El año que se esfuma no ha sido uno más de los 28 de historia del proceso de integración andino. Logró devolver al seno del grupo a Perú una vez ido, se remozó y cambió de nombre y recuperó su capacidad de soñar con ser un mercado común.
Además navegó sin perder el curso, aunque sí el ritmo de sus reuniones, entre la crisis institucional que en febrero llevó a Ecuador, el país que ostentó la presidencia del bloque durante el año, a tener tres mandatarios simultáneos, en una década en que la crisis de gobernabilidad ha sido el distintivo andino.
La Comunidad Andina (CA), formada por Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, surcó sin salpicadura negativa alguna por la elección popular como presidente boliviano de Hugo Banzer, el general que 30 años atrás ostentó el poder como dictador.
Pero si en lo interno descendió por un empedrado y traicionero lecho de 1997 sin ahogarse -aunque entre abril y junio pareció que la turbulencia de las aguas de la disidencia de Perú la dejaría malherida- la CA fracasó en su mayor esfuerzo externo.
Se trató del postergado intento de sellar antes del 31 de diciembre un acuerdo de libre comercio con el Mercado Común del Sur (Mercosur), el bloque que con su potencial económico y su dinamismo integrador irrumpió en escena esta década, para poner a la CA ante los límites de su propio proceso.
La CA apostó mucho a este acuerdo y la herida abierta por el fracaso en arrancar 1998 con una desgravación con los cuatro socios del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) tuvo su contrapeso en el reinicio del diálogo político con la Unión Europea (UE), en septiembre.
El ministro de Industria y Comercio de Venezuela, Freddy Rojas, y el presidente de la Corporación Andina de Fomento (CAF), el boliviano Enrique García, consideraron que la UE repuso en su agenda a la CA, como el mayor saldo positivo del frente extraandino de 1997.
El año comenzó con un ultimátum a Perú de los cuatro socios restantes: antes de culminar marzo el gobierno de Alberto Fujimori debía poner fin al juego iniciado en agosto de 1992 de mantenerse con un pie dentro y otro fuera del grupo, del que fue fundador y es sede.
La tensa busqueda de una fórmula que satisfajera a los cinco duró hasta abril, cuando el día 11 los ministros de Comercio "rompieron la baraja" y en un gesto que se dio por definitivo Fujimori anunció el retiro de Perú del todavía Grupo Andino.
El origen del divorcio que no llegó a ser firmado se halla en el rechazo peruano a asumir el arancel externo común, en vigor desde febrero de 1995. Lima mantiene un gravamen lineal, en lugar del escalonado andino, que al igual que el del Mercosur aumenta la barrera a medida que crece el procesamiento del producto.
Pero lo más urticante era que Perú no se sumaba a la zona de libre comercio que opera entre los demás miembros a plenitud desde 1993, aunque Lima y sus socios protegieron parcialmente sus mutuas corrientes comerciales, mediante acuerdos bilaterales.
Los cuatro socios activos emprendieron una doble estrategia: una ofensiva de actividades para mostrar a Perú y a la comunidad extraandina que ese era el único obstáculo para el dinamismo del bloque con 100 millones de consumidores y alardear de un gran alivio porque había desaparecido el trauma de la incertidumbre.
Y, en tanto, mantener un hilo negociador permanente con Lima, para evitar que lo que en público decían que era "agua pasada" llegara a serlo realmente.
Perú, por su parte, no formalizó la salida y en la suma y la resta de la medida, el saldo comenzó a darle en rojo si se aislaba de su bloque natural, donde tiene un nivel de mayor competivididad para sus productos y del que recibe sólo en préstamos de la CAF más de 500 millones de dólares al año.
Los presidentes de los cuatro socios activaron un profundo cambio institucional del bloque, el 22 de abril, en la ciudad boliviana de Sucre, en una cumbre a la que Fujimori no fue invitado.
El ausente escogió esa fecha para asaltar la embajada japonesa tomada por la guerrilla durante 126 días, lo que opacó lo que sucedía en Sucre en el marco andino y extra andino.
