"Hey Ram", la última película del cineasta indio Kamal Hasan, refleja prejuicios contra los musulmanes al mostrar la partición entre India y Pakistán de forma más directa y simple de como sucedió en realidad.
El filme narra los recuerdos del anciano Saket Ram (interpretado por el propio Kamal Hasan), quien en diciembre de 1999, en medio de sangrientas refriegas entre hindúes y musulmanes, se encuentra en condiciones críticas de salud.
Entonces, la cámara retrocede en el tiempo para mostrar las masacres ocurridas entre 1946 y 1948, durante el período de partición.
Ram y Amjad Khan (Shahrukh Khan), ambos arquéologos en las escavaciones de Mortimer Wheeler en Mohenjo Daro, en el actual Pakistán, recibieron la repentina orden de empacar sus cosas y marcharse cuando estallan las refriegas entre hindúes y musulmanes.
Ram retorna a Calcuta para estar con su mujer, Aparna (Rani Mikherjee), y descubre que las calles están asoladas por bandas de musulmanes.
Sigue un relato de pesadilla, con Aparna violada y muerta por fanáticos musulmanes. Ram mata luego a uno de los asesinos.
Ram presencia entonces la sistemática ejecución de musulmanes a manos de hindúes y sikhs. También encuentra a un bombero hindú, Abhyankar, quien lo insta a unirse a la "cacería" de musulmanes y responsabiliza a los acuerdos entre Mahatma Gandhi y los líderes musulmanes por la trágica suerte de los hindúes.
Más tarde, cuando Abhyankar queda tulllido en un accidente, Ram es elegido para ocupar su puesto como asesino de Ghandi. Ram se prepara para esa misión mediante elaborados rituales y llega a Delhi, donde vive el líder indio.
Por error, va a parar a los barrios musulmanes de la antigua Delhi, donde encuentra a su viejo amigo Amjad quien, a pesar de las pérdidas personales sufridas durante los motines, continúa siendo un ferviente admirador de Ghandi.
Si bien al principio se mostró implacable en sus creencias, la actitud de Ram cambia cuando Amjad es amenazado por bandas de incendiarios hindúes. Defiende a Amjad y su familia, pero su amigo muere.
Abrumado, Saket Ram se dirige Gandhi para buscar su perdón, sólo para verlo caer por la bala de un asesino.
Las visiones retrospectivas dedicadas al frenesí de las turbas musulmanas en la película de Hasan rompen las reglas de cómo se representaba el conflicto en el cine popular indio. Su descripción gráfica de la ferocidad musulmana y del abuso sexual contra mujeres hindúes van contra la discreción tradicional.
Por otra parte, estos actos de violencia constituyen un lugar común usado para justificar represalias violentas. El cineasta no intentó cambiar el punto de vista, o al menos contraponerlo con el de la contraparte musulmana.
A continuación, el cambio en la actitud de Ram, su conversión después del reencuentro con Amjad y su defensa de la hostilizada comunidad musulmana resultan ofensivas.
La línea narrativa, en nombre de una perspectiva más humana, simplemente subraya la idea prevaleciente en India según la cual la nación hindú protegerá a las minorías de los extremistas pertenecientes a la mayoría.
En su película, Kamal Hasan no logra dar un sentido de conflicto personal.
Para el Saket Ram actual, con su cuerpo enfermo y su silencio, el recuerdo de lo ocurrido 40 años atrás conjura indudablemente una imagen de Ghandi fijada en el tiempo.
Es como si hubiera tenido lugar una transferencia entre aquel que cura y su paciente, aunque el filme no sea capaz de convencer de la curación.
Al dispersar la aureola en torno a Ghandi, lo que ha sido revelado no es una historia complicada sino el deseo de resurgimiento de un hinduísmo indomable, aunque al final la película invalida esa misma idea. (FIN/IPS/tra-eng/vr/an/ego/mj/cr ip/00


