KUALA LUMPUR – La prolongada desaparición de la convertibilidad del dólar en oro y de los tipos de cambio fijos asociados a ella no puso fin a la hegemonía del dólar. Gracias a la ayuda crucial y oportuna de sus aliados políticos, la confianza en el sistema del dólar se ha mantenido, aunque esté muy mermada.
¿Planes de contingencia?
El 15 de agosto de 1971, el presidente Richard Nixon (1969-1974) anunció que Estados Unidos ya no convertiría dólares en oro, tal y como se había prometido en el acuerdo de Bretton Woods (BW) de 1944.
Pero los acuerdos de pago de Bretton Woods y la promesa estadounidense de la convertibilidad del dólar en oro no eran sostenibles. Como señaló el economista belga-estadounidense Robert Triffin en 1960, el sistema estaba «destinado al fracaso» desde el principio, algo que las autoridades estadounidenses negaron y se negaron a abordar.
El gasto de la Guerra de Vietnam, el aumento de la inflación y la retirada masiva de las reservas de oro de Estados Unidos forzaron esta decisión después de que los bancos centrales occidentales aliados dejaran de defender discretamente la paridad entre el oro y el dólar en 1968.

Décadas más tarde, el entonces subsecretario de Asuntos Monetarios de Estados Unidos, Paul Volcker —luego poderoso presidente de la Reserva Federal entre 1979 y 1987— , reveló que había puesto en marcha un grupo de trabajo del Tesoro en 1969.
Dado que la balanza de pagos de Estados Unidos ya se estaba revelando insostenible, suspender la convertibilidad del dólar en oro ya no se consideraba una opción que debiera evitarse a toda costa.
Al presentar el fracaso de la paridad con el oro como una cuestión aritmética, y no política, Volcker argumentó que suspenderla implicaba poner en marcha un plan de contingencia que el grupo llevaba tiempo barajando.
Dos días antes, Nixon convocó a 15 asesores a un retiro secreto en la residencia presidencial de descanso de Camp David para redactar su comunicado. También impuso una «congelación» de salarios y precios de 90 días y un arancel de 10 % sobre las importaciones.
Así, Nixon presentó la suspensión de la convertibilidad del dólar en oro como parte de un paquete más amplio de reformas de política económica, en lugar de como el incumplimiento, largamente esperado, de compromisos anteriores de Estados Unidos.
Con su campaña de reelección de 1972 a la vuelta de la esquina, Nixon y su secretario del Tesoro, John Connally, afirmaron estar «liberando» la política económica estadounidense al poner fin a la convertibilidad del dólar en oro y a las obligaciones asociadas al tipo de cambio fijo.
Es evidente que el anuncio de Nixon de mediados de agosto de 1971 no fue una respuesta improvisada a una emergencia ni siquiera la ruptura repentina que él dio a entender, aunque el grupo de Volcker prefería una «demolición controlada» más mesurada.
El dólar estadounidense, un problema ajeno
Cuando los ministros de Hacienda aliados negociaban un acuerdo sustitutivo en Roma en noviembre de 1971, Connally les dijo sin rodeos que el dólar era la moneda de Estados Unidos, pero su problema, confesando tardíamente la verdadera naturaleza del tratado de Bretton Woods.
No obstante, su Acuerdo Smithsoniano de diciembre de 1971 seguía buscando arreglar las cosas en lugar de abandonar explícitamente el acuerdo de 1944 y los esfuerzos posteriores por defenderlo.
Dentro de ese acuerdo, el dólar se devaluó frente al oro por primera vez desde 1934, y su precio subió de 35 a 38 dólares la onza. Se ampliaron los márgenes de fluctuación frente a otras monedas para dar más flexibilidad a los bancos centrales.
Nixon calificó el Acuerdo Smithsoniano de 1971 como el acuerdo monetario más significativo de la historia mundial antes de que el dólar se devaluara de nuevo catorce meses después, en febrero de 1973.
Las autoridades nacionales alineadas políticamente con Estados Unidos lo habían defendido, pero acabaron dejando de pagar para mantener la farsa. Así, un año y medio después de agosto de 1971, el Bretton Woods quedó finalmente enterrado.
En cuestión de semanas, las principales divisas abandonaron por completo los tipos de cambio fijos, lo que les permitió flotar unas frente a otras. Aunque la transición a los tipos flotantes no fue fluida, ha perdurado, con modificaciones, desde entonces.
Pero el desfase temporal de la «brecha de liquidación» en los tipos de cambio flotantes es tan problemático que los reguladores bancarios internacionales llevan mucho tiempo tratando de reformar la forma en que se liquidan las operaciones cambiarias transfronterizas.
¿Se acabó la farsa?
Aunque el Bretton Woods ya es cosa del pasado, el sistema del dólar ha demostrado ser duradero. El fin de la convertibilidad en oro no resultó fatal para el papel del dólar como eje central de las finanzas mundiales.
Por el contrario, el fin de la obligación de convertibilidad dólar-oro del Bretton Woods eliminó una de las restricciones que pesaban sobre él. Tras la ruptura definitiva con el oro en 1973, el dólar solo estaba respaldado por las promesas del gobierno de Estados Unidos.
La desmonetización formal del oro se confirmó con los Acuerdos de Jamaica de 1976, cuando los gobiernos miembros del Fondo Monetario Internacional (FMI) modificaron discretamente sus estatutos para despojar al metal precioso de cualquier función oficial.
Liberados de su anterior obligación en el marco del Bretton Woods de canjear dólares por oro, Estados Unidos ha financiado su comercio, su balanza por cuenta corriente y sus déficits fiscales, así como el gasto público nacional y exterior, con una deuda en dólares cada vez mayor.
El mundo ha financiado cada vez más el crecimiento de la deuda estadounidense, ya que el dólar sigue siendo la principal moneda en la que se fijan los precios y se liquidan la mayor parte del comercio internacional, especialmente de materias primas.
El FMI había velado por los tipos de cambio fijos y la convertibilidad entre el oro y el dólar durante más de dos décadas después de la guerra. Desde entonces, ha cambiado de funciones para supervisar los tipos de cambio flotantes, actuar selectivamente como «prestamista de última instancia» y gestionar las crisis de deuda soberana.
Las transacciones internacionales de petróleo se liquidaban principalmente en «petrodólares», debido a un acuerdo con Arabia Saudí y otros productores del Golfo para utilizar los ingresos de las ventas de petróleo en la compra de títulos del Tesoro de Estados Unidos.
El statu quo se basa ahora en la disposición de otros a mantener dólares. Sin embargo, la creciente preocupación sobre la voluntad de Estados Unidos de cumplir sus compromisos ha llevado a los gobiernos a considerar alternativas. No obstante, la hegemonía del dólar ha resistido hasta ahora estas recientes tormentas.


