El sistema de salud de Cuba ha sufrido las consecuencias de la crisis económica que vive el país desde 1990, pero la mortalidad infantil continuó descendiendo a niveles solo comparables con los del mundo desarrollado.
El ministro de Salud Pública, Carlos Dotres, reveló que Cuba terminó 1997 con una mortalidad infantil de 7,2 por cada 1.000 nacidos vivos, la mejor en la historia de la isla.
Este indicador ubica a Cuba entre las primeras 30 naciones con más baja mortalidad infantil y como único país de America Latina y del mundo en desarrollo con una cifra tan baja, según el titular de Salud.
Según el Estado de la Población Mundial en 1997, informe anual del Fondo de las Naciones Unidas para la Población, Cuba figura en la lista americana de países con menos muertes de lactantes en tercer lugar después de Estados Unidos y Canadá.
Las estadísticas son cambiantes en América Latina y el Caribe. Mientras Costa Rica y Chile son de 12 y 13 fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos, las tasas se disparan en Ecuador (46), Perú (45), Brasil (42) y Guatemala (40).
Africa es la región del mundo con mayor mortalidad de lactantes (86 cada 1.000 nacidos vivos), seguida de Asia (56), América Latina y el Caribe (35), Oceanía (24), países de la antigua URSS con economías de transición (7), América del Norte (7) y Europa.
El promedio mundial de mortalidad infantil es de 60 fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos, cifra similar a la de Cuba en 1959, año del arribo al poder del actual presidente Fidel Castro.
La mortalidad infantil en Cuba pasó de 27,5 en 1975 a 10,7 en 1990, año considerado el inicio de la peor crisis económica en la isla de la segunda mitad de este siglo.
El sistema de salud pública sufrió los efectos de la caída de 34,8 por ciento del producto interno bruto en tres años y del bloqueo de los Estados Unidos a la isla que encarece los productos y le niega el acceso a medicamentos y tecnologías.
La crisis se manifestó en la escasez de medicamentos y artículos tan elementales como agujas de inyección, suturas y algodón estéril, y de los productos necesarios para matener la higiene en las instituciones sanitarias.
Pero, de acuerdo con la Oficina Nacional de Estadísticas, la mortalidad infantil mantuvo su tendencia al descenso con un ligero deterioro en los peores años de la crisis, cuando subió de 9,4 en 1993 a 9,9 en 1994.
El ministro de Salud indicó que el año pasado descendió la mortalidad de menores de cinco años hasta 9,3 por cada 1.000 nacidos vivos, la mortalidad materna fue de 2,2 por 10.000 nacidos vivos, y el bajo peso al nacer fue de 6,9 por ciento.
En 1997 se registraron 152.547 nacimientos, 12.000 más que los ocurridos en 1996, de los cuales 99,8 por ciento se produjeron en centros de salud, afirmó Dotres.
El funcionario destacó que en Cuba se eliminó la poliomelitis, el tétanos del recién nacido y del niño, la difteria y el sarampión y que están en camio de eliminarse la rubeola y la tos ferina.
Dotres consideró disminuciones significativas las registradas en enfermedades infecto-contagiosas, excepto el sida, y las crónicas no trasmisibles como la diabetes mellitus, asma bronquial, accidentes y cáncer.
El Ministerio de Salud Pública pretende eliminar este año el tétanos del adulto, la sífilis congénita, de la cual hubo solo dos casos el pasado año, la rubeola y la papera, y extender la cirugía de mínimo acceso a todo el país.
Expertos de diferentes agencias de las Naciones Unidas radicados en La Habana estiman que solo la prioridad asignada por el gobierno al sistema de salud ha logrado evitar el deterioro de los indicadores básicos.
El sistema de agencias de la ONU realizó en noviembre pasado un encuentro en la isla destinado a estimular la movilización de recursos interacionales en un intento por evitar cualquier impacto de la crisis económica en los indicadores de salud en la isla.
Cuba destinará este año 71 por ciento del presupuesto anual del Estado a los sistemas de salud y educación, según el presupuesto aprobado en diciembre por la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento). (FIN/IPS/da/mj/he/97


