AFGANISTAN: Triunfo Taliban todavía es un enigma para analistas

El líder de las milicias Taliban que ahora controlan dos tercios de Afganistán es un hombre esquivo, cuyo austero estilo de vida y convicciones religiosas fueron la fuerza motriz detrás de la espectacular ascensión de su movimiento.

El corpulento y barbudo Mullah Mohammad Umar lleva una vida simple en una aldea cercana a esta ciudad sudoriental afgana. Cómo este hombre reservado, tímido y de naturaleza esquiva ha sido capaz de conquistar casi todo Afganistán en dos años de guerra relámpago, es uno de los grandes enigmas que rodean a los Taliban.

En 1994, Mullah Mohammad Umar, de 35 años, era desconocido fuera de su distrito natal de Mewand, en Kandahar. Actualmente, sin ninguna duda, el hombre más poderoso de Afganistán.

El alcance de su poder radica aparentemente en el celo con que sus seguidores ponen en práctica sus estrictas interpretaciones de la Sharia (ley islámica) en las calles de Kabul y otras áreas bajo control Taliban.

A pesar del clamor internacional por el tratamiento dado por los Taliban a las mujeres, el movimiento está determinado a no cambiar sus edictos que les prohibe trabajar y les impiden caminar por la calle desprovistas del burkha, el velo tradicional.

"En los últimos 1.400 años no se ha producido ningún cambio en el Islam", explicó Amir Khan Mutaqui. "Esas leyes son eternas y deben permanecer como tales", expresó el portavoz de los Taliban, quien ignoró advertencias de la ONU sobre violaciones humanitarias.

Mullah Umar es llamado ahora "Amirul Momineen" (jefe de los creyentes) por sus devotos seguidores. Tambien es el comandante de sus Mohammadi Lashkar (tropas). Su palabra es definitiva pese a que actúa dentro de un Shura (consejo) que está en sesión permanente.

Sorbiendo constantemente tazas de oscuro té amargo, el Shura sigue el movimiento de las tropas por radio desde Kandahar.

Mullah Umar nació en la aldea de Nodeh, cerca de Kandahar. Su familia fue pobre, de orígen humilde y emigró a menudo en busca de trabajo. Durante los 10 años de guerra antisoviética, Mullah Umar se unión a la resistencia mujaidin como francotirador. Fue herido cinco veces y perdió su ojo derecho.

Una vez que los soviéticos fueron derrotados, Mullah Umar dejó su fusil automático y retorno a su madrassa (escuela de religión). En una rara entrevista con este corresponsal en enero último, afirmó que se arrepentía de su incompleta educación religiosa.

Mullah Uman es un hombre tímido, que rehuye las candilejas y se mantiene apartado de los periodistas, en especial los fotógrafos. Le agrada más escuchar que hablar y, por lo general, se sienta en un rincón mientras los restantes seis miembros del Shura discuten sobre estrategia militar.

Además de Mullah Umar, el consejo esta constituído por Mullah Mohammad Rabbani, segundo en la escala jerárquica, Mullah Mohammad Hassan, uno de los miembros más inflyentes y ex gobernador de la provincia de Kandahar, y Mullah Mohammad Ghous, ministro de facto de Exteriores.

Tambien figuran Mullah Sied Ghayasuddin, un tayiko étnico que es el único miembro del consejo no pashtún, Mullah Tazli Mohammad, comandante de seguridad de Kabul, y Mullah Abdul Razzaq, el único soldado en el grupo quien reemplazó a Mullah Borjan cuando resultó muerto durante la batalla por Kabul.

Cuando Mullah Umar habla, todos escuchan. Puede negarse a encontrar diplomáticos, emisarios y periodistas pero en el Shura se muestra calmo, a menudo hace bromas y comenta con humor los sucesos militares.

En Kandahar, se lo puede ver sentado con las piernas cruzadas en el cesped de la antigua mansión del gobernador sin ninguna de las actitudes de otros señores de la guerra afganos, y lo que es más sorprendente, sin seguridad a su alrededor.

Algunas veces le piden que conduzca la plegaria y entonces cruza la calle en dirección a la mezquita como cualquier otro creyente.

No es un gran orador y su estudio del dogma islámico es limitado, pero lo sustituye con su piedad y la fuerza de su fé en el Islam sunnita. Es esa convicción que se traduce en el estricto cumplimiento de las leyes respecto a las mujeres, la televisión, la música y otros signos "decadentes" en áreas bajo poder Taliban.

Ante las puertas de Kandahar hay una montaña de televisores hechos añicos y decenas de metros de cintas de video y casettes de audio aplastados.

Una vez que los Taliban comenzaron a ejercer el control de la mitad meridional de Afganistán y confiscaron vehículos y propiedades de las fuerzas en retirada del presidente Burhanuddin Rabbani, Mullah Umar se permitió el lujo de un Toyota Land Cruiser con tracción en las cuatro ruedas, que conduce con anteojos de sol.

"Pasé muchos días en agonía antes de decidirme a tomar de nuevo el fusil, pero la decisión se abrió paso dentro de mí porque el saqueo, el pillaje y la degradación moral (de los anteriores gobernantes mujaidin) se había hecho insoportable", dijo en idioma urdu Mullah Umar.

Algunos analistas dicen que es dificil de creer que Mullah Umar pueda haber planeado y sostenido la ofensiva militar que le dió el control de la mayor parte del país. Afirman que la inteligencia militar paquistaní lo apoyó secretamente con armas, entrenamiento y asesoría estratégica.

Es justamente ese apoyo de Pakistán que ha hecho la victoria Taliban tan difícil de digerir para las demás repúblicas centroasiáticas de Uzbekistán, Kazajstán, y Turkmenistán, que temen una propagación del radicalismo islámico en sus naciones.

El otro país, al cual no le agrada el triunfo Taliban, es Irán, al oeste, con mayoría preponderanmente shiíta.

Mullah Umar y sus Taliban pertenecen a la mayoría afgana pashtún, que tradicionalmente dominó Kabul. Los pashtún tambien son preponderantes entre los militares paquistaníes. La defenestración del tayiko Rabbani de Kabul fue vista en Afganistán y Pakistán como una restauración de la dominación pashtún.

Mullah Umar es mordaz respecto a sus antiguos aliados mujaidin, que gobernaron Kabul despues de la retirada soviética.

"Combatir a gente que trajo sufrimiento a los afganos y violó las enseñanzas del Islam tambien es una 'jihad' (guerra santa) y eso es lo que estamos haciendo ahora", declaró Mullah Uman.

"Estoy listo a sacrificar todo para completar la agenda inconclusa de nuestra noble jihad y llenar las aspiraciones de los mártires. Los Taliban lucharán hasta que no haya más baño de sangre en Afganistán y el Islam se convierta en un modo de vida para nuestro pueblo", expresó. (FIN/IPS/tra-en/ryz/kd/ego/ip).

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