/BOLETIN-DD HH/ BRASIL: Producción de tabaco es foco de trabajo infantil

Daniel Lopes Lencine, de seis años, junta con una agilidad impresionante las hojas amarillas de tabaco seco y, con un movimiento, las ata en una hoja mayor.

El atado de tabaco tiene apodo -"hacer muñecos"-, algo que recuerda juguetes y sustituye el entretenimiento. Es la forma con la que adultos y niños de Camaquan, un municipio de Río Grande del Sur, en Brasil, amenizan el trabajo que hacen desde tiempos remotos.

En el almacén lleno de hojas secas que exhala el olor casi sofocador del tabaco, es donde Daniel, sus dos hermanas menores y su primo viven buena parte de su niñez. En el mismo lugar, su padre, Manoel Herculano Lencine, de 36 años, lamenta el día en que nació tabacalero.

Tiene motivos de sobran para quejarse. Un día, al destapar una lata con veneno para la siembra de tabaco, el gas soplado por el viento le alcanzó las piernas. La cicatriz es visible desde lejos, la piel perdió el color y la picazón se hace a veces insoportable.

"El médico dijo que era micosis, pero yo le afirmé que se trataba de intoxicación por veneno", recordó Lencine, quien tiene mareos y frecuentes dolores de cabeza. Los niños sufren anemia y bronquitis, pero aún así ayudan al padre en sus tareas.

El primogénito ya parecía predestinado a tener una niñez a medias. Aún no va a la escuela, dedica su tiempo a sacar el tabaco de la estufa o a "hacer muñecos". En un solo día logró atar 30 kilogramos de tabaco, para orgullo de su padre, que aseguró no lo obliga a trabajar.

Pocas veces juega al fútbol o ve televisión. A veces tiene vómitos y dolor de barriga, una desgracia que también afecta a sus hermanas, Vanessa, de cuatro años, y Daniela, de dos, que se quedan en una parte del almacn, mirando como su hermano apila hojas.

"No tengo a nadie con quien dejarlas, la tierra no es mía, siembro a porcentaje", expresó el padre. "Si toda la gente sale a estudiar, no queda nadie en la agricultura", justificó la abuela María, quien manifestó su orgullo por haber criado 10 hijos trabajando en el tabaco.

Un estudio de la Oficina Regional del Ministerio del Trabajo comprobó que muchos niños y adolescentes eran retirados de los colegios, antes de concluir el año escolar, para trabajar en el tabaco, en tareas tan agotadoras como las realizadas por sus padres.

Ahora, ante la presión de los Consejos Municipales de la Niñez y Adolescencia, se intenta mantenerlos estudiando.

Por medio de cuestionarios plateados en las aulas, los investigadores averiguaron que, como promedio, los jóvenes trabajan cerca de cuatro horas y media todos los días, durante todo el año.

Los datos obtenidos en cinco municipios -Camaquan, Candelaria, Río Pardo, Sao Lourenzo do Sul y Venancio Aires – todos productores de tabaco, fueron presentados al Ministerio de Salud para la adopción de medidas de combate al trabajo infantil, como ya se hace en carboneras y cañaverales de otras partes de Brasil.

Cerca de 520.000 menores de 18 años trabajan en Río Grande del Sur, 32 por ciento de los cuales con menos de 14 años.

A 124 kilómetros de Porto Alegre, la capital del estado, Camaquan tiene 62.000 habitantes. Allí los niños comienzan a trabajar en torno a los siete años, pero cumplen jornadas más largas a partir de los 14, lo que baja su desempeño escolar.

Suelen ocuparse de las tareas del tabaco incluso los sábados, principalmente en los meses de verano, período de cosecha.

Sacarlos del trabajo es una tarea difícil, reconocen técnicos de la Oficina Regional, ya que el tabaco asegura la permanencia de los agricultores en la región. En la actualidad, 71.720 familias viven de esa actividad en el estado.

El ingreso mensual de las personas, como promedio, es de 334,37 reales, lo que equivalía a 278 dólares antes de la devaluación de la moneda brasileña, que ya supera 40 por ciento desde el 13 de enero.

Por la imposibilidad de contratar mano de obra asalariada, los trabajadores tabacaleros se ven forzados a incorporar a su familia en las tareas agrícolas, que exigen mucho esfuerzo. Cada cosecha requiere 200 días de trabajo de cada persona al año, nueve veces más que los frijoles, por ejemplo.

Además, existe una cuestión cultural. Los padres alegan que, si no aprenden a trabajar temprano, los niños no querrán permanecer en el campo.

Los técnicos del Ministerio del Trabajo volverán este año a la región para impartir charlas sobre los riesgos del trabajo infantil y la importancia de la educación escolar. Un argumento es el Estatudo del Niño y el Adolescente, una ley que prohibe el trabajo nocturno e insalubre para menores de 18 años.

El problema es que, en el sistema familiar, los niños no son considerados empleados y el acuerdo de las empresas tabacaleras con los agricultores se hace de manera de no formalizar un contrato agrícola o de arrendamiento.

Esto dificulta la tarea del Ministerio del Trabajo, que trata infracciones laborales, señaló el inspector Claudio Carvalho Menezes, por lo que una acción efectiva para eliminar el uso de mano de obra infantil depende de la Fiscalía y de las alcaldías. (FIN/IPS/cg-mo/ag/hd/99

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