Fuertes tormentas dejaron en el estado de Chiapas, sur de México, más de 30 muertos, miles de damnificados, cultivos dañados y puentes y caminos destruidos, que se suman a la pobreza y la violencia política de siempre.
Las zonas más afectadas son las ubicadas en la costa del océano Pacífico, donde hay una importante producción de frutas y café, pero también a áreas de selva fronterizos con Guatemala, donde operan el Ejército Zapatista de Lieración Nacional (EZLN) y los grupos indígenas que lo apoyan.
Informes procedentes de Chiapas dan cuenta del desbordamiento de ríos y el aislamiento de unas 20 comunidades. Los afectados se quejan de falta de apoyo del gobierno, pero las autoridades afirman que se hace todo lo necesario para auxiliarlos.
Contactos radiales entablados con pobladores de las zona indican que murieron unas 10.000 cabezas de ganado y que decenas de personas permanecen aún atrapadas en lo alto de árboles, rodeados por ríos desbordados.
El servicio meteorológico señaló que la torrenciales lluvias que se presentan hace una semana en Chiapas y otros estados del sur continuarán al menos 72 horas más.
Dos aviones 727 con médicos, cocineros, enfermeros y militares expertos en atención a zonas de desastre arribaron a Chiapas las últimas horas, así como 10 camiones con alimentos para unas 8.000 personas, indico la Presidencia.
Con una población de alrededor de cuatro millones de habitantes, 44 por ciento de la cual vive en zonas rurales, Chiapas sufre los más altos índices de pobreza de México.
Estudios oficiales indican que 47,5 por ciento de las viviendas de ese estado tienen piso de tierra, 41,6 no cuenta con agua potable y 52 no tiene drenaje.
Además, el analfabetismo asciende a 30 por ciento, casi tres veces el promedio nacional, 23 por ciento de los niños no asiste a la escuela, 32 por ciento de los indígenas no hablan castellano y la esperanza de vida es de 66 años, tres menos que en el resto del país.
La Policía Federal de Caminos informó que las corrientes de los ríos destruyeron puentes en las zonas rurales, entre las que figuran aquellas donde se asienta el EZLN, lo que dificulta la entrega de ayuda.
Para los guerrilleros y sus bases, las difíciles condiciones climáticas los favorece desde el punto de vista militar, pues dificulta la vigilancia y los desplazamientos de los soldados, a los que consideran asfixiante.
Pero para ellos, que viven en medio de la selva, la vida también se vuelve más dura pues faltan alimentos y medicinas. Además, no suelen aceptar ayuda alguna del gobierno.
Las negociaciones entre el EZLN y el gobierno de Ernesto Zedillo están suspendidas desde 1996 por discrepancias sobre la presencia militar en la zona del conflcito y la presunta falta de cumplimiento de acuerdos.
Aunque no se han registrado enfrentamientos armados desde fines de 1994, cuando los guerrilleros irrumpieron en escena, a la sombra de la suspensión del diálogo proliferan grupos paramilitares, se acentúa la intolerancia religiosa y se agravan los conflictos agrarios y políticos.
En un apartente intento para minimizar el conflicto, que cobró decenas de vidas de indígenas en los dos últimos años, expulsiones de observadores extranjeros y religiosos y roces entre Iglesia Católica y el gobierno, Zedillo no mencionó a Chiapas en su informe anual.
La omisión fue considerada grave por los políticos de oposición, pues demostraría desinterés en solucionar el conflicto. Sin embargo, portavoces oficiales afirmaron que el gobierno hace todo lo posible por llegar a la firma de la paz.
Informes de organizaciones de derechos humanos afirman que durante el gobierno de Zedillo, que comenzó en diciembre de 1994, las violaciones de derechos humanos se agravaron en Chiapas y se inició una "guerra de baja intensidad" contra los guerrilleros. (FIN/IPS/dc/mj/en ip hd/98


