La Iglesia Católica de Cuba, que parece dispuesta a mantener el espacio ganado a partir de la visita en enero del papa Juan Pablo II, prevé ampliar su labor misionera.
Desde los preparativos para recibir al Papa, el catolicismo logró salir de los ámbitos a los que estuvo limitado durante más de tres décadas y resurgieron las misas y procesiones públicas.
Esta semana resultó pródiga en expresiones religiosas fuera de los templos, con romerías en calles y ciudades, un mensaje transmitido por radio a todo el país del arzobispo de La Habana, Jaime Ortega, y misas a iglesia llena.
"Hacía 38 años que no salíamos con nuestra Virgen de Regla por las calles del pueblo", dijo María Caridad Martínez, quien, con un ramo de flores en sus manos, acompañó la procesión varias cuadras con la pequeña imagen vestida de gala.
"Damos las gracias a las autoridades del municipio que permitieron esta procesión. Quiera Dios que el próximo año podamos avanzar un poquito más", dijo a su vez el párroco de la iglesia de una pequeña localidad costera de La Habana.
Cada 7 de septiembre los devotos de la Virgen de Regla (Yemayá, reina de los mares en el santoral católico influido por religiones africanas) rinden culto a la patrona del poblado, en una festividad que precede al Día de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona y Madre de Cuba.
Oshún para los practicantes de la regla de osha o santería cubana, la virgen de la Caridad del Cobre fue proclamada en 1916 patrona de Cuba por el papa Benedicto XV y coronada por Juan Pablo II durante su misa en Santiago de Cuba, 967 kilómetros al este de La Habana.
También vestida con sus mejores galas, la imagen fue sacada en romería por varias cuadras desde su templo habanero, situado en la parte antigua de esta capital.
Encabezada por una gran bandera cubana, varios miles de devotos acompañaron el recorrido que abarcó unas 12 cuadras cercanas a la Iglesia de Nuestra Señora de la Caridad, seguido además por una multitud apostada a lo largo de cada cuadra.
La festividad concluyó con una misa oficiada por el cardenal Ortega, quien horas antes emitió un mensaje radiofónico a todo el país, otro hecho inédito para la Iglesia Católica.
En su homilía, Ortega afirmó que la Iglesia en Cuba vivió estos 40 años "pasito a pasito, con amor, perverando, dando pasos graduales y al mismo tiempo audaces, pero nunca ni violentos, ni molestos para nadie, sino conciliadores y reconciliadores".
El prelado no descartó que, luego de la visita del Papa, las procesiones celebradas y el mensaje que dirigió por medio de una emisora estatal resulten "indicadores de una realidad nueva en la Iglesia, en el seno de nuestro pueblo y en la vida de la comunidad cristiana".
"Tendría que haber también otros signos y los esperamos, sin impaciencia y sin angustia", dijo Ortega, quien exhortó a los cristianos a "esperar dando los pasos graduales, siempre para sembrar el amor".
En similar lenguaje "de paz y conciliación", el cardenal exaltó en su mensaje radiofónico la opción por "los pobres y los humildes" de la Iglesia Católica y el deseo de "recuperar los valores en los cuales una nación se forja, crece y se desarrolla".
Definió a éstos como "valores simples, pero imprescindibles que la familia ha trasmitido a sus hijos de generación en generación y que tienen que ver con la sinceridad, la honestidad, la justicia, la lealtad y tantas otras virtudes que es necesario cultivar".
Dentro de su "acción pastoral"el catolicismo cubano expone de manera frecuente sus opiniones respecto de asuntos que atañen a la sociedad actual.
En ese sentido, Palabra Nueva, publicación de la arquidiócesis de La Habana, insertó en su última edición un extenso artículo que critica la posición oficial respecto del aborto, legalizado por la Revolución triunfante en 1959.
La misma revista incluyó palabras de Ortega en la Asamblea Diocesana de 1998, en las cuales el prelado aclara que la lucha cristiana "no es contra los poderes de este mundo" y hace precisiones respecto del protagonismo de los laicos a que se refirió el Papa en visita.
El Papa "no propone reclamar la apertura inmediata" ni exigir "un cambio radical" en pos de esa participación, "sino justamente lo contrario", dijo sobre su invitación a participar en la vida social, económica y política y a reclamar los espacios que les corresponde a los cristianos en esos campos.
Se trata, según el cardenal, de un "esfuerzo si se quiere 'agónico', para que se vayan obteniendo paso a paso y con mucha creatividad, realismo y moderación los espacios a los cuales él se refiere".
"Cualquier apreciación equivocada con respecto a esto puede producir lo mismo acciones inadecuadas, imprudentes, contraproducentes, como de otro lado inercia o pasividad", señala.
Académicos seguidores de las relaciones Iglesia-Estado, en las cuales no faltaron momentos conflictivos, creen ver en las precisiones del cardenal cubano un llamado al diálogo y la moderación en el necesario esfuerzo de los católicos por insertarse e influir en la sociedad.
"Resulta evidente el terreno ganado en los últimos años y aunque son varias sus demandas insatisfechas, como mayor acceso a los medios de comunicacion o a la educación de las nuevas generaciones, no pueden arriesgarse a retrocesos", consideró un experto que reclamó reserva sobre su identidad.
Lejos de querer perder espacio, la jerarquía eclesiástica parece confiar en extender sus límites, alcanzando metas de manera creativa, gradual "a mediano y a largo plazo". (FIN/IPS/pg/mj/ip cr/98


