JAPON: Miles de pacientes esperan transplantes de órganos

En 1981, Jiro Kobayashi se anotó en una larga lista de pacientes japoneses que deseaban un transplante de riñón. Quince años despues, el enfermo sigue esperando y duda que la operación tenga lugar alguna vez.

"Estoy muy abajo en la larga lista de pacientes que registraron sus nombres en el Banco de Transplantes Renales de Japón. Realmente no creo que en algún momento llegue mi turno", explicó desde su cama de hospital en Tokio, donde virtualmente se encuentra adosado a una máquina de diálisis.

El dilema de Kobayashi es típico de miles de enfermos que esperan transplantes de órganos en Japón.

A pesar de sus cuadros de especialistas y avanzada tecnología, los médicos apuntaron que Japón está muy rezagado no solo en relación a naciones industrializadas sino tambien de algunas partes del Tercer Mundo, donde hay disponibilidad de órganos humanos.

Cerca de 20.000 pacientes están en lista de espera por donantes. La Fundación Nipona de Médula Osea informó que alrededor de 1.000 enfermos se encuentran en situación crítica.

No obstante hay 49.000 personas registradas en la Red de Transplantes de Organos, las cuales indicaron previamente su disponibilidad como donantes. Algunas de esas personas han quedado descerebradas pero, bajo las leyes niponas, los órganos solo pueden ser extraídos a pacientes cuyos corazones cesaron de latir.

"Para entonces, a menudo es demasiado tarde realizar el transplante", apuntó Shinshitsu Oshima, un médico especialista en transplantes del Hospital Nagoya Chukyo, en Tokio.

No obstante, es difícil que la legislacion cambie la creciente desconfianza del público japonés hacia la profesión médica.

Esto data de 1968, año en que se efectuó el primer transplante cardíaco exitoso en Japón. Hasta hoy se especula que el corazón fué tomado de un paciente cuya muerte cerebral no había sido declarada. Los fiscales no pudieron acusar al médico por falta de pruebas.

La confianza pública se vió sacudida recientemente debido a la infección de miles de hemofílicos con el virus del HIV que causa el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), porque recibieron transfusiones de sangre contaminada. De 4.500 hemofílicos en Japón, casi 2.000 contrajeron el HIV.

Las víctimas hicieron pleito a las compañías importadoras de productos farmacéuticos y al ministerio nipón de Salud. Desde entonces, muchos hicieron arreglos extrajudiciales.

La escasez de órganos en Japón motivó que cada vez más pacientes prueben suerte en el exterior. Al principio, los principales mercados fueron Estados Unidos, Gran Bretana y Australia, pero incluso para japoneses ricos las operaciones de transplantes en esos países resultan demasiado costosas.

Un transplante de corazón en Estados Unidos puede costar más de 80.000 dólares. En 1994 hubo 20 enfermos que recibieron nuevos corazones en hospitales estadounidenses.

En la actualidad, cada vez más japoneses se dirigen a mercados más cercanos, como Filipinas, India y, más recientemente, China, donde los niveles médicos son altos pero los costos por tratamientos especiales son un 50 por ciento más baratos que en las naciones industrializadas.

La demanda es alta y el incentivo de la ganancia para compañías privadas que organizan transplantes en el exterior es aun más atrayente, porque pueden publicitar gratuitamente sus ofertas en los diarios como un servicio público a la comunidad y evitar el trafico ilegal de órganos humanos.

La empresa nipona Three Star, con base en el distrito comercial de Osaka, ha lanzado una campaña para promover las operacionmes de transplantes renales en Filipinas. Para ser incluídos en la lista, los aspirantes deben pagar el derecho de admisión equivalente a 500 dólares y otros 100 dólares mensuales.

Ese dinero resulta parte del pago de todos los gastos del paciente en la contratación de un transplante de órgano. La idea es que el paciente no se eche a cuestas una sola cuenta abultada.

Sin embargo, aunque Kobayashi está al borde de la muerte, afirmó que, por principio, no firmará ningun programa de transplante de órgano en el exterior.

Teme que el factor de la ganancia lleve probablemente al abuso del donante "pobre" en países en desarrollo, y resulte que algunos órganos sean obtenidos a través de canales ilícitos.

"No voy a criticar a otra gente que lo hace, porque sé lo duro que es ver como uno muere sin alternativa", dijo. (FIN/IPS/tra- en/sk/cpg/ego/he).

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