Opinión

Las desiguales estructuras de la edad de la población en los países

Este es un artículo de opinión de Joseph Chamie, demógrafo, consultor independiente y exdirector de la División de Población de las Naciones Unidas.

A pesar de la tendencia general hacia poblaciones de mayor edad, existen diferencias sustanciales en la estructura demográfica entre países. Imagen: Shutterstock

PORTLAND, Estados Unidos – La estructura demográfica varía considerablemente entre países. Algunos países tienen poblaciones relativamente jóvenes, con una gran proporción de niños y adolescentes. Otros países presentan estructuras demográficas mucho más avanzadas, con una proporción sustancial de personas de 65 años o más.

La población mundial actual, de aproximadamente 8300 millones de personas, tiene una edad media de unos 31 años. Esta cifra es considerablemente superior a la de gran parte del siglo XX, cuando la edad media mundial era generalmente inferior a los 25 años.

La edad media mundial era de 22 años en 1950, descendió a 20 años en 1970 y luego aumentó hasta casi 25 años en 1999. Se prevé que el envejecimiento de la población continúe a nivel mundial en las próximas décadas.

Se proyecta que la edad media de la población mundial, actualmente de unos 31 años, aumente hasta aproximadamente 36 años para 2050.

Pero a pesar de la tendencia general hacia el envejecimiento de la población, existen diferencias sustanciales en las estructuras de edad entre los distintos países.

En 2026, aproximadamente 50 países y territorios tendrán poblaciones con una edad media de 21 años o menos, lo que refleja estructuras demográficas muy jóvenes. En el otro extremo del espectro de edad, un número similar de países y territorios tendrán una edad media de 42 años o más, lo que indica poblaciones comparativamente mayores.

Estas amplias diferencias en la edad media ilustran la notable diversidad demográfica entre países y los desafíos sociales y económicos contrastantes asociados con las poblaciones jóvenes y mayores.

La mayoría de los países con poblaciones muy jóvenes se encuentran en África. Por ejemplo, la República Centroafricana, Chad, la República Democrática del Congo, Malí, Níger y Somalia tienen edades medias de 16 años o menos.

En cambio, los países con poblaciones comparativamente mayores se concentran principalmente en Europa y Asia Oriental. Francia, Alemania, Italia, Japón, la República de Corea, España y Suiza, por ejemplo, tienen edades medias de 42 años o más. Las edades medias más altas, alrededor de 50 años, se encuentran en Italia y Japón (Tabla 1).

Tabla 1- Edad media de las poblaciones seleccionadas: 2026 y 2050. Fuente: Naciones Unidas

Además, se prevé que la edad media aumente en prácticamente todos los países, tanto en las regiones más desarrolladas como en las menos desarrolladas. Para 2050, por ejemplo, se proyecta que la edad media de varios países —entre ellos China, Italia, Japón, la República de Corea y España— alcance los 50 años o más.

Las importantes variaciones en la estructura de edad de las poblaciones nacionales también se evidencian en la proporción de personas menores de 18 años y de 65 años o más.

Una vez más, los países en los que aproximadamente la mitad o más de su población es menor de 18 años, mientras que solo un pequeño porcentaje tiene 65 años o más, se concentran principalmente en África.

En 2026, por ejemplo, 56 % de la población de la República Centroafricana es menor de 18 años, mientras que las proporciones correspondientes son de aproximadamente el 53 % en Chad, la República Democrática del Congo, Níger y Somalia. En cada uno de estos países, solo alrededor de 3 % de la población tiene 65 años o más.

En cambio, muchos países desarrollados —entre ellos Grecia, Italia, Japón, Portugal y la República de Corea— presentan estructuras demográficas mucho más envejecidas. En algunos de estos países, como Italia y Japón, aproximadamente 14 % de la población es menor de 18 años, mientras que casi el doble —entre 25 % y 30 %— tiene 65 años o más (Gráfico 1).

Gráfico 1 – Proporciones de personas menores de 18 años y de 65 años o más en países seleccionados: 2026. Fuente: Naciones Unidas

Los cambios en curso en las estructuras demográficas de los países tendrán implicaciones de gran alcance, en particular para el crecimiento demográfico, los mercados laborales, el empleo, la educación, los sistemas de salud, los programas de jubilación y la atención a largo plazo.

