Los inesperados reveses militares de Talibán en Afganistán durante las últimas dos semanas preocupan a Pakistán, el cual se cuestiona la capacidad de la milicia islámica para poner fin a la prolongada guerra en aquel país.
Pakistán fue el primero en reconocer el control asumido por las milicias Talibán en Afganistán el 25 de mayo, horas después de la caída de un bastión clave de la oposición en el norte, en los límites de Asia central.
Pero antes que Talibán estableciera el control imponiendo su versión de la ley islámica en la nueva área conquistada, sus guerreros fueron expulsados de Mazar-e-Sharif por un aliado cuyo respaldo había hecho posible la victoria.
Abdul Malik, quien hasta pocos días antes había estado aliado al general Abdul Rashid Dostum, poderoso miembro de la alianza anti-Talibán que huyó a Turquía cuando su general se retiró, volvió a cambiar de bando cuando Talibán violó un acuerdo de división del poder de cinco puntos con el líder uzbeko.
Desde entonces tanques de Talibán se retiraron de tres provincias, aumentando su aislamiento político. La milicia islámica controla 22 de las 29 provincias de Afganistán, y lucha en dos frentes, los uzbekos en el nrote y las fuerzas de Tajik del comandante Ahmad Shah Masood, quien controla el valle Panjsher, unos 85 kilómetros al norte de Kabul.
Las milicias sunitas Talibán, integradas por grupos de lengua pushtún, emergieron de seminarios religiosos realizados en Pakistán a fines de 1994, asombrando al mundo con su poderío guerrero. En el plazo de un año, habían capturado gran parte del sur y el este de Afganistán, avanzando hasta Kabul, que fue tomado en septiembre.
La retirada de Mazar-e-Sharif el mes pasado fue la mayor pérdida sufrida por Talibán.
Ahora, Pakistán se siente particularmente vulnerable, tras haberse alineado abiertamente con el gobierno de Talibán.
Aunque gran parte de Afganistán está en manos de Talibán, el ex gobierno de Burhanuddin Rabbani, en exilio en Tajikistán, continuó representando a Afganistán en foros internacionales desde la caída de Kabul.
Además de Islamabad, Arabia Saudita y Emiratos Arabes Unidos del Golfo son los únicos dos países que reconocen el régimen islámico de Talibán. Estados Unidos e Irán, que también tienen intereses estratégicos en Afganistán, se abstuvieron de tomar posición por el momento.
Pakistán, que anunció la reapertura de su embajada en Kabul, ha estado asesorando al gobierno de Talibán, aunque niega informaciones según las cuales le entrega ayuda militar.
El canciller pakistaní, Gohar Ayub Khan, anunció al Senado de su país que pronto visitaría los países del centro de Asia para convencerles de que no hay motivos para temer al régimen afgano y para que reconozcan a Talibán y colaboren en la reconstrucción de Afganistán, afectado por la guerra.
Islamabad afirma que convenció a los rusos de optar por la "participación constructiva" en Afganistán, en lugar del rechazo total de Talibán.
La milicia islámica molestó a Irán cerrando su embajada en Estambul el 2 de junio. Teherán tomó represalias la semana pasada, cerrando su frontera terrestre con Afganistán, y deteniendo un importante flujo comercial a Afganistán.
Mientras, el primer ministro de Pakistán, Nawaz Sharif, visitará Teherán el 16 de junio, con la intención de hacer las paces con Irán, país con el cual las diferencias se hicieron irreconciliables tras la caída de Kabul. (FIN/IPS/tra-en/nz/an/lp/ip/97


