La crisis económica de Argentina parece cada vez menos grave frente a la crisis política, con un rápido deterioro del liderazgo del presidente Fernando de la Rúa.
«El problema es político» fue la frase más repetida por empresarios, economistas y analistas durante la última semana en la reunión que convoca cada año a los principales empresarios del país la organización IDEA.
El economista estadounidense Rudiger Dornsbuch lo dijo con menos prejuicios que sus colegas argentinos: «De la Rúa es un presidente para los domingos a la tarde», una sentencia que fue rechazada por dirigentes del oficialismo, pero que coincide con una imágen cada vez más extendida.
Videomatch, un popular programa cómico de televisión, incorporó a su elenco estable a un imitador del presidente que se presenta como un anciano desorientado, de hablar cansino, que siempre llega tarde a la dirección incorrecta y cuando ya lo más importante ocurrió.
De esta manera, la frase de campaña «es la economía, estúpido», que llevó al gobierno en Estados Unidos a Bill Clinton, podria reformularse en Argentina para poner de relieve que lo que está en la base del problema no es tanto la economía sino la política, o más aún, la indefinición política.
«El problema es más político que económico», aseguró el jueves el presidente de la neoliberal Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas, Daniel Artana, y consideró simplista pensar en un cambio de ministro para afrontar la desconfianza de los mercados.
El ex ministro de Economía Domingo Cavallo lo señaló esta misma semana: «se requiere determinación, energía y liderazgo para sacar a la economía argentina del estancamiento».
Más aún, en momentos de recesión y crisis económica, una encuesta realizada entre los empresarios que asistieron a la reunión de IDEA indicó que la mayor preocupación radica en «la gestión de gobierno».
Los más drásticos hablan de vacío de poder, otros de un Poder Ejecutivo debilitado por la renuncia del vicepresidente Carlos Alvarez, y están los que observan que el presidente, sin gran carisma, no logra consolidar una base de sustentación.
De la Rúa y Alvarez eran las principales figuras políticas de la Alianza, una coalición de partidos de centroizquierda que llegó al gobierno en diciembre, luego de dos períodos consecutivos del peronista Carlos Menem (1989-99).
Si bien la salida de Alvarez no rompió la coalición, la sumió en una crisis que se precipitó cuando el presidente, tras un largo período de reflexión, realizó una serie de cambios en el gabinete que no tuvieron la aprobación de su socio político.
El sociólogo Marcos Novaro, de la Universidad de Buenos Aires, dijo a IPS que el primer problema que enfrentó la Alianza fue creer que no habría que atender situaciones dramáticas durante el primer año de gobierno, debido a que la economía estaba estable.
Para el escenario previsto, De la Rúa se presentaba como el hombre correcto. Austero, honesto, de perfil bajo y sin carisma, parecía el adecuado para suceder a Menem y corregir el modelo económico a fin de darle una orientación más equitativa desde el punto de vista social.
Pero la herencia fue más crítica de lo esperado. Un grave desequilibrio fiscal, un fuerte endeudamiento externo y una economía en recesión con alto desempleo y malestar social resultaron una mezcla explosiva para un presidente de reacciones lentas, afirmó Novaro.
A diferencia de sus dos antecesores, Menem y Raúl Alfonsín (1983-89), De la Rúa no es jefe de su partido, la Unión Cívica Radical, e incluso tiene una posición marginal dentro de esa fuerza política, lo que le imponía la necesidad de erigirse en líder de la Alianza, añadió.
«Pero lejos de buscar su autonomía del partido construyendo un consenso propio dentro de la coalición y disciplinando a la dirigencia partidaria como hicieron Menem o Alfonsín, De la Rúa se aisló, y allí comenzaron sus problemas: hoy es un presidente sin autonomía, y aislado», sentenció Novaro.
El sociólogo advirtió que la situación puede seguir degradándose hasta límites impredecibles, mientras no se ve al presidente dispuesto a recomponer políticamente su gobierno.
Así, durante la cita de IDEA, los empresarios intentaron esta semana responder por qué no crece la economía argentina y, a pesar de las presiones de algunos sectores para que se efectúen cambios en el gabinete, la mayoría coincide en que el nudo está en otro lado.
«El problema no es el ministro de Economía (José Luis Machinea)», opinó el economista Guillermo Mondino, uno de los directores de la Fundación Mediterránea, de la que surgió Cavallo. «Mis discrepancias se dan por la forma en la que se está encarando la crisis política».
Mondino hizo referencia a una situación de la que se quejan los empresarios y que también fue señalada por Cavallo: no está claro cuál es el foco en el que se concentra el poder político.
«Argentina es un país presidencialista y no puede ser gobernado por un triunvirato, dijo el economista en relación a De la Rúa, Alfonsín, jefe de la Unión Cívica Radical, y el ex vicepresidente Alvarez, principal dirigente del Frente País Solidario, segunda fuerza de la Alianza.
El comentario aludió a los diagnósticos y opiniones de cada uno de los principales líderes políticos que expresan la falta de una visión unívoca de la crisis y de la estrategia para afrontarla.
En los últimos días, Alvarez se llamó a silencio, un gesto que paradójicamente se lee con inquietud, más que con alivio. Y sorprendió el impacto que tuvieron en el mercado las críticas de Alfonsín al modelo de libre convertibilidad del peso y la carga de la deuda externa, que reclamaría una condonación.
Las declaraciones de Alfonsín fueron consideradas muy negativas por el equipo de De la Rúa.
«Acá hace falta que se deje ver quién es el presidente, hace falta un plan, el problema no es el ministro de Economía sino que no hay líderes convincentes», cuestionó un empresario desde el encuentro de IDEA, en la ciudad balnearia de Mar del Plata. (FIN/IPS/mv/ag/ip if/00


