Varios grupos de turistas conversan en los jardines del Hotel Nacional en la capital de Cuba, un hombre solo contempla el mar y una pareja averigua los precios de una excursión.
Para un recién llegado podría tratarse de un día cualquiera en un hotel cinco estrellas reservado al turismo internacional en el mismo centro de La Habana.
Pero un conocedor no puede evitar buscar las huellas. En algún lugar de ese mismo vestíbulo estalló el día 11 un artefacto explosivo que, según versiones oficiales, hirió a tres personas. A unos 300 metros de allí y con una diferencia de 10 minutos, se registró otra explosión en el Hotel Capri.
Los cristales fueron colocados de inmediato y nada parece recordar lo ocurrido, salvo algunos cambios en el mobiliario, la ausencia en el Hotel Nacional de una cabina telefónica y el aumento de las medidas de seguridad.
"Hay que ver quién tiene miedo", dijo este lunes el viceministro de Turismo, Eduardo Rodríguez de la Vega, e informó que que pese a los atentados siguen completos los vuelos que llegan a Cuba.
Las explosiones, ocurridas en pleno día, fueron interpretadas por fuentes oficiales como una acción de los enemigos del gobierno de Fidel Castro para frenar la industria turística, uno de los sectores más dinámicos de la economía cubana.
El Ministerio del Interior aseguró en un comunicado emitido el mismo día 11 que Cuba tenía evidencias de que provenían de Estados Unidos tanto los autores como los materiales utilizados en los atentados contra los dos hoteles.
Rodríguez de la Vega responsabilizó a grupos de cubanos radicados en Estados Unidos que habrían actuado con organizaciones "muy cercanas" al gobierno del presidente Bill Clinton.
Vladimiro Roca, miembro del Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna, condenó el domingo 12 "todo tipo de acción violenta y sobre todo terrorista" y descartó que los autores de los atentados estén vinculados a alguno de los grupos de la oposición, ilegal pero pacífica, que actúa en la isla.
Roca y los otros tres miembros de ese grupo, Félix Bonne, Marta Beatriz Roque y René Gómez Manzano, fueron detenidos el día 17 como "sospechosos de actividades contarevolucionarias", según informó la cancillería cubana.
Pero observadores locales no vincularon las detenciones de los disidentes a los atentados sino a varios informes sobre la realidad cubana elaborados por ese grupo y distribuidos entre diplomáticos y la prensa extranjera acreditada en la isla.
Fuentes del Ministerio de Turismo aseguran que durante la pasada temporada alta, desde diciembre del pasado año hasta marzo pasado, la afluencia de visitantes creció en 54.469 personas en comparación con la temporada anterior.
Cuba atrajo a algo más de un millón de turistas el año pasado y esta actividad aportó a las arcas del Estado 1.300 millones de dólares para afianzarse como principal fuente de ingresos, frente a los rubros exportables tradicionales como el azúcar y el níquel.
Para este año, las autoridades ampliaron el concepto de turista al de visitante, a la hora de medir los resultados de la actividad, y esperan recibir 1.190.000 visitantes y hacer énfasis en el crecimiento de los períodos considerados de baja temporada.
El viceministro de Turismo cubano aseguró que en 1998 Cuba debe atraer 1.400.000 visitantes y el año 2.000 se espera que la cifra se ubique alrededor de los dos millones.
Mientras las autoridades transmiten mensajes de tranquilidad, expertos locales aseguran que habrá que esperar el paso de los días para saber hasta que punto las explosiones de los hoteles Nacional y Capri afectarán el flujo de turistas.
Contra los pronósticos más pesimistas, el derribo de dos avionetas civiles con matrícula de Estados Unidos por las fuerzas aéreas cubanas en febrero del año pasado provocó pocas cancelaciones.
Sin embargo, los disturbios contra el gobierno del 5 de agosto de 1994 y el éxodo de unos 30.000 cubanos durante la "crisis de los balseros" ese mismo año, provocaron una abrupta caída del turismo.
Por esta causa dejaron de venir a Cuba ese año unos 80.000 turistas y la secuela de los sucesos duraron hasta mediados de julio del año siguiente, cuando el sector comenzó a dar muestras de recuperación.
Los expertos estiman que entre agosto de 1994 y la primera mitad de 1995 se produjo un retraso de aproximadamente un año en el desarrollo del turismo como consecuencia de la crisis de los balseros y deficiencias en la comercialización.
Pero una rectificación en la política de comercialización y un trabajo más agresivo e integral en algunos mercados, como Italia, hicieron que comenzara a recuperarse de manera lenta y sostenida hasta registrar un crecimiento de 33 por ciento el año pasado.
De acuerdo con la Organización Mundial del Turismo (OMT), en el año 2000 se moverán en el mundo entre 670 y 700 millones de turistas y de ellos viajarán al Caribe algo más de 20 millones, nueve millones más que en 1990.
Cuba es la mayor isla caribeña y atesora unos 1.200 recursos naturales, 537 atractivos turísticos, 75 sitios arqueológicos de interés, 60 zonas de buceo y dos zonas -La Habana Vieja y Trinidad-, declaradas Patrimonio de la Humanidad. (FIN/IPS/da/ag/ip-if/97


