La crisis económica de Asia provocó un desempleo sin precedentes y estragos sociales que impulsan a los sindicatos y organismos internacionales a reclamar un rediseño radical de las políticas laborales en la región.
Estas instituciones afirman que la excesiva dependencia del trabajo poco calificado y mal remunerado, la restricción de la actividad sindical y la ausencia de redes de seguridad social son los factores que provocaron la crisis y la incapacidad de los países afectados de lidiar con sus consecuencias sociales.
"La crisis reveló serias deficiencias en las instituciones y prácticas del mercado laboral asiático", sostuvo un nuevo informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), titulado "Hacia el pleno empleo: perspectivas y problemas en Asia y el Pacífico".
Es preciso corregir tales deficiencias urgentemente "si los países afectados quieren evitar una recaída en los problemas de desempleo, subempleo y pobreza que se habían reducido tanto gracias al crecimiento económico y a la industrialización anteriores", agregó el documento.
La Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) afirmó, por su parte, que los gobiernos, empleadores y organismos internacionales deben crear leyes e instituciones que aseguren una cooperación adecuada entre las fuerzas del capital y el trabajo de la región.
La necesidad de estas transformaciones es crucial para que Asia pueda recuperarse de la crisis e impedir que ocurran otras similares, subrayó la CIOSL.
Durante décadas, los países con rápido crecimiento económico de Asia oriental aplicaron políticas de "flexibilización laboral" que beneficiaron a los empleadores y significaron bajos salarios e inestabilidad laboral para los trabajadores.
Estas políticas a menudo desconocieron el derecho de los trabajadores a formar sindicatos.
Antes de la crisis que comenzó en julio de 1997, la mayoría de los países de la región no habían firmado ni siquiera las normas básicas de la OIT.
Entre las normas internacionales que no habían sido suscritas estaban los convenios Sobre el Derecho de Sindicación y de Negociación Colectiva, de 1949, Sobre la Discriminación (Empleo y Ocupación), de 1958, Sobre Igualdad de Remuneración, de 1951, y Sobre la Edad Mímima, de 1973.
En los últimos meses, sin embargo, los gobiernos de Filipinas, Indonesia, Malasia, Singapur y Tailandia ratificaron, bajo fuertes presiones locales e internacionales, algunos de esos convenios.
De todos modos, las autoridades de China, Corea del Sur, Tailandia y Vietnam aún no firmaron el Convenio Sobre la Libertad Sindical y la Protección del Derecho de Sindicación.
La OIT reconoce la importancia de las mejoras en las relaciones laborales, pero señala que "la cruda realidad sigue siendo que la negociación colectiva no constituye una vía de diálogo social para la mayoría de los trabajadores en ningún país de la región".
La CIOSL opinó, a su vez, en una declaración sobre la situación asiática, que "el diálogo social y la negociación colectiva tendrán un papel clave en los esfuerzos para superar los efectos de la crisis financiera".
La declaración añadió que los recientes disturbios en Indonesia demuestran qué puede suceder en ausencia de diálogo y negociación.
Según la CIOSL, las causas de la inquietud social indonesia pueden rastrearse en la incapacidad del gobierno de Alí Suharto – quien renunció en mayo de 1998 tras 32 años en el poder- para desarrollar instituciones, en especial sindicales, que permitan conciliar los distintos intereses sociales y económicos.
Los analistas políticos esperan las tensiones sociales en la región empeoren durante este año, si las empresas intentan recuperar rentabilidad a costa de mayores sacrificios para los trabajadores.
La tendencia al aumento del desempleo se extiende por toda Asia, con independencia de los niveles de desarrollo industrial en cada país.
En Japón, cuya economía es la mayor de la región, la tasa de desempleo alcanzó cuatro por ciento en 1998, mientras las avanzadas economías de Australia y Nueva Zelanda presentaron tasas cercanas a ocho por ciento.
En el sudeste asiático, Indonesia perdió ocho millones de puestos de trabajo en 1998 (uno de cada cinco en el sector más avanzado de la economía), obligando a cientos de miles de trabajadores inmigrantes a volver a sus países de origen, para enfrentarse a más desempleo.
En Tailandia, el nivel de desempleo llegó a más de cinco por ciento, más del doble que antes de la crisis. En Corea del Sur, el desempleo era de tres por ciento en 1997, y se elevó a más de siete por ciento a fines de 1998.
Al mismo tiempo, cayeron los salarios reales en toda la región, con descensos de 30 por ciento en Indonesia, ocho por ciento en Tailandia, y entre cinco y diez por ciento en Corea del Sur.
"Nunca ha sido mayor la necesidad de que el crecimiento del empleo sea un objetivo central de las estrategias de desarrollo", destacó el informe de la OIT.
Según la organización, las metas a largo plazo de cualquier política económica posterior a la crisis deben incluir el establecimiento de institucionmes sólidas en el mercado laboral y de redes de seguridad social adecuadas.
La OIT presiona a los gobiernos asiáticos para que proporcionen a los desempleados seguros de desempleo, cursos de capacitación y otros beneficios sociales.
Corea del Sur es el único de los países afectados por la crisis que cuenta con seguros de desempleo.
"La indemnización por despido, que es la principal forma de protección social para los trabajadores afectados por la crisis en la región, es insuficiente", comentó una alta funcionaria de la oficina de la OIT en Bangkok.
El sistema presenta serios problemas de aplicación, ya que en tiempos de dificultades económicas los empleadores a menudo no realizan los pagos correspondientes a los despedidos, y cuando lo hacen, de mala gana, el monto de la indemnización es por lo general insuficiente, explicó la funcionaria.
Que los gobiernos de la región cambien o no su actitud en relación con las cuestiones laborales dependerá, en gran medida, de que los trabajadores se granjeen la simpatía y el apoyo de sus compatriotas, obligando de ese modo a las autoridades a que les presten atención.
En Corea del Sur e Indonesia los sindicatos hicieron valer sus derechos en plena crisis. Pese a la pérdida de puestos de trabajo en esos países, los trabajadores conquistaron importantes concesiones de las autoridades, que aumentaron el reconocimiento de su papel en la economía.
En contraste, aun no se han realizado protestas contra las políticas antisindicales de China, Malasia, Singapur, Tailandia y Vietnam.
Los trabajadores de esos países tendrán que esperar mucho tiempo si esperan que el reconocimiento de sus derechos les sea entregado en bandeja de plata, advierten los analistas. (FIN/IPS/tra-en/bs-ss/cb/js/mp/aq/lb-if/99


