La Iglesia Católica de Chile realizó por primera vez, 25 años del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, un masivo oficio religioso por la unidad nacional, en un renovado esfuerzo por reconciliar a un país dividido.
El arzobispo de Santiago, Francisco Javier Errázuriz, quien celebró la misa en el Templo Votivo de Maipú la noche de este martes, calificó de signo alentador la presencia en el lugar de altos mandos militares y de dirigentes de casi todos los sectores políticos.
Pero el primado de la Iglesia advirtió a la vez que se requiere de nuevas iniciativas para restañar las consecuencias de las violaciones de derechos humanos cometidas entre el 11 de septiembre de 1973 y el 11 de marzo de 1990 y alcanzar la ansiada reconciliación nacional.
El ex dictador y actual senador vitalicio Augusto Pinochet fue el gran protagonista ausente de la misa celebrada en Maipú, un histórico municipio aledaño a Santiago, escenario de la batalla del 5 de abril de 1818 que selló la independencia de Chile de la corona española.
Parlamentarios del Partido Socialista habían advertido que se retirarían del templo si Pinochet asistía al oficio religioso, ya que el anciano general retirado de 82 años no hizo jamás un gesto real en favor de la reconciliación, según dijeron.
Tampoco participaron en la misa dirigentes del Partido Comunista, de otros grupos de la izquierda extraparlamentaria ni las organizaciones que nuclean a familiares de detenidos- desaparecidos y de ejecutados por razones políticos.
Las asociaciones de víctimas de la represión dictatorial valoraron la iniciativa de la Iglesia, pero indicaron que para alcanzar la reconciliación y la unidad nacional es necesaria la "verdad y justicia" en materia de crímenes contra los derechos humanos.
"Espero que seamos capaces de mirar esta fecha (del 11 de septiembre de 1973) como un pasado histórico. Pero para que sea un pasado histórico debemos ser capaces de curar nuestras heridas", dijo el presidente Eduardo Frei.
El oficio religioso fue un anticipo del Día de la Unidad Nacional, que a partir de 1999 se celebrará el primer lunes de septiembre, en sustitución del feriado del 11 de septiembre que la dictadura de Pinochet instauró desde 1974.
El 19 de agosto último se alcanzó un acuerdo en ese sentido en el Senado gracias a una negociación del propio Pinochet con la máxima autoridad de la cámara alta, Andrés Zaldívar, precandidato presidencial del Partido Demócrata Cristiano (PDC).
Esta gestión del ex dictador fue calificada por sectores de izquierda como una maniobra oportunista, que no refleja un sincero propósito de revisión autocrítica de los actos represivos del prolongado régimen militar.
Pinochet se ha negado sistemáticamente a gestos como pedir perdón por los crímenes contra los derechos humanos o a facilitar informes militares para que se puedan ubicar los restos de unas 1.200 víctimas de desapariciones forzadas.
El arzobispo Errázuriz aludió indirectamente a estos aspectos, al recalcar la necesidad de "nuevas iniciativas" en pro de la reconciliación luego del acuerdo que permitirá derogar desde el próximo año el feriado del 11 de septiembre.
Las Fuerzas Armadas y la policía de Carabineros se abstendrán este viernes de realizar desfiles y otras ceremonias castrenses conmemorativas del golpe, y sólo celebrarán misas en recuerdo de sus efectivos muertos en actos de servicio entre 1973 y 1990.
En su homilía, el primado católico invitó a analizar el golpe de 1973 desde una perspectiva humana, subrayando que el derrocamiento del gobierno de Salvador Allende abrió un período de luto y de dolor para gran parte de la sociedad chilena.
Fustigó los métodos de tortura y eliminación "de muchos de nuestros hermanos" e indicó que, si bien murieron uniformadas en situaciones de violencia, la mayoría de las víctimas fueron dirigentes políticos y civiles.
El arzobispo Errázuriz exhortó a orar por "el eterno descanso" de las víctimas y recalcó que se requiere de nuevas iniciativas para que los familiares de los desaparecidos puedan encontrar a sus seres queridos y perdonar a sus victimarios.
Admitió, sin embago que pueden quedar en la impunidad legal muchas de las violaciones, "pero no en la (impunidad) ética", porque "la voz acusatoria de la conciencia y la pérdida de la paz es un castigo mucho peor que la pérdida de la libertad física".
Pese a los esfuerzos de la Iglesia Católica, este aniversario número 25 del golpe de 1973 se proyecta una vez más con caracteres conflictivos, en la medida de que continúa abierto el capítulo de las violaciones de los derechos humanos.
Las organizaciones humanitarias y partidos de izquierda deseaban rendir este viernes homenaje a Allende desfilando por un costado del palacio presidencial de La Moneda, donde el presidente socialista se suicidó tras su infructuosa resistencia a los golpistas en defensa de la institucionalidad.
Pero el gobierno de Frei negó el permiso para el paso del desfile por La Moneda, pese a que los partidos de la oficialista Conertación por la Democracia pidieron que este año se autorizara por primera vez el desplazamiento de manifestantes por el lugar.
Así, es predecible que una vez más, como dijeron políticos de izquierda, "el pueblo intente legítimamente desfilar por La Moneda", lo cual podría reeditar los enfrentamientos con la policía, característicos de cada 11 de septiembre en Chile. (FIN/IPS/ggr/mj/hd-ip/98