En Sucre, el Pacto Andino dio paso a la formalmente Comunidad Andina de Naciones y la Junta técnica a una Secretaría General, con alto poder político y al frente una figura de peso en la escena latinoamericana, el venezolano Sebastián Alegrett.
Además, el Consejo Presidencial y el Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores pasaron a actuar por encima de la Comisión de ministros de Comercio, con un Consejo Ampliado en que actúan en conjunto cancilleres y titulares de Comercio.
El nuevo Sistema Andino de Integración, donde se coordinan todos los órganos financieros, jurídicos, culturales o sociales del bloque, adquirió así un mayor perfil político, que equilibre la prioridad a la apertura comercial iniciada en 1989.
Entre 1989 y 1992, los socios andinos avanzaron en la integración a trancadas, con más logros que en los 20 años previos, pero imponiendo una impronta neoliberal al proceso.
Desde 1992, las crisis institucionales de Perú y Venezuela, junto con la de Colombia en 1995 y 1996, se unieron al diferendo con Lima y las recesiones económicas internas para colocar n freno al proceso, que duró hasta junio de este año.
En Sucre, los presidentes llegaron a definir a Bogotá como nueva sede andina, si en 60 días no se superaba la crisis con Perú, pero las negociaciones dieron sus frutos y desde el 1 de agosto Lima se integró a la zona de libre comercio, aunque con un esquema que posterga la culminación del proceso hasta 1999.
La adhesión peruana al arancel comunitario nunca fue el punto de fricción y los demás miembros están convencidos de que la convergencia se dará en forma natural, más pronto que tarde, incluso con una disminución de los niveles del gravamen andino.
El retorno peruano y la nueva institucionalidad marcaron un dinamismo andino que en su parte más visible se consumió en el intento por alcanzar el acuerdo con Mercosur, pero al tenor de las encubiertas quejas de diciembre, en el sur la voluntad política no se reflejó en la mesa técnica de negociación.
El objetivo es un acuerdo del tipo más simple, que incluye sólo a las mercancías.
Pero las diferencias en los plazos para la liberalización, la cantidad de parte nacional que deben tener los productos para ser incluidos en el acuerdo y el sector agrícola se convirtieron en obstáculos por ahora infranqueables.
Detrás está la percepción de que Mercosur "no negocia, sino que dice esto hay, tomen o dejen", criticó Pedro Carmona, el dirigente del sector privado venezolano más cercano a la negociación y en general a la integración andina, de la que fue coordinador hace 15 años.
La nueva fecha para la suscripción del acuerdo es marzo, dijo el ministro Rojas, pero desde el sur llega el eco de que la firma se daría en abril, durante la cumbre continental que lanzará las negociaciones para el Area de Libre Comercio de América.
En tanto, el comercio intraandino sigue su lenta aproximación a los 5.000 millones de dólares anuales, tras crecer este año en 16 por ciento, cuando a comienzos de la década lo hacía a un ritmo de 34 por ciento.
Pero el secretario Alegrett confió en que la reactivación económica de Colombia y Venezuela, los motores del bloque, dinamizará el intercambio desde 1998.
El año próximo tendrá el handicap de que habrá elecciones en Colombia y Venezuela, pero Rojas anticipó que eso no incidirá en los proyectos del bloque, que comenzará en el primer trimestre a dar pasos hacia la armonización macroeconómica, con reuniones ministeriales que abran el camino hacia un mercado común.
"No será una tarea fácil", dijo Rojas, quien era decano de los ministros andinos de Comercio pero abandonará el puesto en enero para centrarse en su nuevo cargo de ministro de Hacienda y alentar desde allí medidas de armonización. "Estamos maduros para comenzar a dar el paso", señaló.
El iniciar el camino hacia el mercado común, la meta con la que surgió en 1969 el grupo, fue otro mandato preciso emanado de Sucre. (FIN/IPS/eg/dg/if-ip/97


