Acuerdo Mercosur-Unión Europea remienda un Occidente dividido

El Parlamento Europeo decidió el 21 de enero someter el acuerdo Mercosur-Unión Europea a un dictamen del Tribunal de Justicia comunitario, lo que puede retardar la vigencia del tratado en dos años. Pero la Comisión Europea puede ponerlo en vigencia provisional luego de su ratificación por el Poder Legislativo de tan solo uno de los países del Mercosur. Es el obstáculo postrero de un acuerdo que se negoció por 26 años. Imagen: Parlamento Europeo

RÍO DE JANEIRO – Su dimensión comercial se destaca por los efectos económicos sensibles, pero el acuerdo entre el Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Unión Europea (UE), firmado el 17 de enero en Asunción tras 26 años de negociación, es mucho más amplio y busca corregir rumbos en el mundo actual.

Las negociaciones que se arrastraron por 26 años asocian dos bloques que “comparten los valores democráticos y la defensa del multilateralismo” y se alzan “contra la lógica de las guerras comerciales que segregan economías, empobrecen naciones y aumentan la desigualdad”, según el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, en un artículo que celebra el acuerdo.

“Preferimos el comercio justo a los aranceles, preferimos una asociación productiva a largo plazo al aislamiento”, acentuó la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en la firma del acuerdo.

“El acuerdo es importante en términos políticos y simbólicos, pero no cambia mucho la economía y la realidad del Mercosur y la Unión Europea”: Paulo Roberto de Almeida.

Son discursos de rechazo a los súper aranceles unilaterales y a la amenazas bélicas que dispara el presidente estadounidense, Donald Trump, desde su toma de posesión el 20 de enero de 2025 y, de forma menos contundente, durante su primer gobierno, de 2017 a 2021.

El efecto Trump alentó a los dos bloques, especialmente al europeo, a concluir las negociaciones iniciadas en 1999. Aun así, hay resistencias en la UE. Su parlamento decidió condicionar la aprobación del acuerdo a un dictamen jurídico del Tribunal de Justicia de la UE sobre la compatibilidad con los tratados del bloque. Eso puede demorar hasta dos años.

La Comisión Europea puede acortar esa espera y, según las normas de la UE, poner la parte comercial del acuerdo en vigencia provisional, tras ser ratificado por el parlamento de uno de los países miembros del Mercosur: los fundadores Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, a los que se sumó plenamente Bolivia en 2024.

Los poderes ejecutivos de los dos bloques (gobiernos de los cuatro países fundadores del Mercosur y la Comisión Europea) firmaron, en realidad, dos acuerdos: uno de Asociación en tres pilares, política, cooperación y comercio, que comprenden desde medio ambiente y derechos humanos a los temas digitales; y otro denominado Interino de Comercio que elimina aranceles para una mayoría de productos, buena parte de forma gradual.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se encuentra con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva en Río de Janeiro el 16 de enero, para celebrar el acuerdo UE-Mercosur y discutir nuevos pasos de la asociación entre los dos bloques. Lula no asistió a la firma del acuerdo un día después en Asunción, supuestamente molesto porque la prorroga de un mes forzada por la UE, impidió que la firma se produjera durante la presidencia semestral de Brasil del Mercosur. Imagen: Tânia Rêgo / Agência Brasil

La Confederación Nacional de la Agricultura y Ganadería de Brasil estima que la UE eximirá 93 % de los rubros de importación desde el Mercosur, parte con plazos de hasta 10 años. En el sentido contrario será 91% y hasta 15 años.

Pero además de los largos plazos de desgravación, los llamados productos sensibles tendrán cuotas, es decir un límite de cantidad, para el arancel cero o reducido.

Un ejemplo es la carne de vacuno. El Mercosur podrá exportar hasta 99 000 toneladas anuales con un arancel de 7,5 %, y por encima de esa cantidad sigue el gravamen actual que alcanza hasta 178,4 % en algunos tipos de carne.

“El acuerdo es importante en términos políticos y simbólicos, pero no cambia mucho la economía y la realidad del Mercosur y la Unión Europea”, evaluó Paulo Roberto de Almeida, diplomático brasileño ya retirado que acompañó el proceso de negociaciones comerciales desde los años 90, en diálogo con IPS por teléfono desde Brasilia.

Además de las cuotas, las salvaguardias imponen límites al incremento del comercio. La UE suspenderá, por ejemplo, las cuotas o reducciones arancelarias en el sector agrícola si el volumen importado aumenta más de 5 % en comparación con el promedio de los tres años anteriores o si el precio en su mercado cae más de 5 %.

El temor europeo no es solo un incremento de las importaciones desde el Mercosur, sino también rebajas en los precios por la competencia de los productos importados que restarían ingresos a los agricultores, explicó a IPS la economista Sandra Rios, directora del Centro de Estudios de Integración y Desarrollo, en Río de Janeiro.

