Varias compañías farmacéuticas son acusadas de violar los derechos humanos en Sudáfrica por desentenderse de los sujetos de sus pruebas de fármacos contra el sida una vez que culminan los ensayos, sin importar que su salud haya mejorado.
Un creciente número de esperanzados portadores de VIH (virus de la inmunodeficiencia humana) y enfermos de sida quedan plantados tras someterse a ensayos con distintos medicamentos, lo que generó un debate que se extendió por toda la comunidad médica.
"Muchos pacientes que evolucionaban muy bien con la terapia de combinación enfermaron gravemente cuando les retiraron la medicación al final del ensayo", destacó David Spencer, médico de la Universidad de Witwatersrand.
"En los países ricos, la terapia de combinación generalmente está disponible en el sistema de salud pública, pero en los pobres no, por lo tanto los laboratorios deben suministrar fármacos de por vida a los pacientes que se ofrecen para sus pruebas", opinó Spencer.
El tratamiento más moderno del sida comprende un cóctel de diferentes drogas conocido como terapia de combinación, que aunque no cura la enfermedad, prolonga la vida saludable de los portadores del VIH . Un inconveniente es que cuestan hasta 20.000 dólares por paciente y por año.
En Sudáfrica, esos medicamentos sólo están disponibles a través del sector privado, generalmente sin ningún tipo de descuento. Naturalmente, sólo un puñado de los 2,5 millones de portadores del virus pueden adquirirlos.
Pero varios miles de pacientes tienen acceso al tratamiento mediante pruebas a corto plazo a cargo de laboratorios multinacionales. Al menos 10 de esos ensayos están en curso actualmente.
Ahora, comités de ética médica de toda Sudáfrica debaten sobre la aprobación de ensayos de tratamientos contra el sida que no garanticen el suministro a largo plazo de los fármacos.
Incluso, una compañía farmacéutica fue amenazada con una demanda judicial por interrumpir el tratamiento a 35 personas que se sometieron a sus pruebas.
Los países en desarrollo como Sudáfrica ofrecen varias ventajas a los laboratorios que desean probar sus medicamentos, ya que la diversidad de grupos étnicos garantiza datos más precisos, y los costos de salarios y hospitales son menores.
Además, los portadores sudafricanos de VIH tienen escasas probabilidades de haber desarrollado resistencia a ciertos fármacos porque, a diferencia de lo que ocurre en el Norte industrial, en general no recibieron otra medicación en el pasado.
Nueve de cada 10 personas con VIH viven en países en desarrollo. Aunque acuerdos internacionales como la Declaración de Derechos Humanos de Helsinki establecieron pautas para la ética de la investigación médica, no existe un mecanismo global para su aplicación, y en general los laboratorios los aplican a su propio criterio.
En el pasado, la mayoría de las empresas farmacéuticas suministraban medicamentos de por vida a los sujetos de sus pruebas, pero ello ocurría cuando los tratamientos consistían en la administración de una única droga.
Ahora, la terapia de combinación requiere fármacos elaborados por diferentes laboratorios, y las compañías acusadas argumentan que no pueden garantizar medicamentos de por vida si tienen que comprarlos a otras firmas.
"Extender el tratamiento gratuito sería muy costoso y poco práctico", declaró Charles de Wet, director médico del laboratorio austríaco Boehringer Ingelheim.
Además, "los pacientes saben a lo que se someten", dijo De Wet, aludiendo al formulario de consentimiento que los pacientes deben firmar antes de someterse al ensayo.
Pero Peter Cleaton-Jones, presidente del Comité de Investigaciones sobre Sujetos Humanos, discrepó. "Sudáfrica tiene muchos habitantes que no tienen la suficiente educación para entender las implicaciones de lo que hacen", señaló.
Aunque algunos críticos cuestionan la práctica de probar medicamentos costosos en un país pobre, existe una pequeña esperanza de que la terapia de combinación esté algún día al alcance de la mayoría de los sudafricanos.
ONUSIDA, el organismo de la Organización de las Naciones Unidas que coordina las actividades mundiales contra el sida, inició acciones regionales para mejorar el acceso a los fármacos en países en desarrollo.
"Algunos laboratorios parecen dispuestos a considerar la fabricación de fármacos a un costo muy bajo para naciones en desarrollo", informó Rose Smart, directora del Programa de VIH/Sida y Enfermedades de Transmisión Sexual del Departamento de Salud.
Mientras, el comité de ética de la Universidad de Witwatersrand intenta persuadir a las compañías farmacéuticas de continuar el tratamiento al menos en aquellos pacientes que registraron una mejoría notable durante la prueba.
"Sabemos que no podemos insistir en el tratamiento de por vida para todos porque implica demasiados medicamentos, pero al menos intentamos que los laboratorios ayuden a aquellos pacientes que podrían beneficiarse más", explicó Cleaton-Jones. (FIN/PANOS/tra-en/ts/dds/ml/he-dv/97) —— (*) IPS pone a disposición de sus suscriptores este material por un acuerdo de distribución con la institución internacional de comunicación Panos Features, de Londres


