DERECHOS HUMANOS-IRAQ: Asirios en peligro
Si el mundo no despierta ante el clamor de los asirios cristianos, este antiguo pueblo perseguido por las sucesivas autoridades de Iraq se extinguirá, advirtieron organizaciones de derechos humanos.
Las conflictos bélicos, las guerras civiles, los alzamientos y golpes de Estado, los genocidios y la violencia étnica y política están a la orden del día en buena parte del mundo. La lista de zonas turbulentas es extensa, y los más afectados son siempre los pobres, las mujeres, las niñas y los niños. Lea más en IPS Noticias.
Si el mundo no despierta ante el clamor de los asirios cristianos, este antiguo pueblo perseguido por las sucesivas autoridades de Iraq se extinguirá, advirtieron organizaciones de derechos humanos.
La organización humanitaria Amnistía Internacional aportó este miércoles nuevas pruebas de torturas perpetradas contra personas detenidas por Estados Unidos en prisiones de Afganistán, de la bahía cubana de Guantánamo, de Iraq y de otros sitios controlados por fuerzas estadounidenses en
Estados Unidos liberará a un tercio de los prisioneros de su base naval en Guantánamo, Cuba, a pesar de que, según decía en 2002 el secretario (ministro) de Defensa, Donald Rumsfeld, los que están recluidos allí son «lo peor de
Ahora hay muchos medios de comunicación trabajando en Iraq, pero el problema es que los ciudadanos ya no saben a cuál creerle.
Dos años después de conocidos los abusos a presos en la cárcel bagdadí de Abu Ghraib a manos de soldados de Estados Unidos, la justicia se muestra lenta en procesar a los acusados, según tres importantes organizaciones de derechos humanos.
La campaña contra la corrupción emprendida por el presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, es puramente retórica y no llega a atacar las irregularidades que pululan en los proyectos financiados por la institución, según sus críticos.
Los últimos choques entre residentes del barrio bagdadí de Adhamiya, donde predomina la minoría sunita, y milicias chiitas ataviadas de uniforme militar y policial iraquí tienen todos los ingredientes de una guerra civil.
Algunas figuras de la política exterior de Estados Unidos claman por un «cambio de régimen» en Irán. Esos mismos círculos pedían lo mismo respecto de Iraq en los meses e incluso años que precedieron a la invasión a ese país
A pesar de los esfuerzos de la Casa Blanca por poner fin a la controversia, la batalla por la permanencia en el cargo del secretario (ministro) de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, no muestra señales de apaciguamiento.
Mientras las operaciones de seguridad de las fuerzas de ocupación, el enfrentamiento entre comunidades religiosas y la criminalidad recrudecen en Iraq, la morgue central de Bagdad se ve desbordada de cadáveres.
Los principales voceros de la derecha estadounidense llaman al presidente George W. Bush a planificar urgentemente ataques militares —y tal vez una guerra— contra Irán, que anunció esta semana haber logrado enriquecer uranio.
La discretísima ejecución de 13 insurgentes en la horca reactivó el debate en Iraq sobre la pertinencia de la pena de muerte en una sociedad moderna.
Tres años después de la caída de Bagdad y de su hundimiento en el incesante caos, militares estadounidenses retirados y en actividad se embarcan en una nueva campaña para sacarse de encima al secretario (ministro) de Defensa, Donald Rumsfeld.
Al menos 30.000 iraquíes abandonaron sus hogares a causa de la violencia desatada por el atentado del 23 de febrero contra la Mezquita Dorada, santuario del Islam chiita en la septentrional ciudad de Samarra.
Tres años después de la caída de Iraq, la capital de Estados Unidos es una olla de rumores sobre la aparente intención del gobierno de George W. Bush de atacar Irán, tal vez con armas nucleares.
Los círculos de política exterior de Washington, incluyendo a figuras cercanas al gobierno de George W. Bush, discuten de forma reservada sobre la necesidad de que Irán y los países árabes jueguen un papel decisivo en las negociaciones para terminar
El ataque lanzado contra una mezquita chiita en Bagdad por fuerzas paramilitares locales, apoyadas por Estados Unidos, marcó el inicio de una nueva estrategia de Washington: usar a los propios iraquíes para combatir a las milicias del líder islamista Muqtada