La fiebre amarilla recrudeció en Africa de manera tan intensa durante la última decada que la Organización Mundial de la Salud (OMS) debió lanzar un programa de cinco años para luchar contra la enfermedad mortal transmitida por los mosquitos.
La OMS estimó este miércoles que el desarrollo adquirido esta vez por la dolencia supera cualquier antecedente registrado desde que en 1930 comenzó la aplicación de la vacuna.
En el plan preparado por la OMS, con un presupuesto de 190 millones de dólares, participarán ministerios de Salud de países africanos, agencias bilaterales, otras instituciones de las Naciones Unidas y organizaciones no gubernamentales.
En un artículo publicado este miércoles en Estados Unidos por el "Journal of the American Medical Association", un grupo de expertos de la OMS advirtió sobre "el recrudecimiento asombroso" de la fiebre amarilla en Africa.
Unos 200.000 casos se registran cada año en los 33 países donde la enfermedad es endémica, dijo el artículo. La mayoría de los territorios afectados pertenecen al Africa Subsahariana.
El número citado en la publicación, que proviene de una extrapolación basada en investigaciones epidemiológicas realizadas en las comunidades, decuplica prácticamente los casos declarados en forma oficial por la OMS.
Algunas epidemias de fiebre amarilla se verificaron durante la década actual en Africa. Uno de los brotes se registró en 1992 en Kenia. Otros, en 1993 en Ghana, en 1994 en Gabón, en 1995 en Liberia y este año en Benín.
En Nigeria, el más grande de los países en los que la enfermedad es endémica, se calcula que el número de casos registrados en este decenio se eleva a un millón.
Los estudios descubrieron que numerosos casos no son notificados, debido a falta de acceso a servicios médicos y también a errores de diagnóstico.
Los síntomas clínicos de la fiebre amarilla se asemejan a los de una gama de otras fiebres hemorrágicas virales. La única forma de corroborar el diagnóstico es mediante pruebas de laboratorio relativamente avanzadas.
Uno de los primeros objetivos del programa de la OMS será la extensión acelerada de la cobertura de vacunación contra la fiebre amarilla en Africa.
Para lograr esa meta, se vinculará la vacunación antiamarilla con las campañas masivas contra la poliomielitis y el sarampión que numerosos países efectuarán en los dos años próximos.
También se integrará la vacunación contra la fiebre amarilla a los programas de vacunación sistemática de niños.
La vacuna en uso es una de las más eficaces del mercado, con una inmunidad a largo plazo para 95 por ciento de los receptores, y se la recomienda para empleo en niños a partir de los seis meses de edad.
La enfermedad desapareció de los países endémicos donde se aplicó en gran escala la vacuna antiamarilla.
Durante la última epidemia en Gambia, en 1978-1979, el gobierno ejecutó una campaña de vacunación masiva que cubrió a 95 por ciento de toda la población. Desde entonces la vacuna antiamarilla se agregó al Programa Ampliado de Inmunización.
En la actualidad, Gambia tiene la mayor cobertura contra la fiebre amarilla en niños de toda Africa y no ha vuelto a registrar nuevos brotes de la enfermedad.
La OMS lamentó que muchos de los países más afectados por la reaparición de la fiebre amarilla pertenezcan al grupo de naciones más pobres del continente que carecen de recursos para financiar las vacunas.
Alrededor de 99 por ciento de los recursos del nuevo prograsma de la OMS serán destinados directamente a la compra de vacunas y a las tareas de vacunación.
El plan de la organización sanitaria tiende asimismo a fortalecer las medidas de vigilancia en los países bajo peligro y a mejorar su capacidad de prevenir las epidemias y de reaccionar cuando se desatan.
La detección precoz de los casos es un elemento vital para controlar los brotes de la enfermedad, pero en la actualidad representa uno de los puntos débiles del sistema sanitario africano.
Entre el estallido del brote epidémico y el reconocimiento de su carácter transcurren con frecuencia en Africa dos meses o más. (FIN/IPS/pc/jc/he/96


