(IPS) El gobierno de Filipinas está en la cuerda floja, acusado de recibir una comisión de nueve millones de dólares por permitir un juego de lotería ilegal.
La revelación, hecha pública por un gobernador provincial que por muchos años fue amigo cercano del presidente Joseph Estrada, tuvo un gran impacto en los mercados. El peso filipino alcanzó su punto más bajo el lunes al cotizarse a 48,73 el dólar, confirmando una caída sostenida desde 1997.
Pese a que Estrada rechazó las acusaciones, el escándalo se convirtió en el principal revés en sus dos años de administración. Acusado de corrupción e incompetencia, muchos piden su renuncia, mientras el Congreso lleva a cabo una investigación que podría terminar en un juicio político.
Estrada y su esposa aparecieron el domingo en la televisión nacional y negaron las acusaciones hechas el día 9 por Luis Singson, quien aseguró que el presidente recibió desde noviembre de 1998 hasta agosto de 2000 nueve millones de dólares, su «parte» del «jueteng», juego de lotería ilegal.
El jueteng es muy exitoso en las áreas rurales y, se cree, sus operadores cuentan con gran respaldo político.
Estrada le aseguró al pueblo que se atendrá a lo dispuesto en la Constitución. «Mi conciencia está limpia», dijo el presidente, y aseguró que Singson no tenía evidencia contundente en su contra.
«Esta no es ya una cuestión de legalidad, sino de falta de confianza en un gobierno que es considerado, aun por sus propios partidarios, tan corrupto como incapaz de gobernar», afirmó el analista político Luis Teodoro.
«Si algo revelaron las declaraciones del presidente es que él aún no es capaz de dar una solución a la frustación popular. La gente considera que es incompetente y corrupto», señala por su parte en su editorial de este lunes el periódico en inglés Today.
«Esto es demasiado. Yo creía en el lema de su campaña electoral: 'Erap (sobrenombre de Estrada) de los pobres'», dijo el trabajador Oly Taliping,
El arzobispo de Manila, Jaime Cardinal Sin, le pidió a Estrada la semana pasada que renunciara ya que había «perdido la autoridad moral» para gobernar.
«Creemos que por delicadeza y por el bien del pueblo debería abandonar su cargo y dejar que asuma su sucesor constitucional. Sería un acto heroico acceder a este reclamo», declaró Sin, una de los principales líderes de la oposición al dictador Ferdinando Marcos en 1986.
El pedido de renuncia de Sin fue respaldado por la Conferencia de Obispos Católicos de Filipinas.
La semana pasada, algunos políticos abandonaron lo que los analistas llaman el «barco a pique de Estrada». La vicepresidenta Gloria Macapagal Arroyo, que pertenece a un partido de oposición, anunció su renuncia al gabinete, mientras otros compañeros del presidente abandonaron el partido.
En la última semana circularon rumores de que el presidente se aprestaba a declarar estado de emergencia y las autoridades militares del gobierno se vieron obligadas a desmentir la versión.
Los filipinos estuvieron esta semana atentos a las emisiones televisivas de las audiencias en el Senado, donde Singson atestiguó haber enviado dinero del jueteng a Estrada y a miembros de su familia, algunas veces al palacio presidencial.
Singson también reveló una lista de pagos y explicó que las entregas a Estrada estaban hechas a nombre de Asiong Salonga, un personaje que el presidente solía interpretar cuando era actor.
El portavoz de Estrada, Ricardo Puno, rechazó las acusaciones de Singson por ser «de un individuo que está claramente involucrado en las actividades ilegales a las que se refiere».
Antes de esta controversia, Estrada fue acusado de favorecer asociaciones que lo apoyaron en la campaña electoral, algunas de ellas ilícitas. (FIN/IPS/tra-en/ms/js/rp/aq/ip/00