Muchos países en desarrollo tienen poblaciones relativamente jóvenes y, debido a sus estructuras demográficas y su dinamismo poblacional, generalmente experimentan tasas de crecimiento demográfico relativamente altas.

Por el contrario, los países con poblaciones comparativamente más envejecidas tienden a tener tasas de crecimiento demográfico más lentas, y muchos países desarrollados ya experimentan un descenso de la población.

Para mediados de siglo, se prevé que varios países africanos con estructuras demográficas particularmente jóvenes experimenten un crecimiento poblacional especialmente rápido.

Por ejemplo, se proyecta que las poblaciones de Chad, la República Centroafricana, la República Democrática del Congo, Níger y Somalia aumenten en más de 80 %.

Este rápido crecimiento demográfico puede plantear importantes desafíos para el desarrollo social y económico, en particular para proporcionar educación, empleo, vivienda, atención médica y otros servicios esenciales adecuados. Los gobiernos deberán expandir rápidamente la infraestructura y los servicios públicos simplemente para poder atender al creciente número de personas.

Los países con poblaciones jóvenes y de rápido crecimiento también pueden enfrentar mayores dificultades para reducir el hambre y la desigualdad, promover los derechos de las mujeres, ampliar el acceso a la atención médica, crear oportunidades de empleo dignas, prevenir disturbios sociales y abordar conflictos internos.

Estas presiones demográficas subrayan la importancia de las políticas gubernamentales que fortalecen el capital humano, crean empleo productivo, amplían los servicios sociales y mejoran la infraestructura. Esas medidas serán esenciales para garantizar que las poblaciones de rápido crecimiento puedan lograr mejoras sostenibles en su nivel de vida.

El lento ritmo del desarrollo socioeconómico, las altas tasas de desempleo y las limitadas oportunidades educativas y laborales para muchos jóvenes contribuyen al malestar social, el descontento y la inestabilidad política.

Como resultado, un número creciente de jóvenes, tanto hombres como mujeres, busca emigrar a países desarrollados en busca de empleo, mayor seguridad y mejores perspectivas para ellos y sus familias.

Si bien muchos utilizan los canales de migración regulares, otros recurren cada vez más a la migración irregular, incluyendo la entrada no autorizada, la permanencia ilegal tras la expiración de sus visas o la solicitud de asilo y protección como refugiado.

En varios países africanos, entre ellos la República Democrática del Congo, Sierra Leona y Liberia, la mitad o más de la población, según se informa, quisiera emigrar a otro país, normalmente a Europa y América del Norte. Estas aspiraciones migratorias reflejan no sólo motivaciones económicas sino también preocupaciones más amplias sobre las oportunidades de empleo, la seguridad personal, la gobernanza y las perspectivas de futuro.

Nigeria, la nación más poblada de África, ofrece un ejemplo particularmente sorprendente. Según se informa, aproximadamente la mitad de su población quisiera abandonar el país y establecerse en el extranjero, preferiblemente en un país de habla inglesa. Las dificultades económicas, el desempleo, las oportunidades limitadas y la inseguridad han contribuido a este fuerte deseo de emigrar.

Muchos nigerianos ya se han mudado al extranjero a través de canales migratorios regulares, mientras que otros han emprendido viajes irregulares o han buscado asilo y protección como refugiados.

La persistencia de aspiraciones migratorias tan fuertes en muchos países menos desarrollados pone de relieve la estrecha relación entre las presiones demográficas, las condiciones socioeconómicas y la migración internacional.

Cuando grandes poblaciones jóvenes enfrentan oportunidades laborales, educativas y económicas limitadas, la migración puede convertirse en una opción cada vez más atractiva para buscar un futuro mejor.

La migración irregular se ha convertido, por consiguiente, en un importante problema político en muchos países de destino. Los gobiernos de numerosos países receptores de migrantes han introducido o reforzado medidas para disuadir la migración irregular, incluyendo un mayor control fronterizo, la detención de migrantes irregulares, la deportación y el retorno de quienes han entrado sin autorización o han permanecido en el país más allá del plazo permitido por su visa.

Al mismo tiempo, las circunstancias demográficas de los países de origen y destino de los migrantes difieren considerablemente.

Muchos países menos desarrollados tienen poblaciones relativamente jóvenes y altas tasas de crecimiento demográfico, mientras que muchos países desarrollados tienen estructuras de edad considerablemente más avanzadas y se prevé que experimenten un descenso demográfico en las próximas décadas.

