Los habitantes de Singapur, acostumbrados a un buen nivel de vida, se preparan para ajustar gastos, tras la mayor caída en 23 años del comercio exterior.
La reducción del comercio exterior implica serios problemas económicos, ya que gran parte de la actividad económica de este país se basa en la exportación de productos manufacturados por empresas transnacionales.
Singapur ocupa el duodécimo lugar en el mundo en términos de actividad comercial.
El comercio exterior registró una abrupta caída de 12,4 por ciento en 1998, la mayor desde el segundo trimestre de 1975, cuando el país se vio gravemente afectado por la crisis munidal del petróleo.
Esta no fue la única mala noticia: según las estadísticas, el número de empleados cesados durante 1998 fue 35 por ciento superior que a comienzos de la última recesión, en 1985.
Estos indicadores llevaron al gobierno a advertir a los ciudadanos que deberán ajustar un poco más sus cinturones, pese a que la economía de Singapur registró mejor desempeño ante la crisis asiática que la de sus vecinos Indonesia, Malasia, y Tailandia.
El viceprimer ministro Lee Hsien Loong afirmó que este año podría ser incluso más difícil que 1998. "Nuestros problemas no han terminado aún", señaló durante la conferencia anual del gobernante Partido de Acción Popular, la semana pasada.
Será difícil lograr la recuperación económica a menos que mejore la situación del sudeste de Asia, agregó.
La economía de Indonesia todavía muestra debilidad y puede atravesar un año turbulento debido a las elecciones de junio, señaló Lee. Agregó que el bienestar de Singapur está "muy relacionado" con la suerte de Malasia, y que ese país "aún no está fuera de peligro desde el punto de vista económico".
Durante más de una década, los habitantes de Singapur gozaron de un estilo de vida equivalente o incluso superior a los países con mayor nivel de industrialización.
Pero a medida que la recesión comenzó a hacer estragos el año pasado, muchos debieron dejar de lado los lujos a los que estaban acostumbrados, tales como el empleo de servicio doméstico extranjero, los viajes al exterior, la ropa de marca y las viviendas suntuosas.
El Congreso Nacional de Sindicatos (CNS) afirmó que 12.800 trabajadores afiliados a las organizaciones que lo integran perdieron su empleo en 1998, mientras que desparecieron 27.000 puestos de trabajo. Se cree que otros 10.000 empleados serán despedidos este año.
La población de Singapur es de cuatro millones, incluyendo a un millón de trabajadores inmigrantes, que se desempeñan en tareas profesionales o no calificadas.
Los puestos de trabajo perdidos a los que hizo referencia el CNS correspondían en su mayor parte a la industria de la electrónica, que emplea fundamentalmente a personas nacidas en Singapur y a malasios que cruzan la frontera todos los días para ir a trabajar.
A su vez, la recesión de la industria de la construcción afectó mayoritariamente a trabajadores extranjeros, procedentes de Tailandia y de otros países del sudeste asiático.
El ministro de Trabajo, Lee Boon Yang, informó que el recorte de personal en 1998 fue el mayor en los últimos 12 o 15 años, y lo atribuyó a la recesión mundial de la industria de la electrónica.
El Comité para el Desarrollo del Comercio (CDC), la institución que divulgó las estadísticas, indicó que Singapur fue severamente golpeado por el exceso de oferta de circuitos integrados y computadoras personales, los dos rubros principales de exportación del país.
El CDC agregó que el descenso de la demanda de productos electrónicos no se registró solamente en Asia, sino también en Estados Unidos y Europa, principales destinos de los embarques de Singapur.
Todas las exportaciones, salvo las vinculadas con el petróleo, cayeron en los últimos 10 meses que siguieron a marzo, informó el director del CDC, Barry Desker. "Esto indica que habrá una reducción de la actividad manufacturera en los meses próximos", comentó.
La tendencia recesiva preocupa especialmente al CNS porque la mayoría de los trabajadores locales despedidos tienen más de 35 años de edad. Las agencias de selección de personal afirman que los empleadores, sobre todo en el sector manufacturero, se han vuelto muy exigentes y prefieren a los aspirantes más jóvenes.
La estructura salarial de Singapur, que recompensa la antigüedad de los trabajadores, implica que resulte más costoso para las empresas retener a sus empleados de mayor edad, explicó el CNS.
El Congreso Nacional de Sindicatos sugirió que los empleadores paguen a los trabajadores de acuerdo con el valor de su tarea, sin tener en cuenta la antigüedad.
"Los patrones no pueden tratar a alguien que tiene 30 o 35 años como si fuera una persona mayor. No podemos depender enteramente de trabajadores extranjeros, y todo ciudadano debe tener la oportunidad de conseguir empleo", afirmó Ong Chin Ang, director del Departamento de Relaciones Industriales del Congreso Nacional de Sindicatos.
Los empleados domésticos, que superan los 100.000 y en su mayoría provienen de Birmania, Filipinas, Indonesia y Sri Lanka, también están preocupados ante la posibilidad de la desocupación.
Las parejas trabajadoras de clase media habían llegado a considerar esencial disponer de un empleado doméstico que se ocupara de los quehaceres del hogar y ayudara a los niños en sus tareas.
Pero ante la nueva realidad económica, quizás muchos se decidan a prescindir del servicio doméstico.
Las agencias de selección de personal informaron que no sólo enfrentan grandes dificultades a la hora de conseguir empleo para miles de aspirantes extranjeros recién llegados, sino también para reubicar a muchos otros que ya residían en el país y a quienes sus patrones no desean conservar.
"La situación actual es muy dura", dijo a IPS Fátima Ahmed, gerenta de una agencia de selección de personal doméstico, tras exhibir un archivo lleno de fotos de extranjeras que se postularon para un empleo en Singapur.
"Muchas de nosotras tememos que nos envíen de vuelta a casa debido a la crisis económica", comentó Linda, una filipina que trabajó como empleada doméstica en Singapur durante siete años.
"Si mi patrón decide no renovarme el contrato (que en general es válido por dos años), no tendré otra alternativa que volver a mi país", añadió.
La recesión ha significado, sin embargo, más trabajo para los parlamentarios, quienes deben atender a un número creciente de sus votantes, ahora desempleados, que les piden ayuda.
Uno de ellos es Mohan Kumar, un científico de 49 años que dirigía una unidad de investigaciones biomédicas en uno de los principales hospitales de la capital, y se encuentra sin empleo desde junio.
Desde entonces, cada vez que Kumar se presenta como postulante a otro trabajo, la respuesta es que es demasiado viejo, demasiado calificado o demasiado especializado. Así que fue a ver al legislador que había votado, pero no es probable que éste haya podido ayudarlo (FIN/IPS/tra-en/ap-dv-if/ks/js/mvf/mp-ff/if/99


