El gobierno de Cuba intenta remediar con nuevos programas de asistencia social la situación de los sectores de menores ingresos, que empeoró con la crisis económica.
"Al inicio de la crisis no había qué comprar. Ahora lo que no tengo es plata, porque soy jubilado y no tengo familia ni aquí ni en la yuma (Estados Unidos)", se quejó Juan Tomás García, de 77 años, mientras esperaba su turno para comprar el periódico, una de sus rutinas diarias.
García siente que la recesión lo empobreció, porque, en los años 80, podía vivir con su pensión de profesor de secundaria y la de su esposa.
"Ella murió en 1990 y, como no tuvimos hijos, estoy solo en esta vida", añadió, mientras rebuscaba en sus bolsillos el dinero para su ejemplar de Juventud Rebelde, el único diario que circula los domingos en la isla.
Desde el año pasado, García come diariamente, incluso los días festivos, en un restaurante cercano a su casa creado especialmente para gente como él.
"No será gran cosa, pero no falta el potaje, el arroz, alguna croquetica y hasta postre, y todo por un peso o un poquito más, según lo que uno elija", cuenta.
García gasta al mes unos 50 pesos en ese establecimiento, poco menos de la mitad de su pensión de 128 pesos.
Del resto, dedica entre 10 y 11 pesos mensuales a los servicios de luz, gas y agua potable, y entre 20 y 30 pesos en la compra de "lo que me dan por la libreta".
El Estado abastece cada mes a las familias de algunos artículos de primera necesidad a precios subsidiados, entre ellos azúcar, arroz, huevos, frijoles o chícharos (arvejas secas) café, pan, carne molida mezclada con soja o pollo y hortalizas, según la época, y, eventualmente, aceite, entre otros productos.
La opinión del médico de su barrio, cuyo consultorio dista sólo seis cuadras del pequeño apartamento que habita desde niño, fue decisiva para que García quedara inscripto en el restaurante familiar, uno de los casi 1.500 de todo el país, bajo el Sistema de Atención a la Familia del Ministerio de Comercio Interior.
"Así voy resolviendo", dijo. Su pensión de jubilado no le permitía completar la dieta alimenticia comprando en el mercado de productos agropecuarios, a precios regidos por la oferta y la demanda, y aun menos en los comercios que venden en dólares (un dólar es igual a 20 pesos en el cambio paralelo).
Los restaurantes familiares, los primeros de los cuales surgieron a finales de 1997, tienen como único objetivo "proteger a personas de bajos ingresos, asegurándoles su alimentación diaria", explicó Beatriz Cortijo, directora de Gastronomía del Ministerio de Comercio Interior.
La funcionaria sostuvo que se trata de una política gubernamental según la cual "los núcleos con bajos ingresos y las personas con limitaciones físicas que lo requieran contarán con el apoyo del Estado para su sostenimiento decoroso y nadie será abandonado a su suerte".
El año pasado, Comercio Interior dedicó unos dos millones de dólares a la compra de insumos para esos comedores, entre cuyos comensales habituales figuran, de manera preferencial, ancianos con pensiones bajas y sin ayuda familiar, discapacitados, embarazadas solas que no trabajan o madres solteras sin recursos.
De acuerdo con estudios especializados, "el impacto de la crisis económica sobre la población, aunque general, no ha sido homogéneo" y resultó "mucho más intenso en aquellas familias y sectores que poseían desde antes condiciones materiales inferiores".
El Instituto Nacional de Investigaciones Económicas calculó que en 1990, primer año de la crisis, 26 por ciento de la población y 22,5 de los núcleos familiares clasificaban en la categoría de bajos ingresos (50 pesos mensuales).
Diversos informes advierten que en los momentos más agudos de la crisis económica (primera mitad de la década del 90) se registró un notable deterioro en la alimentación de la población, con efectos en la salud de las personas, en algunos casos graves.
De acuerdo con datos oficialmente reconocidos, la ingesta diaria promedio ascendía en 1989 a 2.845 kilocalorías y 76,5 gramos de proteína por persona, pero bajó en 1994 a 1.863 kilocalorías y 46 gramos.
Las cifras de 1999 indican una recuperación, a 2.269 kilocalorías y 56,3 gramos de proteína por persona, aunque siguen por debajo del requerimiento mínimo recomendado por el Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación.
La agencia sugiere un consumo diario promedio por persona de 2.363 y 2.400 kilocalorías y de 59,4 a 72,0 gramos de proteínas.
En los últimos años "se logró una mejoría sostenida en la alimentación, aunque no se pudo recuperar los niveles promedio mínimos requeridos en la alimentación diaria y existe un estrato de la población que se encuentra en los límites de la pobreza", dijo el economista Armando Nova, de la Universidad de La Habana.
Nova advierte, sin embargo, que el término pobreza, "no es exactamente equivalente al internacionalmente conocido, por cuanto se mantiene un nivel de aseguramiento por igual a la población, en la asistencia médica, la educación y asistencia social".
En los últimos diez años, el Estado debió destinar 16.200 millones de pesos a la seguridad y la asistencia social, beneficio que actualmente reciben más de 1,5 millones de personas, 261.000 más que 10 años atrás. (FIN/IPS/pg/mj/if dv/00


