de Gore, lo cual debe ser un motivo de aliento para muchos demócratas.
En las últimas dos semanas, Bush ha aventajado a Gore entre uno y cinco puntos porcentuales, según las encuestas de opinión. Pero según la Constitución, el presidente no resulta elegido por el sufragio popular directo.
El ganador debe recibir una mayoría de los «votos electorales» que le corresponden a cada estado. Cada uno tiene determinada cantidad de votos electorales, según su población, que se destinan en su totalidad al candidato que gana la mayoría de los votos en ese estado.
O sea que, en California, el estado con mayor cantidad de población, sus 54 votos electorales se destinarán al candidato que reciba más votos en el estado.
Según las encuestas, Bush cuenta con el apoyo de 24 estados y de 209 votos electorales, correspondientes a la mayoría de los estados sureños, Texas, Ohio y la mayor parte de los estados agrícolas de las montañas Rocosas y del Medio Oeste.
Por su parte, se cree que Gore ganará 14 estados, con 199 votos electorales. Su fuerza procede del noroeste del país, incluso Nueva York, Illinois y los estados de la costa del Pacífico, como California.
Eso deja a una docena de estados sin decidir, con 130 votos electorales en total. Entre ellos están Florida, Michigan, Pennsylvania, Wisconsin, el estado natal de Gore, Tennessee, y el del presidente Bill Clinton, Arkansas.
No existen precedentes de tantos estados indecisos a pocas horas de los comicios. En los últimos minutos de la campaña, éstos son el objeto de millones de dólares en propaganda política a través de la radio y televisión, de visitas de último momento de los candidatos y de campañas para que la gente vote.
En Florida, la campaña de Bush intentará mejorar la participación de los cubanoestadounidenses en la zona de Miami y de los ciudadanos blancos y protestantes del norte del estado, fieles republicanos.
Gore procura incrementar la votación en Florida de las comunidades de origen africano, haitiano y de los hispanos no cubanos, así como la gran población judía, mayoritariamente demócratas.
Otro importante factor en las elecciones será el papel de Ralph Nader, el candidato del Partido Verde, que obtendría entre cuatro y cinco por ciento en todo el país, según las encuestas, e incluso más en algunos estados clave.
La mayoría de los votantes de Nader votarían por Gore si no tuvieran la tercera opción, según los analistas, por lo cual la campaña del vicepresidente intenta persuadir a estos electores de votar por el Partido Demócrata.
En el Congreso, los republicanos tienen una ventaja de seis legisladores en la Cámara de Representantes y de cuatro en el senado.
La mayoría de los analistas consideran que los demócratas obtendrán una mayoría simple con una ventaja de entre uno y tres bancas en estos comicios.
En el Senado se disputarán 34 bancas, de las cuales 19 pertenecen a republicanos. La mayoría de los analistas creen que los demócratas recibirán entre dos y cinco bancas adicionales en la cámara alta. (FIN/IPS/tra-en/jl/aq/ip/00


