Acoso sexual, el drama que agrava la desigualdad laboral de género en Brasil

Trabajadores bancarios de São Paulo salieron a las calles el 15 de junio, em el comienzo de su campaña para forzar negociaciones salariales con los bancos este año. Mecanismos de combate al acoso sexual y moral, como un canal de denuncias efectivo, con comisiones compuestas de representantes de los bancos y del sindicato, son parte de los reclamos. Foto: Roberto Parizotti / Fotos Públicas

RÍO DE JANEIRO – Bancos, hospitales y muchos otros sectores económicos son escenarios usuales del acoso sexual que, además de los dramas personales, genera barreras al avance de las mujeres en el acceso y la remuneración del trabajo, aún inferior a la del hombre en Brasil, como en el resto del mundo.

Duró tres años y medio, por ejemplo, el calvario de muchas empleadas de la Caja Económica Federal, hasta que sus denuncias de acoso derribaron al presidente de ese banco estatal destinado a las inversiones sociales en este país sudamericano.

Pedro Guimarães era especialmente poderoso por presidir la institución financiera clave para la popularidad del gobierno, al financiar las pequeñas empresas y la construcción masiva de viviendas, además de ser uno de los hombres predilectos del presidente del país, el ulraderechista Jair Bolsonaro.

Finalmente, cinco de sus víctimas tuvieron el coraje de contar las acciones de sometimiento al portal web de noticias Metrópoles, con su base en Brasilia. La publicación, el 28 de junio, tuvo una repercusión inmediata, incluso porque confirmaba los insistentes trascendidos sobre tales delitos desde que comenzó la gestión de Guimarães.

El banquero renunció a su función el día siguiente y el cargo fue ocupado de inmediato por Daniella Marques, una economista que era la secretaria de Productividad y Competitividad del Ministerio de Economía. Siguió la destitución de casi toda la plana mayor que acompañó a Guimarães y el nombramiento de más mujeres en la nueva dirección.

“Queremos canales de denuncias que sean bipartitos, es decir compuestos de representantes del sindicato y del banco, que puedan acompañar las denuncias manteniendo el sigilo y encaminar cada caso a su solución judicial o administrativa”: Neiva Ribeiro

Se desató también una avalancha de denuncias de acoso sexual y moral practicado por Guimarães y sus directores, en un tardío destape del tóxico clima instalado en la sede central de ese banco en Brasilia, desde enero de 2019, cuando tomaron posesión el actual gobierno y una nueva dirección de los bancos y empresas estatales.

Invitaciones a sauna y a su habitación de hotel cuando compartían viajes de trabajo, palabras, roces y abrazos libidinosos, constreñimientos ejercidos incluso a través de sus auxiliares y encargos para forzar encuentros a solas son algunas de los acosos de Guimarães, denunciados públicamente o ante el Ministerio Público (fiscalía), que asumió la investigación del caso.

El expresidente de la Caixa Económica Federal, Pedro Guimarães (I), y el presidente Jair Bolsonaro, bromean en la imagen. Guimarães fue una figura muy cercana al mandatario, hasta que las denuncias de acoso sexual en su contra forzaron su renuncia al cargo el 29 de junio. Foto: Antonio Cruz/ Agência Brasil

Negociación con los bancos

El escándalo reforzó el reclamo del Sindicato de Bancarios de São Paulo, Osasco y Región, del establecimiento de nuevos y eficaces mecanismos de prevención y represión contra el acoso sexual, frecuente en los bancos, sean estatales o privados.

Es un punto importante en las actuales negociaciones del sindicato con la Federación Brasileña de Bancos, que se prolonga desde hace meses.

“Queremos canales de denuncias que sean bipartitos, es decir compuestos de representantes del sindicato y del banco, que puedan acompañar las denuncias manteniendo el sigilo y encaminar cada caso a su solución judicial o administrativa”, explicó Neiva Ribeiro, secretaria general del sindicato.

No es eficaz un mecanismo solo interno, del propio banco, lo comprueba el caso de la Caixa, aclaró. Allá hay la dirección de Control Interno e Integridad que fracasó en su misión de contener el acoso persistente. Viejas denuncias, al revés, se volvieron contra las víctimas.


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El escándalo ganó incluso aires de tragedia. El titular de esa dirección, Sérgio Batista, nombrado en marzo de este año, apareció muerto el 19 de julio en la sede de la Caixa, en Brasilia. El suicidio es la hipótesis inicial de la policía, que investiga el caso.

