BRASIL: Crisis financiera, última oportunidad para la oposición

La oposición trata de aprovechar los efectos de la crisis financiera internacional en Brasil como última oportunidad para evitar la reelección del presidente Fernando Henrique Cardoso el 4 de octubre.

La táctica tiene pocas posibilidades de éxito. La población confía más en el actual presidente que en los opositores para enfrentar las turbulencias, según encuestas y analistas políticos.

Cardoso está más preparado para hacer frente a la crisis, según 54 por ciento de los electores consultados por Datafolha, instituto de sondeos del diario Folha de Sao Paulo.

El principal candidato de oposición, el ex obrero metalúrgico Luis Inacio Lula da Silva, postulado por una alianza de siete partidos de izquierda, solo obtuvo 24 por ciento de las preferencias.

La diferencia es muy superior que la revelada en la última encuesta de Datafolha, hecha el 1 y 2 de septiembre, sobre intenciones de voto: 48 por ciento para Cardoso y 26 por ciento para Lula.

El tercer candidato en la preferencia del electorado, el ex ministro de Hacienda Ciro Gomes, obtuvo siete por ciento de intenciones de voto y solo cinco por ciento lo consideró el mejor para enfrentar la tormenta financiera.

La oposición puede, por lo tanto, estar actuando contra sus propios intereses al pintar con colores dramáticos el callejón casi sin salida en que, según sus acusaciones, el actual gobierno metió el país.

El temor a los efectos de la crisis, azuzado por opositores, ayuda a la reelección, estimó el coordinador de la campaña de Cardoso en la televisión, el publicitario Nizan Guanaes.

En las últimas semanas, tanto Lula como Gomes, candidato del Partido Popular Socialista (ex comunista), eligieron la crisis de las bolsas acompañada de una intensa fuga de capitales como el principal punto de sus campañas.

Con las críticas concentradas en la política económica que llevó el país al "desastre", los opositores intentan impedir el triunfo de Cardoso por mayoría absoluta el 4 de octubre, hecho que evitaría una segunda vuelta el 25 de octubre.

El presidente fue acusado de "falta de coraje" tanto por eludir el debate sobre la cuestión como por estar postergando medidas para después de las elecciones.

Por eso, Cardoso destacó su disposición a adoptar acciones duras e incluso "impopulares", sin consideraciones electorales, al anunciar el martes un recorte de 3.400 millones de dólares en los gastos gubernamentales de este año y metas de reducción del déficit público para los próximos tres años.

Un alza de las tasas de interés de 19 a 29,75 por ciento ya había sido anunciada el viernes por el Banco Central, ante el agravamiento de la fuga de capitales, con la salida del país de 2.900 millones de dólares en un solo día.

Economistas del Partido de los Trabajadores (PT), que lidera Lula, calificaron de "electoreras" e insuficientes las medidas. Son "ridículas", opinó, por su parte, Ciro Gomes, desafiando al presidente Cardoso a un debate para buscar soluciones a la crisis.

Además, dijeron que la recesión y el desempleo se agravarán. Ambos puntos ocupaban el centro de las críticas opositoras antes de que la crisis asiática y rusa provocase la pérdida de más de 16.000 millones de las reservas cambiarias brasileñas, ahora estimadas en cerca de 58.000 millones de dólares.

Analistas económicos menos involucrados en la política electoral calculan que las consecuencias de los altos intereses y del esfuerzo fiscal no se sentirán antes de las elecciones de forma tal que puedan influir en el resultado.

En medio de los ataques opositores, el presidente Cardoso ganó un importante argumento a favor de su gestión. El Informe de Naciones Unidas sobre Desarrollo Humano apuntó una mejora en Brasil, que pasó a integrar el grupo de países de "alto desarrollo".

Brasil pasó del puesto 68 al 62 entre las 174 naciones evaluadas, alcanzando un índice de 0,809, suficiente para superar el 0,80 que separa los de desarrollo mediano y alto.

Para eso fue decisivo el Plan Real de estabilización económica, impulsado por Cardoso cuando era ministro de Hacienda y luego como presidente desde 1995.

El fin de la elevada inflación, el éxito que asegura su gran popularidad y su probable reelección, permitió reducir las desigualdades sociales en el país y mejorar el consumo y la calidad de vida de millones de pobres brasileños. (FIN/IPS/mo/mj/ip if/98

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