SAN SALVADOR – El Granjero, la segunda mayor compañía productora de huevos en El Salvador, hizo una inversión de 2,5 millones de dólares, para construir en 2017 una planta de biogás, demostrando con ello que hay una salida al espinoso tema de la contaminación ambiental provocada por la mayoría de empresas avícolas del país.
Y demostró además que la inversión puede rendir beneficios financieros, ya que con el biogás produce electricidad que inyecta a la red nacional eléctrica.
La planta de biogás, localizada en el distrito de Jayaque, en el suroeste de El Salvador, la maneja Renig, la subsidiaria que El Granjero creó para que se encargara de sus desechos biológicos.
En 2018 Renig empezó a procesar las 200 000 toneladas anuales de estiércol de las gallinas y otros desechos orgánicos, procedentes de las ocho granjas que El Granjero posee en el suroeste del país, en las que se alojan alrededor de un millón de aves.
El biodigestor de la planta, de 5300 metros cúbicos de volumen, mide 92 metros de largo, 17 de ancho y cinco de profundidad.
“Pensé que los biodigestores eran los más adecuados porque uno resolvía el problema medioambiental, eso de inmediato, pero también había por lo menos una posibilidad de ser rentable”, dijo a IPS Bernhard Waase, director de Renig durante su visita a la planta.
La contaminación ambiental generada por el sector avícola ha sido el foco de tensiones entre comunidades rurales que han vivido cerca de los perímetros de las granjas que llegaron a instalarse a sus territorios.
El sector avícola del país produce anualmente unos 1200 millones de huevos y 155 millones de kilos de carne de pollo, según cifras de la Asociación de Avicultores de El Salvador.
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Producir biogás es un proceso complejo. Las bacterias son seres vivos que, dependiendo de las condiciones dentro del biodigestor, pueden comportarse diferente y afectar la producción del gas, explicó a IPS Melissa Ruiz, responsable del digestor y de los procesos secundarios.
“El digestor funciona como nuestro estómago y las bacterias son muy sensibles a los elementos que nosotros les damos, como pasa con nosotros: si de repente comemos mucha carne, o una dieta desbalanceada nuestro estómago se resiente, y andamos decaídos o nos enfermamos, pues lo mismo pasa con el digestor”, detalló Ruiz.
El biodigestor de la planta Renig comenzó a producir biogás en 2018, pero a generar electricidad solo lo hizo en 2021 porque fue ese año cuando, tras ganar una licitación gubernamental para producción de biogás, empezó a generar e inyectar 0,85 megavatios a la red nacional, por medio de la distribuidora eléctrica Del Sur.
Waase sostuvo que, en términos medioambientales, la planta ha cumplido con el objetivo primordial, el de evitar la contaminación, y eso es ya motivo de celebración y orgullo, ya que pocas empresas grandes del sector avícola han dado ese paso, y específicamente del rubro huevos, El Granjero es la única que tomó la decisión de hacer esa inversión.
No obstante, en términos financieros, las expectativas no se han cumplido del todo.
“Desde el punto de vista ambiental ha sido un éxito total, pero financieramente hablando es mucho más complicado. No hemos perdido ni un año, pero no estamos ni cerca de lo que nos habíamos planteado en cuanto al retorno”, aseguró.
ED: EG