Los participantes en la histórica ceremonia de la firma del acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea, el 17 de enero en Asunción, la capital de Paraguay, que ostenta la presidencia del Mercosur durante el primer semestre de 2026. Imagen: Presidencia de Paraguay

¿Por qué negociaciones tan prolongadas?

El mundo, y particularmente el continente americano, vivió una fiebre de globalización y acuerdos de liberalización comercial en los años 90. Estados Unidos intentó impulsar el Área de Libre Comercio de las Américas (Alca) a partir de 1994.

Las negociaciones enfrentaron varios obstáculos y altibajos hasta ponerles fin en 2004. Al año siguiente fracasó un intento de reanudarlas.

En esos años coincidían gobiernos de izquierda en Argentina, Brasil y Venezuela, presididos por Néstor Kirchner, Lula y Hugo Chávez, respectivamente, que rechazaban las propuestas de Washington, consideradas negativas para el desarrollo de los socios del sur, especialmente en el sector industrial.

Pero las iniciativas de Estados Unidos, que negoció acuerdos separados con decenas de países, inducían la Unión Europea a hacer lo mismo, ante la posibilidad de perder mercados.

Es así que manifestó su interés en acercarse al Mercosur por primera vez en 1995 y en 1999 inició sus negociaciones para un acuerdo de libre comercio entre los dos bloques. El proceso se interrumpió en 2004 tras el fracaso del Alca.

Intentos de reanudar las negociaciones en los años sucesivos se frustraron. Las divergencias parecían insuperables.

De 2003 a 2016 la presidencia brasileña en manos del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), con Lula como presidente de 2003 a 2010 y su sucesora Dilma Rousseff entre 2011 y 2016, contribuyó a retardar el proceso. “No se dio cuenta de que la disposición de la Unión Europea era una reacción al Alca”, sostuvo Almeida.

De esa forma, obstruir el Alca era inviabilizar también un acuerdo con la UE, que sí favorecía el PT.

En 2017 la UE volvió a interesarse por el bloque del sur americano no por la disputa de mercados con Estados Unidos, sino por una alianza contra el proteccionismo y la hostilidad de Trump en su primer gobierno.

En 2018 el gobernante estadounidense impuso aranceles de 25 % al acero y 10 % al aluminio de varios países, luego aceptó cuotas exentas para algunos, como Brasil y Argentina, pero mantuvo el gravamen contra la UE, Canadá y México. Los europeos respondieron con retaliaciones sobre jugo de naranja, maíz dulce y otros productos estadounidenses, gravados en la misma proporción.

Otro factor de la reanudación del proceso negociador en 2017 fueron los gobiernos liberales y favorables al libre comercio en el lado del Mercosur, los presidentes Mauricio Macri (2015-2019) en Argentina y Michel Temer (2016-2019) en Brasil, recordó Rios.

En junio de 2019 los dos bloques concluyeron un primer acuerdo, que quedó luego  suspendido ante la alarma generada, especialmente en Europa, por las políticas antiambiental y antiindígena del presidente brasileño Jair Bolsonaro (2019-2022), de extrema derecha.

Solo en 2023, con Lula de nuevo en la presidencia de Brasil, el tema volvió a la agenda. El acuerdo de 2019 sufrió muchas alteraciones en los dos bloques. El Mercosur amplió el plazo para la reducción de los aranceles sobre vehículos automotores y mejoró las condiciones para participar en las compras gubernamentales y exportar minerales críticos.

Del lado europeo, se adoptaron salvaguardias que fijan cuotas para las importaciones agrícolas y su suspensión en caso de su incremento abrupto o caída de precios en más de 5 % y vetan la importación de bienes producidos en tierras deforestadas después de 2020 o con violaciones de los derechos humanos

Los gobiernos del Mercosur aprobaron el acuerdo sin dificultades, pero en la UE persistieron polémicas y desacuerdos hasta el final. Bolivia es miembro pleno del bloque desde julio de 2024, pero no es signatario del acuerdo porque solo adherirá a las normas arancelarias comunes en 2028.

La decisión a favor del Consejo Europeo, de los gobernantes de los 27 países miembros, solo ocurrió el 9 de enero de 2026, ocho días antes de la firma del acuerdo en Asunción.

Además hubo cinco votos en contra: Austria, Francia, Hungría, Irlanda y Polonia, mientras Bélgica se abstuvo. Los votos favorables de 21 países fueron suficientes porque ellos suman más de 65 % de la población del bloque y en términos de miembros bastaban 15.

En el Mercosur el decidido liderazgo de Lula, facilitó la aprobación. En el sector industrial, contrario al libre comercio en el pasado, por temer la competencia de países con ventajas tecnológicas, productivas y logísticas, la resistencia se rompió por la reforma tributaria que empezará a aplicarse gradualmente en 2027 hasta la vigencia plena en 2033.

