El gobierno de China está cada vez más nervioso por las predicciones sobre la victoria de Chen Shui-bian, candidato del opositor Partido Democrático Progresista (PDP), en las elecciones presidenciales de este sábado en Taiwan.
El triunfo de Chen pondría fin a 50 años de gobierno del Kuomintang en la isla, a la que Beijing considera una provincia renegada y desea reunificar con el continente, como Hong Kong y Macao.
Aparentemente, lo que los líderes comunistas temen es la plataforma del partido de Chen, que exhorta al "establecimiento de una República de Taiwan soberana e independiente".
Pero más allá de eso, el Partido Comunista chino teme que la elección de Chen como nuevo presidente de Taiwan marque el fin del régimen de partido único sobre la isla y el comienzo de un gobierno verdaderamente democrático.
El Kuomintang (Partido Nacionalista Chino, formado en China en 1919) está en el poder desde que las tropas derrotadas de su líder, el general Chiang Kai-Shek, huyeron del continente en 1949 y establecieron un gobierno en el exilio en Taiwan.
El Kuomintang ha gobernado la isla por 50 años, tanto tiempo como su archirrival, el Partido Comunista, ha gobernado China continental.
El PDP prometió introducir profundas reformas políticas y terminar con la corrupción y el amiguismo del Kuomintang. Esta plataforma es la que suena apocalíptica para los líderes comunistas de Beijing.
En vista del debilitamiento de su ideología y el estancamiento de las reformas económicas, las autoridades chinas rechazan cualquier cambio político del otro lado del estrecho de Taiwan, por temor a que se produzcan cambios en otras áreas, desde las relaciones con China hasta el sistema político y económico.
Beijing calificó al actual presidente taiwanés, Lee Teng-hui, como "el mayor criminal de la historia", pero prefiere tratar con su sucesor designado y candidato del Kuomintang, el vicepresidente Lien Chan, antes que con la nueva generación de líderes taiwaneses, entre ellos Chen Shui-bian.
Ante el crecimiento de las posibilidades de victoria de Chen en la última semana, Beijing realizó el miércoles y jueves un último esfuerzo para influir en los votantes taiwaneses.
El primer ministro Zhu Rongji aconsejó (y amenazó) a los taiwaneses que no voten al candidato Chen Shui-bian.
"Permítanme aconsejar al pueblo de Taiwan: no actúen por impulso en este momento, que decidirá el futuro de las relaciones entre China y Taiwan. De lo contrario, no tendrán oportunidad de arrepentirse", dijo.
En una conferencia de prensa celebrada al final de la sesión anual del Congreso Nacional del Pueblo (parlamento chino), Zhu dijo que no deseaba interferir con los comicios de Taiwan, pero expresó su confianza en que el pueblo taiwanés vote "correctamente".
"Creemos en la sabiduría política del pueblo de Taiwan", declaró, pero advirtió que "el pueblo chino está dispuesto a derramar sangre y sacrificar su vida para defender la soberanía y la integridad territorial de la madre patria".
Las amenazas de Beijing parecen improcedentes, porque el año pasado, Chen Shui-bian evitó cualquier pronunciamiento a favor de la independencia de Taiwan.
En cambio, Chen prometió que, si resulta elegido, no declarará la independencia, no convocará un referéndum sobre el tema ni incluirá la frase "relaciones especiales de estado a estado" en la Constitución.
Esa frase, pronunciada por el presidente Lee el pasado julio, enfureció a China y desencadenó una guerra verbal a través del estrecho.
Los rivales de Chen, el candidato del Kuomintang y vicepresidente Lien Chan y el independiente James Soong, también manifestaron confianza en la mejora de las relaciones con China continental.
Aunque no se publicaron encuestas de opinión en los últimos 10 días, de acuerdo con las leyes electorales, la prensa taiwanesa coloca a Chen Shui-bian por encima de sus rivales en los pronósticos.
Beijing endureció el jueves sus advertencias al afirmar que el cronograma para la reunificación está en manos de los votantes taiwaneses.
"Si eligen un líder que promueve la independencia de Taiwan (léase Chen), ese cronograma no será una cuestión de años, sino de horas", dijo el investigador Xu Bodong en una conferencia de prensa.
"Si se trata de una reunificación pacífica, el proceso podría ser largo, pero si se promueve la independencia de Taiwan, es difícil predecirlo. Podría haber un cambio en tres a cinco años, o en 24 horas", agregó Li Jiaquan, miembro del directorio de la Sociedad de Estudios sobre Taiwan.
Pese a la andanada de amenazas lanzadas a través del estrecho, el candidato del PDP parece desafiante.
En respuesta a la amenaza del primer ministro Zhu Rongji, Chen dijo que Taiwan no concuerda con su opinión y que los votantes taiwaneses no se dejarán intimidar por "amenazas de balas".
"Los comunistas chinos desean convertir a Taiwan en una provincia, pero somos un país con soberanía independiente", dijo el candidato en un acto electoral el miércoles por la noche.
"No deseamos 'un país, dos sistemas'. Los votantes no quieren que Taiwan sea como Hong Kong y Macao", declaró. (FIN/IPS/tra-en/ab/ral/mlm/ip/00


