VENEZUELA: La democracia busca a sus 40 años un cambio radical

La democracia de Venezuela cumple 40 años este viernes, coincidiendo con el fin de un tiempo histórico que ha agotado su modelo de gestión política, mientras la inmensa mayoría de la población reclama cambios radicales.

El 23 de enero de 1958 el general Marcos Pérez Jiménez, quien gobernaba desde 1948, fue derrocado por la sublevación de militares encabezados por el contraalmirante Wolfgang Larrazábal, y de civiles que ganaron las calles a órdenes de la Junta Patriótica creada por los cuatro partidos políticos de la época.

Desde entonces Venezuela ha sido gobernada por civiles elegidos cada cinco años. La población ha pasado de seis a 23 millones de habitantes. Tres de cada cuatro eran y siguen pobres. El petróleo permanece como motor de la economía. La violencia emigró de la política pero se ha asentado en la vida ciudadana.

Todas las encuestas conocidas el último semestre muestran un mayoritario apoyo de los venezolanos a la democracia, junto con sus exigencias porque con más participación y nuevos contenidos acabe la "partidocracia", así como su creencia en que el el momento para los cambios necesarios ya ha llegado.

Las cuatro décadas son un fuerte imán para los balances, pero contra esa tentación se insurge uno de los más lúcidos analistas del país, el ex canciller socialdemócrata Simón Alberto Consalvi. "No debemos confundir el balance de 40 años de democracia con el fin de un tiempo histórico", dijo.

"Estamos al final de un período histórico, y esos períodos no se alargan caprichosamente, por astucia o inteligencia de los protagonistas", señaló Consalvi este jueves. "Llegan a un final y no hay poder humano que los prolongue".

Los 40 años de la democracia coinciden con el final de los 70 años de paternalismo alentado por el Estado y el agotamiento de la conducción de la economía que hizo con diferentes recetas. "La crisis es general", subrayó Consalvi.

Durante estas cuatro décadas Venezuela ensayó el desarrollo manufacturero a base de sustituir importaciones, instalar industrias pesadas, nacionalizar el petróleo y realizar una reforma agraria que menguó mientras el país se urbanizaba. Desde 1989 hizo dos ajustes macroeconómicos para revertir la tendencia.

Se masificaron la educación, la salud y en menor medida la vivienda de interés social, así como los servicios básicos, pero la mayor parte de esos programas ha colapsado por insuficiencia de recursos frente a exceso de burocracia y gasto corriente.

El bienestar de la población creció hasta fines de los años 70, pero desde entonces decreció sin cesar. Cayó el salario real, más de 70 por ciento de la gente vive en algún grado de pobreza, y persiste como una llaga la violación de los derechos humanos, cuyo ángulo más atroz es la situación carcelaria.

"Todos los gobiernos democráticos estamos aplazados en educación, salud, seguridad y justicia", observó Freddy Rojas, ex presidente del principal organismo de los empresarios de Venezuela y ministro de Hacienda del presidente Rafael Caldera.

Carlos Blanco, ex ministro para la reforma del Estado, consideró a su vez que "la democracia venezolana se parece a esas personas que de puro viejas se mueren y se ha convertido en un fastidio para la inmensa mayoría de los venezolanos".

La mayor parte de la población nació y ha vivido en democracia "por lo que la dictadura es una alusión remota y frecuentemente literaria e histórica", dijo Blanco. Con apoyo en el sociólogo Heinz Sonntag, recordó que "los jóvenes de 20 a 25 años sólo han vivido en la decadencia de la democracia".

Para esos jóvenes, y a despecho de que Consalvi reclame "no juzgar cuatro décadas por las escaseces de los últimos años", el sistema político prevaleciente "es una burla respecto de sus ofertas y posibilidades", dijo Blanco.

Los estudios de opinión, recuerda Blanco, destacan que el grado de radicalidad de los venezolanos es muy elevado. "Se aspira a reformas radicales para enmendar los yerros de la democracia, aunque también la mayoría señala que deben hacerse en forma pacífica y en el marco de la democracia", indicó.

Insistió en que "el resultado (de las encuestas) es negativo en forma avasallante para las instituciones propias de la democracia: partidos, parlamento, gobierno, empresarios y sindicatos", lo que revela que "lo que los ciudadanos critican es el descalabro de la calidad de la libertad".

"Si algo hay para celebrar este 23 de enero es que hay una inmensa demanda y una ocasión, aunque riesgosa, para las reformas radicales", requiriéndose "un nuevo liderazgo, que se asoma, pero no se atreve todavía, y parece faltar, desdichadamente, un período de crisis todavía más largo", sentenció Blanco.

El liderazgo nuevo se insinúa al margen de los partidos, todos los cuales muestran un agotamiento cuya señal más visible es que, para las elecciones de diciembre, los cuatro candidatos presidenciales con más posibilidades son independientes y algunos reivindican su enemistad con esas organizaciones.

Pero también los partidos perciben el fin del período, y por ejemplo el mayor desde hace más de medio siglo, el socialdemócrata Acción Democrática, ha propuesto un "pacto nacional" para que los principales actores de la sociedad inicien la quinta década de democracia con un programa común. (FIN/IPS/jz/dg/ip/98

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