Con eso se espera adecuar el principal costo de la industria de transformación, porque el sistema actual comprende varios tributos que se acumulan en la cadena de producción, que es larga en el sector, observó Rios.

Había el temor de que el presidente argentino, Javier Milei, otro ultraderechista, echara todo a perder, ya que siempre criticó duramente el Mercosur y se ausentó de varias de sus cumbres, desde su llegada al poder en diciembre de 2023. “Ha sido un escollo para el progreso de los argentinos”, dijo en una reunión del bloque en diciembre de 2024. En otras ocasiones atacó el brasileño Lula incluso con palabrotas.

Sin embargo, Milei saludó la firma del acuerdo con la UE como “el mayor logro del Mercosur desde su creación (1991)» y prometió promover su rápida ratificación por el Congreso argentino. Se atribuyó, además, un rol importante en el logro del acuerdo, junto con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, también de extrema derecha, que se evidenció pragmática durante la fase final de la negociación.

La economista brasileña Sandra Rios, experta en integración comercial, cree que el acuerdo tendrá efectos pequeños y a largo plazo, debido a las salvaguardias y restricciones acordadas tras los vaivenes en las negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea durante 26 años. Imagen: Cortesía de Sandra Rios

¿Qué representa el acuerdo?

Las protestas de los agricultores europeos, franceses principalmente, parece indicar que su sector sufrirá grandes pérdidas a causa del acceso preferencial que tendrán sus pares sudamericanos al mercado de la UE.

Pero las salvaguardias y los plazos de hasta 10 años les permitirá “acomodarse” a la nueva situación sin graves daños, “el impacto será a muy largo plazo”, destacó Rios. Además, el Mercosur solo es competitivo “en los grandes commodities (bienes básicos)” y los europeos aventajan en productos agroindustriales, como los lácteos, vino y aceite, acotó.

Los cambios en la economía serán pocos y “muy lentos”, tanto para los dos bloques como para el mundo, realzó el diplomático Almeida. El acuerdo tendría efectos relevantes si hubiese sido adoptado antes, en el inicio del siglo, como se pretendía inicialmente, y junto con el Alca, sostuvo. Sin eso, es China que cambió el mundo, matizó.

Un dato resaltante es que corriente comercial entre el Mercosur y la UE no necesitó del libre comercio para multiplicarse por 2,67 este siglo. De 39 025 millones de dólares en el año 2000, la balanza entre los dos bloques alcanzó 109 480 millones de dólares en 2025, según datos del Sistema Estadísticas de Comercio Exterior del Mercosur.

El Mercosur exportó 49 497 millones de dólares e importó 54 983 millones de dólares en 2025. En 2000 fueron, respectivamente, 18 749 y 20 276 millones de dólares. El intercambio es relativamente equilibrado, como apunta el siguiente cuadro:

Con 720 millones de habitantes, los 31 países firmantes del acuerdo, siendo 27 europeos y cuatro sudamericanos, tienen un producto interno bruto (PIB) de 22,4 billones (millones de millones) de dólares.

Las reservas ambientales siguen pendientes en el libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, pese a las condiciones acordadas. Los europeos rechazan importar carne de la ganadería que desforesta la Amazonia, por ejemplo. En la imagen, unas vacas pastan en una zona de la Amazonia brasileña. Imagen: Mario Osava / IPS

¿Qué resultará?

Hay incertidumbres, pero se cree que el acuerdo Mercosur-UE será finalmente aprobado por el Parlamento Europeo. Es solo una cuestión de tiempo, el documento firmado por los gobiernos coincide con la orientación de otros acuerdos ya aprobados y el Tribunal de Justicia suele fallar técnicamente, evaluó Rios.

El gobierno brasileño ya envió a su Congreso legislativo los documentos para su ratificación, que se espera suceda en marzo. El Consejo Europeo podrá entonces poner el acuerdo comercial en vigencia provisional para evitar una nueva dilación.

La disposición europea de sumar nuevos aliados comerciales y geopolíticos se comprueba por la firma de un acuerdo similar con India, el 27 de enero, apenas 10 días después del tratado con el Mercosur.

La Comisión Europea espera que las exportaciones europeas al Mercosur aumenten 49 % con la vigencia del acuerdo.

El Instituto de Investigación Económica Aplicada, órgano estatal brasileño, prevé un aumento de 0,46 % en el producto nacional hasta 2040, como resultado del acuerdo. El Ministerio de Relaciones Exteriores es más modesto, estima un crecimiento de 0,34 % del PIB hacia 2044. Pero espera un aumento de 2,65 % en las exportaciones, 0,42 % en los salarios y baja de la inflación en 0,56 %.

Las previsiones favorables de los gobiernos buscan sobrevaluar sus acciones. Pero hay evaluaciones negativas, como las de los ambientalistas, que temen una expansión comercial y económica en desmedro del ambiente, los bosques y el control de los agroquímicos.

ED: EG

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