“Además reclamamos una campaña de información más intensa. Muchas mujeres no saben que es el acoso sexual, lo sufren y no se dan cuenta. Creen que se trata solo de un coqueteo”, destacó Ribeiro a IPS, por teléfono desde São Paulo.

El sindicato ya ofrece otro cuidado también considerado indispensable, que es la acogida, acotó. No es fácil la decisión por la denuncia. Pone en juego el empleo, un riesgo mas agudo para los más pobres, lo más común es la impunidad del agresor y la sociedad tiende a condenar las víctimas como la supuesta provocadora del acoso.

La mayoría de las mujeres víctimas de acoso sexual no denuncian el delito ante el temor de perder el empleo, la impunidad generalizada de los autores y la tendencia social de culpar a las mujeres por la agresión sufrida, lamenta Neiva Ribeiro, en la imagen, secretaria general del Sindicato de los Bancarios de São Paulo, Osasco y Región. Foto: Sindicato de los Bancarios

Víctimas dejan empleo o se enferman

Una en cada seis víctimas prefiere renunciar a su empleo y no denunciar el delito, según Think Eva, un centro de estudios y consultoría sobre cuestiones de género. Una de sus encuestas, hecha en 2020, apuntó que 47,13 % de las entrevistadas sufrió acoso sexual.

Otra encuesta, del Instituto de Investigaciones Sociales, Políticas y Económicas (Ipespe), encomendada por la Federación Brasileña de Bancos (Febraban), reveló que 59 % de las entrevistadas dejan de denunciar el acoso por temer represalias. Una cantidad menor lo hace por vergüenza, por no confiar en la Justicia o por suponer que no le creerán.

Cualquiera sea su actitud, el acoso sexual deja secuelas, como enfermedades psicosomáticas, tristeza o desinterés por el trabajo, cuando por falta de alternativas de ingresos permanece en el empleo. Pero el deseo de irse persiste y la productividad cae, comentó la sindicalista.

El sindicato de São Paulo y Región representa cerca de 140 000 trabajadores bancarios de 14 municipios, siendo la mitad de mujeres. La carrera femenina en general llega a gerente de filiales o de algunos servicios y los varones acaparan las funciones de mayor poder, lamentó Ribeiro.

El sector bancario es uno de los que más registran asedio sexual, pero no hay aún estadísticas que permitan una mejor comparación, según la dirigente sindical. Las negociaciones con los bancos sobre ese tema comenzaron hace más de 20 años

Otro sector de gran incidencia es el la salud, especialmente en los hospitales, sostuvo María (nombre ficticio), una enfermera que trabaja en el estado de São Paulo.

Poder médico

La posición de poder, jerárquico en relación a las enfermeras, que son mujeres en su mayoría, y de omnisciencia ante el paciente, le ofrece al médico oportunidades excepcionales para abusos, incluso sexuales. Además en condiciones de total intimidad, por lo menos con los pacientes, observó María a IPS, por teléfono desde una ciudad del interior del estado de São Paulo.

“Las pacientes y sus familiares llegan fragilizados ante el médico, dueño de sus destinos”, señaló la enfermera, ella misma victima de acoso sexual cuando empezaba su carrera hace más de 20 años.

El opresor, como jefe de Recursos Humanos, tenía gran influencia en la admisión y en el despido de empleadas para todas las funciones en el hospital y buscaba sacar ventajas sexuales de su posición. No resultó en relación a la nueva enfermera, pero le generó incertidumbres y angustias.

Una médica reaccionó ante un intento similar, denunció el hecho a la dirección del hospital y provocó el despido del acosador que, sin embargo, consiguió pronto el mismo puesto en otro hospital. Faltó una punición que manchara su currículo, opinó María.

En las últimas semanas proliferaron escándalos sobre abusos cometidos por médicos. La policía detuvo el 15 de julio un anestesista que violó una mujer que acababa de dar a luz un bebe, en São João do Meriti, municipio vecino a Río de Janeiro.

Enfermeras sospecharon de sus actitudes, como inyectar exceso de anestésicos en las  parturientes y aislarlas detrás de cortinas, y filmaron sus acciones por un teléfono celular oculto. La sospecha es que el anestesista haya violado decenas de mujeres en trabajo de parto.

El Consejo Regional de Medicina de Río de Janeiro evalúa proscribir de la profesión a ese y a otro médico, un ortopedista denunciado por una enfermera que lo acusa de acoso sexual en un hospital del centro de Rio de Janeiro, el año pasado.

ED: EG

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