Uno de los resultados de las elecciones de octubre de 1998 en Brasil ya es previsible. La presencia femenina en la Cámara de Diputados federal y en las asambleas legislativas de los estados se ampliará.
Por primera vez en comicios de esta naturaleza, se aplicarán las cuotas que aseguran mayor participación femenina. Los partidos están obligados a presentar por lo menos 25 por ciento de mujeres entre sus candidatos parlamentarios.
Una experiencia anterior con ese mecanismo, en las elecciones municipales de 1996, permitió a las mujeres elevar a 11,14 por ciento su representación en los concejos del país, impulsada por una cuota de 20 por ciento. En el período anterior ellas eran solo 7,58 por ciento del total de concejales.
Las cuotas aceleran una tendencia registrada desde la década pasada en Brasil, de aumento de la parte femenina en el poder político, en especial en el legislativo.
Las mujeres brasileñas ganaron derechos políticos en 1932, antes que en muchos países más desarrollados, como Argentina, pero en pocas legislaturas ellas lograron más de una solitaria representante en la Cámara de Diputados o en el Senado.
En el total de parlamentarios desde que Brasil se convirtió en una república en 1889 hasta ahora, la participación femenina se limitó a 0,88 por ciento, según Maria Aparecida de Oliveira, cientista política que investigó el asunto.
Pero esa realidad empezó a cambiar en 1978, cuando se eligieron cuatro diputadas, cantidad que se duplicó en las elecciones siguientes, en 1982. Cuatro años después fue el "gran salto", pues resultaron electas 26 diputadas, más de cinco por ciento de la Cámara.
En las elecciones de 1990, el número subió a 29.
El parlamento resultante de los comicios de 1994 cuenta con 39 diputadas en un total de 513 y seis senadoras en 81. Es decir que solo 7,6 por ciento de los congresistas son mujeres.
La diputada Marta Suplicy, líder de la lucha por las cuotas electorales, recuerda con frecuencia la proyección de Naciones Unidas según la cual, al ritmo actual, solo dentro de 400 años se alcanzará el equilibrio de género en los parlamentos del mundo.
El sistema de cuotas es la única vía conocida para acelerar ese proceso, argumenta Suplicy, quien recordó los ejemplos de Argentina y Noruega, donde el mecanismo se aplicó con éxito. Hoy es una bandera en que al parecer se concretará en muchos países latinoamericanos.
La cuota de 25 por ciento es temporal, válida solo para las próximas elecciones. Un proyecto de la Suplicy, en trámite en el Congreso, procura establecer una cuota de 30 por ciento en el Código Electoral, permanente y para todos los comicios.
La diputada del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), que además defiende propuestas polémicas como la legalización del aborto y de contratos matrimoniales entre homosexuales, sueña también ampliar el papel femenino en el poder ejecutivo.
Suplicy quiere disputar en octubre el gobierno estadual de Sao Paulo, uno de los cargos de más autoridad en Brasil y hasta ahora exclusivamente masculino, considerado una antesala de la presidencia del país, otro cargo considerado tabú para una mujer y objetivo lejano confesado por la diputada.
Las líderes del movimiento por las cuotas no esperan en los próximos comicios convertir el 25 por ciento de candidaturas en la misma proporción de diputadas nacionales y estaduales elegidas.
Es que la mayoría de los partidos no preparan candidatas y no les ofrece el apoyo concedido a los varones. Además, incluirán entre sus candidaturas a mujeres sin ninguna posibilidad electoral solo para cumplir la exigencia legal, como ocurrió en las elecciones municipales de 1996, se prevé.
La preocupación por promover mujeres en la política es en Brasil un mérito de la izquierda. De los 16 partidos con representación en el Congreso Nacional, solo cuatro, todos ellos izquierdistas, contemplan cuotas femeninas en sus estatutos.
Es lo que constató Sonia Malheiros, una de las coordinadoras del Centro Feminista de Estudios y Asesoría (Cfemea), organización no gubernamental radicada en Brasilia que acompaña proyectos de interés para las mujeres, en procura de su aprobación en el parlamento.
En consecuencia, mientras 14 por ciento de los diputados del PT son mujeres, el Partido Progresista Brasileño, considerado el más derechista, cuenta solo con 2,5 por ciento, y el Partido del Frente Liberal, también conservador, 5,4 por ciento.
En relación con la presencia femenina en los municipios los datos son poco confiables por una sintomática falla del sistema electoral, cuyos registros no se preocupan en precisar el sexo de los candidatos, dejando por supuesto que se trata de actividad masculina.
El Cfemea descubrió en los resultados de los comicios de 1996 numerosas mujeres concejales o alcaldesas apuntadas como hombres. El error se pudo identificar por las ocupaciones y profesiones indicadas, comúmente femeninas, como amas de casa o secretarias. (FIN/IPS/mo/mj/ip/98


