ESTADOS UNIDOS: Nueva ofensiva militar contra Rumsfeld

Tres años después de la caída de Bagdad y de su hundimiento en el incesante caos, militares estadounidenses retirados y en actividad se embarcan en una nueva campaña para sacarse de encima al secretario (ministro) de Defensa, Donald Rumsfeld.

Los generales recién retirados que dieron el puntapié inicial a la ofensiva reclaman ahora el apoyo de oficiales en actividad.

El último pedido de renuncia a Rumsfeld apareció el miércoles, cuando el general John Batiste, quien comandó la Primera División de Infantería en Iraq y se retiró en noviembre, reinstaló el asunto en las oficinas del Pentágono, sede del Departamento (ministerio) de Defensa.

"Necesitamos un jefe que entienda el trabajo en equipo, que sepa organizar y que lo haga sin ceder a las intimidaciones", señaló Batiste a la cadena de noticias por televisión para abonados CNN.

Los dichos de Batiste son los últimos de una serie de pedidos de renuncia a Rumsfeld hechos públicos en las pasadas semanas por parte de militares retirados.

La andanada se registra en momentos en toca fondo la confianza del público estadounidense hacia las políticas del gobierno de George W. Bush en Iraq y, en general, en relación con la "guerra contra el terrorismo" lanzada en 2001 por el presidente.

La reciente desclasificación de documentos que corroboran la autorización de Bush y el vicepresidente Dick Cheney a la filtración de información de inteligencia exacerbó la percepción negativa del público estadounidense hacia el gobierno.

El creciente convencimiento popular de que el gobierno manipuló fríamente a la opinión pública en busca de apoyo para la invasión a Iraq y de desacreditar a sus opositores ha contribuido a la permanente erosión de su imagen, incluso entre votantes del gobernante Partido Republicano.

Un informe muy solvente sobre la guerra, publicado en marzo por dos periodistas del diario The New York Times, contribuye a afianzar la convicción en que Rumsfeld cometió graves errores estratégicos al insistir en la invasión a Iraq con una cantidad demasiado exigua de soldados, que fueron incapaces de imponer el orden y de afrontar la insurgencia.

Basado sobre entrevistas a militares retirados y activos, el libro "Cobra II: La verdadera historia de la invasión y la ocupación de Iraq" relata que tanto Rumsfeld como sus colaboradores creyeron que Washington podría, a un costo muy bajo, "derrocar a un dictador, marcar el comienzo de un nuevo régimen" y "modificar el equilibrio de poder en Medio Oriente a su favor".

Además, según el mando civil del Pentágono, la guerra se "terminaría cuando cayera el gobierno" de Saddam Hussein.

El descontento de los altos mandos con los planes de Rumsfeld se remonta al desplazamiento a principios de 2003 del entonces jefe de Estado Mayor del Ejército, general Eric Shinseki, quien había declarado ante el Congreso legislativo que la ocupación de Iraq necesitaría de "varios cientos de miles de efectivos".

El temprano pase a retiro de Shinseki, aparentemente en represalia por su testimonio, fue interpretado por los altos mandos como una advertencia de Rumsfeld sobre las consecuencias que sus cuestionamientos públicos les acarrearían a sus carreras.

Cuando a principios de 2004 quedó claro que Washington no había desplegado en Iraq las tropas necesarias para controlar la situación, algunos generales retirados comenzaron a cuestionar enérgica y públicamente a Rumsfeld y a sus colaboradores civiles.

En mayo de 2004, el ex jefe del Comando Central de Estados Unidos, general retirado Anthony Zinni, de la Marina de guerra, los acusó de "negligencia en el cumplimiento de su deber" por no haberse preparado adecuadamente para la guerra, y pidió a Bush que los echara si no renunciaban.

En las últimas semanas, Zinni reiteró el pedido en varias apariciones públicas, haciendo hincapié en que Rumsfeld deliberadamente ignoró extensas medidas de prevención de contingencias preparadas en su mandato, a fines de los años 90, ante una eventual invasión a Iraq.

En las últimas semanas, a Zinni se le unieron otros tres generales retirados, incluyendo a Batiste.

Rumsfeld "resultó no saber nada sobre estrategia, operaciones y táctica" y "dejó el Pentágono a merced de la perspectiva que del mundo tienen sus fríos y fieles comandantes y de su confianza irracional acerca del poder de la tecnología para reemplazar a los humanos", afirmó el general retirado del Ejército Paul Eaton, en una columna publicada por The New York Times el 19 de marzo.

Eaton tuvo a su cargo el adiestramiento de los miembros del nuevo ejército iraquí en el primer año de la ocupación.

"Durante los cinco años que Rumsfeld estuvo a cargo del Pentágono vi cómo un grupo impuso su pensamiento y fui testigo de la creciente reticencia de experimentados militares y civiles a desafiar las ideas del jefe", escribe Eaton.

A las denuncias de Eaton siguió esta semana una columna en la revista Time del general de marina retirado Gregory Newbold, director de operaciones de la Junta de Jefes de Estado Mayor antes de la invasión, en la que arremete contra los altos mandos, incluyéndose a sí mismo, por "haber actuado tímidamente cuando era necesario alzar la voz para ser escuchados".

"La consecuencia de la aquiescencia militar fue que un plan que hacía agua por todos lados fue desplegado para una guerra inventada", anotó.

"Mi sincera opinión es que nuestras fuerzas militares se comprometieron con esta guerra con una tranquilidad y una ligereza propias de quienes nunca tuvieron que ejecutar una misión, o enterrar sus consecuencias", aseveró Newbold, quien pidió el reemplazo de Rumsfeld "y de muchos otros que no están dispuestos a cambiar radicalmente su enfoque".

A partir de las observaciones realizadas el miércoles, Batiste se unió a la rebelión situándose claramente del lado de Zinni. Batiste, que estuvo destinado en la ciudad de Tikrit hasta mayo del año pasado, se retiró del ejército en noviembre.

"Cuando se toman medidas sin considerar recomendaciones, decisiones y planificaciones militares sólidas, estamos destinados a cometer errores. Dice mucho que tipos retirados como yo estén dando su opinión sobre el clima que crea la conducción del Departamento de Defensa", sostuvo.

La revuelta de los generales retirados se procesa en medio del altercado entre Rumsfeld y la secretaria de Estado (canciller) Condoleezza Rice quien, durante su viaje a Gran Bretaña la semana pasada reconoció que Washington cometió "miles de errores tácticos" durante la invasión a Iraq.

Rumsfeld respondió varios días después, insistiendo que tales errores son inevitables en una guerra.

"Si alguien dice, ese es un error táctico, yo considero que no comprende, al menos no lo que yo entiendo que es una guerra", afirmó.

En declaraciones frente a un pequeño grupo en Chicago el sábado, el ex secretario de Estado Colin Powell, un general con cuatro estrellas y ex jefe del Comando del Estado Mayor Conjunto, se situó del lado de Rice y de los generales.

"Cometimos algunos errores serios justo después de la caída de Bagdad", opinó. "No tuvimos suficientes efectivos en tierra. No logramos imponernos, se desató la insurgencia, y…. se nos fue de las manos."

Pero Powell no pidió la renuncia de Rumsfeld. (

Compartir

Facebook
Twitter
LinkedIn

Este informe incluye imágenes de calidad que pueden ser bajadas e impresas. Copyright IPS, estas imágenes sólo pueden ser impresas junto con este informe