Para 2050, por ejemplo, se proyecta que la población de países como Italia, Japón y la República de Corea disminuya aproximadamente 13 % (Gráfico 2).

Gráfico 2 – Variación porcentual de la población en países seleccionados: 2026 – 2050. Fuente: Naciones Unidas

Es probable que estas tendencias demográficas contrastantes aumenten la importancia económica y política de la migración internacional.

Mientras que muchos países desarrollados con poblaciones envejecidas y en declive se enfrentan a una creciente escasez de mano de obra, los países con poblaciones jóvenes siguen teniendo un gran número de jóvenes que se incorporan al mercado laboral, a menudo superando las oportunidades de empleo disponibles.

Las consecuencias del envejecimiento de la población son cada vez más significativas para un número creciente de países más desarrollados y también se están convirtiendo en una preocupación importante para algunos países menos desarrollados.

Estos cambios demográficos están impulsando a los gobiernos a reconsiderar las políticas, los programas y las prestaciones económicas y sociales existentes para adaptarse a la realidad demográfica.

El envejecimiento de la población, combinado con el aumento de la esperanza de vida, está reduciendo el número de trabajadores disponibles para mantener a cada jubilado, al tiempo que aumenta la carga fiscal sobre la población en edad laboral que financia las pensiones, la atención médica y otros programas gubernamentales relacionados con la edad.

El aumento de la esperanza de vida también implica que muchos hombres y mujeres mayores podrían agotar sus ahorros o prestaciones de jubilación. A medida que la longevidad sigue aumentando, los sistemas de pensiones están pagando prestaciones durante periodos considerablemente más largos de lo previsto cuando se crearon muchos de estos sistemas durante el siglo XX.

En consecuencia, los gobiernos se enfrentan a una creciente presión para reformar los sistemas de jubilación, los servicios sanitarios y los programas de cuidados a largo plazo, a fin de garantizar su sostenibilidad financiera y, al mismo tiempo, mantener un apoyo adecuado para la población que envejece.

Además de ejercer una mayor presión sobre las finanzas públicas, el aumento de los costes de la atención médica para un número creciente de personas mayores está ejerciendo una presión cada vez mayor sobre los presupuestos, la capacidad y las expectativas de las familias.

Financiar y proporcionar cuidados a largo plazo a las personas mayores representa un gran desafío para las sociedades y las familias. En muchos países, la provisión pública de cuidados a largo plazo sigue siendo insuficiente o prácticamente inaccesible para una parte significativa de la población.

Al mismo tiempo, el creciente número de hombres y mujeres mayores ejerce una presión cada vez mayor sobre las redes de apoyo tradicionales, incluyendo a las familias, los amigos y las comunidades locales.

Tendencias demográficas poderosas y en gran medida irreversibles impulsan el envejecimiento de la población, con un número y una proporción cada vez mayores de personas —especialmente mujeres, que suelen vivir más que los hombres— que pasan más años en la vejez. Estas tendencias tendrán profundas implicaciones para la organización y la financiación de las sociedades.

Las estructuras de edad contrastantes de las poblaciones en los países en desarrollo y desarrollados requieren importantes ajustes sociales y económicos. Los países con poblaciones jóvenes necesitan ampliar la educación, el empleo, la atención médica y otros servicios para satisfacer las necesidades de un número creciente de jóvenes.

Por el contrario, los países con poblaciones sustancialmente mayores deben prepararse para una mayor demanda de los sistemas de pensiones, la atención médica y los cuidados a largo plazo.

Ante esta realidad demográfica, los gobiernos deben reformar sus políticas y programas que afectan a sus poblaciones.

Lamentablemente, muchos gobiernos parecen estar posponiendo estos ajustes necesarios.

Cuanto más tarden los gobiernos en adaptar sus políticas y programas a las cambiantes condiciones demográficas, más difíciles y costosas serán las consecuencias para sus poblaciones.

Joseph Chamie es demógrafo y consultor, exdirector de la División de Población de las Naciones Unidas y autor de numerosas publicaciones sobre temas de población, incluido su libro más reciente: “Niveles de población, tendencias y diferenciales».

T: MLM / ED: EG

Este informe incluye imágenes de calidad que pueden ser bajadas e impresas. Copyright IPS, estas imágenes sólo pueden ser impresas junto con este informe

Lo más leído

[wpp heading='Popular Posts' limit=6 range='last24hours' post_type='post' stats_views=0 ]