Los triunfos del laborismo en Inglaterra y el socialismo en Francia tuvieron un fuerte impacto en Argentina, donde se aplicó la reforma neoliberal con ortodoxia, el Estado se replegó hasta casi desaparecer y la Iglesia quedó sola para atender graves problemas sociales.
El debate entre Estado y mercado, impensable hasta hace poco tiempo en Argentina debido a un protagonismo casi excluyente del segundo, comenzó ahora a insinuarse entre dirigentes políticos, sociales y religiosos que observan el florecimiento de los costos no deseados de la transformación neoliberal.
A principios de esta década, cuando asumió el presidente Carlos Menem, la opinión pública asimilaba Estado a inflación, burocracia, ineficiencia, corrupción, déficit y freno a la iniciativa privada. El mercado se erigía entonces como la institución que salvaría a los argentinos de todos los males.
Pero siete años después, cuando decantaron las reformas de Menem, el Estado no interviene, las empresas públicas se privatizaron y se reemplazaron valores de protección y distribución por otros de competencia y eficiencia, la sociedad argentina enfrenta una nueva crisis.
"Lo que le pasó a (Jacques) Chirac (el presidente francés), le está pasando a Menem: se quedó sin política", observó la dirigente Graciela Fernández Meijide, del opositor Frente País Solidario, durante su gira europea, adonde asistió al triunfo del socialista Lionel Jospin.
"Los chinos dicen: 'a la mano invisible del mercado hay que oponerle la mano visible del Estado", concluyó Fernández, una de las dirigentes políticas más críticas del gobierno por lo que considera la aplicación de un "liberalismo ciego" y por la "inexistencia de un Estado social".
En Argentina, el desempleo de 17,4 por ciento es el más alto de la historia nacional y de la región. La falta de trabajo fue el denominador común de las protestas con cortes de caminos que hubo en el interior en los últimos dos meses. El crecimiento económico no fomenta la creación de empleo.
En ese contexto, la pobreza crece y algunos economistas advierten que los pobres de hoy -que conviven con una tasa de inflación de menos de uno por ciento anual- son mucho más pobres que los de los '80, cuando campeaba la hiperinflación.
Un verdadero abismo se está abriendo entre ricos y pobres en una sociedad que estuvo tradicionalmente integrada como la argentina. Los expertos en asuntos sociales señalan que los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres.
La salud, la educación, la justicia y la seguridad, asuntos que el gobierno prometi atender con recursos provenientes de las privatizacines, estn hoy al borde del colapso.
Los maestros hacen huelga de hambre desde abril en reclamo de mayor presupuesto para la educación y la justicia es una de las instituciones con menos credibilidad en las encuestas.
En cambio, en las mismas encuestas en que se evidencia la falta de independencia en los fallos judiciales, se destaca el prestigio que adquieren los hombres y mujeres de la Iglesia que están a cargo de los comedores para personas de escasos recursos, y encabezan muchos de los cortes de ruta.
"El Estado no puede renunciar a su función de custodiar el bien común", expresó este mes un importante grupo de laicos que se reunió para analizar la crisis social. Los obispos, a su vez, reclamaron "que no se endiose al mercado", que se promueva la creación de empleos y se reparta mejor el ingreso.
El periodista Washington Uranga, experto en asuntos religiosos, observó que ante la crisis de las ideologías, "la gente ya no se siente representada por los partidos, ni por los sindicatos, y sí cree en los obispos".
El fenómeno se explica por una presencia real de la Iglesia en cada pueblo remoto adonde la asistencia estatal no llega, se administra de modo irregular, o es insuficiente, añadió Uranga.
La idea de un Estado que logre combinar la economía de mercado – con su caudal de reformas que trajeron estabilidad- con políticas sociales más activas, es la que esgrime el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Eduardo Duhalde, el más seguro candidato a presidente por el oficialismo para 1999.
Duhalde se diferencia de Menem porque intenta subrayar la necesidad de atender los costos sociales del ajuste. "Para los ricos el mercado y para los pobres el Estado", suele decir el mandatario provincial, cuando toma posición en el debate.
Menem, que habitualmente rechazaba o negaba los problemas, ahora está preocupado. A principios de este mes, a las críticas de un obispo que calificaba como un delito que en Argentina haya niños que se murieran de hambre, Menem respondió que no había visto ninguna norma en el ócdigo penal en ese sentido.
Sin embargo, pocos días después dej a un lado la ironía, advirtió ante sus ministros que el conflicto social puede hacer peligrar el modelo económico y les pidió que diseñen e implementen políticas activas.
A pesar de las diferencias de antecedentes y de historia, el debate europeo entre Estado y mercado parece haber cruzado el Atlántico, y comienza a calar hondo en una sociedad y en un gobierno que hasta ahora sólo se miraban en el espejo de Estados Unidos. (FIN/IPS/mv/dg/if-pr/97)


