América Latina es todavía una plaza atractiva para la industria bélica, pese al discurso pacifista de los gobiernos y las promesas de reducción del gasto militar, como lo demuestra la décimoprimera Feria Internacional del Aire y el Espacio (Fidae 2000), que se realiza en la capital de Chile.
La muestra, que organiza cada año la Fuerza Aérea desde 1988, es a la vez el mayor centro de negocios aeronáuticos de la región, tanto para la aviación civil como militar, por lo cual congrega a fabricantes de aviones y a proveedores de insumos, equipos y servicios en este sector.
En la Fidae 2000, inaugurada el lunes por el presidente Ricardo Lagos, participan como expositoras 366 empresas de 47 países, incluyendo a consorcios de Estados Unidos, Europa occidental, Israel y de Rusia y otras ex repúblicas soviéticas, que compiten en el mercado mundial de aviones de combate.
Los visitantes de la feria pueden ver de cerca los impresionantes prototipos de Mirage franceses, Mig y Sujov rusos, Grippen de Suecia, Mako alemanes y F-16 estadounidenses, entre otras máquinas aéreas de combate, cuyos precios se estiman entre 30 millones y 35 millones de dólares cada una.
Al margen del protocolo de las visitas oficiales, llegaron este año a Fidae, en plan de observación y de posibles negociaciones comerciales, una decena de ministros de Defensa y unos 20 comandantes de fuerzas aéreas de América Latina y Europa.
El general Patricio Ríos, jefe de la aviación chilena, es anfitrión de un virtual cónclave aéreo militar de América del Sur, ya que en el marco de la feria han llegado a Santiago comandantes de las fuerzas aéreas de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela.
Las previsiones del mercado armamentista indican que entre el 2005 y el 2025 la demanda mundial de cazas de combate será de 2.500 aparatos, unas 125 naves por año, y los fabricantes esperan colocar gran parte de las ventas en América Latina, señaló este miércoles el diario El Mercurio, de Santiago.
Desde sus orígenes, en las postrimerías de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-90), esta muestra fue denunciada como una feria bélica por grupos pacifistas y ecologistas, lo cual llevó a sus organizadores a poner énfasis en la aviación civil y la investigación espacial tras el restablecimiento de la democracia en Chile.
El cambio pareció acorde con las tendencias políticas de la región en la década de los años 90, en que se replegaron las dictaduras militares y se consagraron las democracias representativas, como complemento político del modelo de economía de mercado y de los ajustes estructurales.
La década pasada marcó también el término de históricos conflictos territoriales en América del Sur, en especial el de Ecuador y Perú, con lo cual resulta todavía más contradictorio el actual interés de los consorcios fabricantes de sofisticados equipos bélicos por recuperar sus ventas en América Latina.
Los proyectos de integración, como el Mercado Común del Sur, la remozada Comunidad Andina y la propuesta global del Area de Libre Comercio de las Américas, deberían configurar también un espacio propicio para la cooperación interamericana en que se despejen hipótesis de conflicto y disminuya, por tanto, la demanda de armamentos.
En el mismo contexto de la integración y a partir de los llamados del Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y otros organismos multilaterales a reducir la pobreza y controlar los déficit fiscales se han puesto en entredicho los gastos militares.
Pero en contraste con la implantación generalizada de la democracia representativa como forma de gobierno, América Latina fue la única región del mundo en que el gasto militar aumentó en la década de los años 90, lo cual resultó también contradictorio con el fin de la guerra fría en el escenario internacional.
Así lo señaló en 1998 un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), según el cual los gobiernos de la región gastan en promedio un dólar en Defensa por cada 1,1 dólares de gasto directo en Educación y 0,90 dólares en Salud.
En la perspectiva de impedir las carreras armamentistas mediante una mayor transparencia en el gasto militar, Cepal presentó en junio de 1999 una propuesta a Argentina y Chile de una metodología común para medir sus desembolsos en Defensa, que podría ampliarse en el futuro a toda la región.
Pese a estos esfuerzos, los países de América del Sur están a las puertas de compras en gran escala de material bélico, y en especial de sofisticados aviones de combate, de acuerdo a la información que manejan los proveedores de estos armamentos, que tienen en Fidae 2000 a una privilegiada vitrina para sus ofertas.
En círculos militares se señala que el motivo fundamental de la renovada demanda de aviones de guerra está en la obsolescencia de equipos adquiridos en décadas pasadas, y que ahora deben ser renovados, como ocurre, por ejemplo, en Chile, que busca reemplazar viejos cazabombarderos Hawker Hunter retirados en 1998.
Pero más allá de ese argumento, por lo demás discutible, está la ofensiva de los fabricantes de armas, alentada por decisiones políticas que aparecen a contrapelo de los declarados propósitos de reducir el gasto militar y destinar mayores recursos al combate a la pobreza y a otros objetivos sociales.
El ex presidente de Costa y premio Nobel de la Paz Oscar Arias acusó a fines de 1999 a Estados Unidos de alentar la carrera armamentista en América Latina, luego de la gira que realizara por Brasil, Argentina y Chile el secretario de Defensa de ese país, William Cohen.
El presidente estadounidense Bill Clinton levantó en 1997 la prohibición de vender aviones de guerra avanzados a América Latina, establecida por James Carter a fines de los años 70 para presionar en favor de los derechos humanos violados por dictaduras militares.
Clinton invocó para estos efectos, paradójicamente, la democratización de la región.
También ese año, Clinton concedió a Argentina la condición de aliado estratégico principal extra Organización del Tratado del Atlántico Norte, lo cual le permitió a Buenos Aires comprar 36 aviones A-4AR modernizados en Estados Unidos, con la consiguiente inquietud en Chile, pese al avanzado entendimiento con su vecino.
En Perú, el gobierno de Alberto Fujimori adquirió en 1999 modernos aviones Mig-29 y Sujov-25 a Rusia y Bielorrusia, mientras ponía punto final al conflicto limítrofe con Ecuador y avanzaba hacia una paz definitiva con Chile, mediante acuerdos materializados a comienzos de este mes. (FIN/IPS/ggr/dm/ip if/00


