NACIONES UNIDAS – Un discurso triunfalista del presidente estadounidense Donald Trump, y angustiosos llamados a la paz y a la cooperación del brasileño Luiz Inácio Lula da Silva y el secretario general António Guterres, marcaron este martes 22 el inicio de la semana de alto nivel en la 81.ª Asamblea General de la ONU.
La humanidad “se enfrenta a cuatro pruebas de poder decisivas, que determinarán si el mundo avanza hacia una nueva era de cooperación o hacia una división más profunda”, advirtió Guterres en una especie de despedida, pues al cabo de diez años como secretario general dejará el cargo el próximo diciembre.
Esas cuatro pruebas de poder están en torno a la guerra o la paz, la desigualdad, el cambio climático y la inteligencia artificial (IA), para la que pidió una gobernanza producto de una cooperación internacional vinculante, advirtiendo que “las decisiones de vida o muerte nunca deben dejarse en manos de las máquinas”.
Por su parte, Lula -tradicionalmente el presidente de Brasil es el primer gobernante en intervenir en la semana de Alto Nivel de la Asamblea General- advirtió sobre “el regreso de las tentaciones hegemónicas” en América Latina y el Caribe, y defendió la soberanía de la región frente a presiones externas.
En particular “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”, dijo Lula, y sostuvo que los países latinoamericanos necesitan socios que impulsen el desarrollo, en lugar de respuestas militares frente al crimen organizado.
“No necesitamos portaaviones vigilando nuestras aguas”, dijo -en alusión a la fuerza aeronaval estadounidense que hunde lanchas con presuntos narcotraficantes en el Caribe y el Pacífico-, y pidió en cambio mayor cooperación para cortar el flujo de armas y dinero que alimenta a las organizaciones criminales.
Lula también mencionó a Venezuela, afirmando que su pueblo “merece definir su propio destino”, a Nicaragua, que “no resolverá sus problemas impidiendo que la oposición participe en las elecciones”, y criticó el embargo económico y petrolero sobre Cuba como “un castigo colectivo contra 10 millones de personas”.
Los discursos de Lula y Guterres evidenciaron un mundo contrapuesto con el expuesto por el presidente estadounidense, donde los dos primeros defendieron el multilateralismo y la diplomacia como instrumentos para resolver los problemas y conflictos, mientras Trump contrapuso su visión personalista del mundo y de la guerra y la paz, son papel hegemónico.
Dentro de esa posición contrapuesta, Trump presentó lo que reivindica como logros de su gobierno, tanto en el plano doméstico como internacional, en un discurso evidentemente muy dirigido al electorado estadounidense que renovará el Congreso el próximo noviembre y su Partido Republicano está en clara desventaja según muestran las encuestas.
Amenazó con “aniquilar a Irán” si ese país no accede a un acuerdo de renuncia a tener un arma nuclear y abrirá a la navegación el estrecho de Ormuz: “Tengo que tomar una gran decisión. Pactar con Irán un acuerdo que les permita reconstruir y hacer un mejor país o aniquilar a la república islámica”, expresó.
En defensa de los ataques contra embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, Trump sostuvo que “los cárteles son el Isis (el integrista Estado islámico) del hemisferio occidental” y por ello “deben ser eliminados, exiliados o detenidos como combatientes enemigos sin posibilidad de liberación”.
La presidenta de Perú, Keiko Fujimori, quien también habló este martes a la Asamblea General, abordó el tema y dijo que su país “enfrenta una guerra contra organizaciones criminales transnacionales que operan más allá de las fronteras y están vinculadas a actividades como el narcotráfico y la minería ilegal”.
Esas organizaciones, dijo Fujimori, “deben ser consideradas grupos terroristas y enfrentadas como enemigos del Estado democrático y de los ciudadanos”.
Trump defendió la operación militar del 3 de enero sobre Venezuela, en la que se capturó al presidente Nicolás Maduro -y a su esposa Cilia Flores-, reemplazado por su vicepresidenta Delcy Rodríguez, presente en la sala encabezando la delegación de su país y escuchando al mandatario estadounidense.
“Nuestras acciones en Venezuela son la prueba de que Estados Unidos ya no permitirá que las amenazas contra América se afiancen en ningún lugar del hemisferio occidental y, si es necesario, utilizaremos nuestro poderío militar sin igual para salvaguardar los intereses nacionales vitales de Estados Unidos”, dijo Trump.
Al respecto mencionó que con Venezuela logró “el mayor acuerdo petrolero de la historia”, por un volumen de 65 000 millones de barriles que estarían bajo control de Washington, y así “la combinación entre Estados Unidos y Venezuela representa más de 60 % del petróleo mundial”.
Sobre Cuba, Trump afirmó dijo que “es un Estado absolutamente fallido, está fracasando como nunca y acabará cayendo”, lo que provocó que la delegación cubana abandonase la sala en señal de protesta.
Se ufanó de que la economía estadounidense sea la mayor y más próspera del planeta, afirmó que en su país se ha reducido la pobreza, elevado la renta de los hogares, se ha disparado la inversión y además tiene “la frontera más segura de la historia de Estados Unidos”, gracias a su política migratoria.
El discurso de Guterres, en cambio, avanzó por carriles muy diferentes, al plantear las crisis más acuciantes del mundo no como problemas aislados, sino como diferentes expresiones de la misma lucha subyacente sobre cómo se ejerce el poder y quién lo ejerce.
“El mayor poder no es el poder de dominar. Es el poder de construir un futuro que funcione para todos”, aseveró.
Llamó la atención sobre el surgimiento de nuevos poderes estatales, con la transferencia de autoridad de los gobiernos a corporaciones privadas e individuos, y sobre el creciente papel de la IA y de las armas autónomas en decisiones que antes estaban reservadas a los humanos.
También sobre lo que denominó “la gran fractura”, el peligro de que el mundo caiga en bloques rivales con sistemas económicos y de seguridad separados.
Lamentó nuevamente las crisis en cascada con las guerras que se suceden en Oriente Medio, Ucrania, Sudán o Myanmar, en las que “los llamados altos el fuego a menudo no han sido más que incendios menores”, mientras que los civiles siguen pagando las mayores consecuencias.
Y de nuevo destacó la brecha entre la riqueza mundial récord y los miles de millones de personas que aún carecen de acceso a alimentos, agua potable, educación y atención médica.
“La desigualdad no es simplemente un problema económico, sino una cuestión de poder sobre las oportunidades, los recursos y la autodeterminación”, afirmó.
Finalmente, reiteró sus llamados a la reforma del Consejo de Seguridad, el órgano de la ONU que trata los conflictos, y de cuyos 15 miembros cinco potencias son miembros permanentes: China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia.
Guterres subrayó que ese Consejo, que nació con la ONU al término de la Segunda Guerra Mundial, “se fundó en una era geopolítica radicalmente diferente” y consideró que “la continua ausencia de representación permanente África es injusta e indefendible”.
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