Lo único que devolverá la paz a la comunidad de la indígena estadounidense Katherine Smith, de 78 años, es la devolución de sus tierras, que le fueron arrebatadas compulsivamente por el gobierno reduciéndola a la indigencia.
"Hace todo muy difícil no tener tierra. Ni siquiera podemos practicar nuestros ritos y ceremonias, porque la tierra y la religión son una sola. Las cosas que no nos arrebataron fueron puestas bajo llave", escribió Smith en un mensaje a una comunidad cibernética llamada Foro del Premio de la Paz.
"No se nos permitió construir hospitales y clínicas en nuestra área, de modo que debemos viajar 150 kilómetros para tener atención médica. Lo mismo ocurre con nuestras necesidades diarias, porque tenemos que recorrer la misma distancia para comprar legumbres", dijo.
Smith fue representante de las naciones Navajo y Hopi en Big Mountain, Estados Unidos, cuyos derechos de propiedad de la tierra cesaron en 1976, cuando el gobierno congeló todas las construcciones de viviendas en el área y despojó a las autoridades tribales de sus funciones jurisdiccionales.
"Nuestras costumbres, nuestra cultura y nuestra religión han sido destruidas y cambiadas por leyes federales y políticas. Debido a esa legislación y esas medidas, ahora existe una división entre nuestra gente", escribió Smith.
"Cuando estamos divididos somos débiles y ya no tenemos fuerza", apuntó.
Su historia refleja lo que ocurre en otras miles de comunidades desplazadas alrededor del mundo. Al formar parte del Foro del Premio de la Paz, Smith expone la injusticia de que es objeto su comunidad y trata de cicatrizar sus heridas.
El seminario "Tecnología de paz, conectando localmente, uniendo globalmente", que concluirá este sábado, permite a todos los interesados con acceso a una computadora exponer sus pensamientos y experiencias acerca de la paz, la violencia y la reparación, y para leer lo que otros dicen al respecto.
El seminario concluirá en una conferencia en el estado de Minnesota, Estados Unidos.
El programa comenzó en octubre, cuando un grupo de educadores estadounidenses coordinaron una conferencia internacional para académicos enfocada sobre el impacto de la guerra en Kosovo en las escuelas. Ahora evolucionó hacia una discusión sobre los esfuerzos mundiales de paz que apelan a la tecnología.
"El potencial para el bien de la conexión intercultural de aulas es notable. Un participante del proyecto de Kosovo dijo que quizás las aulas en el mundo deberían tener una política exterior que zanje las diferencias que nos dividen y sirven como semillas de guerra", afirmaron los organizadores del foro.
Una de las preocupaciones prioritarias para implementar el proyecto fue que los jóvenes en algunas partes del mundo se acostumbraron de tal manera a la vida pacífica que no pueden imaginar las consecuencias de la guerra.
No todos tienen tanta suerte. El gobierno de Sri Lanka y los secesionistas Tigres para la Liberación de la Patria Tamil continúan violando los derechos humanos tras 16 años de guerra civil. También recrudece la guerra en Afganistán entre los fundamentalistas islámicos Talibán en el poder y el Frente Unido.
En Colombia, la guerra civil se intensificó el año pasado cuando se paralizaron las negociaciones entre el gobierno de Andrés Pastrana y las organizaciones guerrillas. Los paramilitares siguen masacrando civiles y sembrando el terror, mientras la lucha se extiende a Panamá, Brasil y Venezuela.
En Africa persisten conflictos entre Etiopía y Eritrea, y las virtuales guerras civiles en Angola, Burundi, Congo-Brazaville, la República Democrática de Congo, Guinea-Bissau, Namibia, Sierra Leona, Somalia, Sudán y Uganda, algunas con intervención de países vecinos.
Las tres páginas web montadas en Internet por los organizadores del seminario conectan a la gente alrededor del mundo de manera que pueden aportar relatos personales sobre los traumas de la guerra y la rehabilitación, así como estrategias para la paz.
Las páginas conectan clases, salas de conferencias y comunidades en todo el mundo, lo cual constituye un aliento para que los estudiantes formen pequeños grupos con otras escuelas para llevar adelante conversaciones informales.
El programa también impulsa a los estudiantes a ir más allá de las discusiones formales y tomar tomar tiempo para conocer sus nombres, pasatiempos, intereses, culturas y expectativas futuras con el fin de promover el entendimiento global entre los pueblos.
Brenda Hale, participante en el debate, culpa a condicionamientos culturales e influencias familiares de las actitudes intolerantes en el mundo. "He debido hacer un esfuerzo consciente extra para eliminar de mis pensamientos la influencia negativa de los miembros de mi familia", confesó.
Algunos diálogos se centran sobre estrategias que prevengan el surgimiento de enfrentamientos mediante la comprensión intercultural y el análisis del impacto de la violencia doméstica sobre los conflictos generales.
Otros participantes mencionaron la fácil obtención de armas por parte de civiles y grupos rebeldes en el mundo como uno de las principales causas de las guerras y de la violencia en general.
En su Informe Mundial 2000, la organización internacional Human Rights Watch (HRW) señaló que
El año 1999 marcó "un aumento de la sensibilidad internacional respecto del daño ocasionado a civiles por la acción de asesinos armados, ya fueran soldados gubernamentales, grupos paramilitares o guerrilleros", sostuvo el Informe Mundial 2000 de la organización internacional Human Rights Watch (HRW).
"Los pertrechos militares, tradicionalmente considerados meros instrumentos de guerra, no causan violencia por sí mismas, pero contribuyen a propagarla pues ofrecen lo que a menudo se percibió como una manera rápida y eficaz de corregir o zanjar diferencias", dijo HRW.
Los participantes del foro señalaron que el fácil acceso a las armas se traduce en un mayor potencial para la violencia en situaciones para las cuales se pudo haber intentado soluciones alternativas.
Si bien sus pensamientos y expresiones podrían no llegar a las altas esferas de poder, como los gobiernos o la Organización de las Naciones Unidas, los participantes sienten que están haciendo una contribución importante al logro de un mejor entendimiento de los problemas mundiales.
"Como australianos y poseedores de muchas culturas, debemos dar el ejemplo a muchos otros países que nos rodean para alentar la paz y no la guerra", escribieron Josefina Elano y Ambreen Noor. (FIN/IPS/tra-en/gm/ks/ego/cr ip/00


