Primeras lluvias intensas del año desnudan vulnerabilidad de Cuba ante huracanes

Transeúntes caminan por una calle durante las intensas lluvias, en el municipio de Cerro, en La Habana, en los primeros días de junio de 2022. Estudios den Cuba reconocen que una adecuada gestión de riesgos y reducción de vulnerabilidades a nivel local puede mitigar el impacto nocivo de desastres naturales. Foto: Jorge Luis Baños / IPS

LA HABANA – La marca de humedad en las paredes, muebles desmembrados y electrodomésticos colocados todavía en los estantes más altos confirman los estragos de las lluvias de comienzos de junio en el hogar de Guillermina Alberja, en la capital de Cuba.

“Lo importante es que se actuó enseguida, no se perdieron vidas, porque la crecida fue rápida. Es la peor inundación que he visto en los 20 años que llevo viviendo en El Fanguito”, refirió Alberja antes de pedir ayuda a un vecino para sacar al sol uno de sus colchones.

El Fanguito es una de las comunidades de La Habana más afectadas por las torrenciales lluvias que ocurrieron del 2 al 6 de junio e inundaron zonas de provincias del occidente y centro de este país insular caribeño.

“Debe reconocerse la preocupación de las autoridades municipales y provinciales quienes llegaron para chequear las tareas de evacuación, priorizar la atención a las familias damnificadas, la venta de alimentos y luego las acciones de recuperación”, explicó la también coordinadora de una organización barrial en diálogo con IPS.

Con viviendas asentadas en una de las márgenes del río Almendares y próximas a la desembocadura, unos 600 de los más de 1200 habitantes de El Fanguito resultaron afectados por la penetración del agua, lodo y desechos, por lo cual se habilitaron en la zona dos centros para albergar familias.

“Cuando el río se desborda me inunda el patio, pero esta vez entró a la casa -de madera y con techo endeble- y mojó ropas, camas y equipos”, contó a IPS otra vecina, Aleida Pérez, con el habla entrecortada debido al asma “por la tremenda humedad aquí adentro”.

“Si necesario es construir hoteles, pues el turismo es un puntal de la economía, tan o más importante debe ser que cada cubano tenga una vivienda digna, que no tema perder equipos electrodomésticos cuando llueva o viva con la zozobra de que su edificio pueda colapsar”: Yanelis Peguero.

Estudios de peligros, vulnerabilidad y riesgos respaldan la relocalización de al menos 44 viviendas ubicadas en los primeros 20 metros de la ribera del río, entre las cuales se encuentran las de Alberjas, Pérez y sus familias, aunque habría que reconsiderar el reasentamiento de otro centenar de núcleos golpeados por la riada.

Con un fondo habitacional de 598 viviendas de las cuales 72 % están en regular y mal estado, El Fanguito es uno de los 67 barrios habaneros cuya situación de vulnerabilidad se reafirmó con las lluvias.

Esos asentamientos y otros en el país han recibido, a partir de las protestas de julio de 2021, una inyección de recursos estatales para solucionar necesidades básicas insatisfechas relacionadas con la construcción y reparación de viviendas, viales y redes de agua potable y alcantarillado, entre otros elementos.

Un hombre y un niño observan desde la entrada de su vivienda la inundación en una zona del municipio de Diez de Octubre, en La Habana, el 3 de junio de 2022. Además de la intensidad de las precipitaciones en muy poco tiempo, las aguas se empozan en zonas de la capital de Cuba por el mal estado de parte del alcantarillado y la falta de sistematicidad en la limpieza de tragantes. Foto: Jorge Luis Baños / IPS

Vulnerabilidades

Reportes preliminares indican que en pocos días cayó 55 % de la media mensual de precipitaciones, aunque en la provincia de Matanzas y el municipio especial de Isla de la Juventud –la segunda mayor isla de este archipiélago-, el acumulado supera 100 %, de los registros promedio para junio, el segundo mes de la estación lluviosa, que en el país se extiende de mayo a octubre.

El fenómeno climatológico activó el sistema de Defensa Civil cubano, organizado  desde el nivel nacional hasta el local, para ante situaciones excepcionales como huracanes, tornados, inundaciones o derrames de sustancias químicas proteger a la población y la economía.

Ese sistema incluye acciones de prevención, preparación, vigilancia, alerta temprana y pronósticos de peligro, la evaluación de variables y riesgos, así como el aviso y orientación a la ciudadanía.

Además de daños en cultivos y averías en las telecomunicaciones y redes eléctricas, las lluvias dejaron cuatro fallecidos y más de 1200 viviendas afectadas parcial o totalmente, de acuerdo con información oficial.

Solo en La Habana, con de 2,2 millones de habitantes distribuidos en sus 15 municipios, ocurrieron un centenar de derrumbes, dos de ellos totales, y varias zonas quedaron anegadas.

“Cuando anuncian lluvias me aterro. Además de filtrarse por las paredes temo que el techo se me venga encima”, confesó a IPS la jubilada Ofelia Nodarse, residente en una edificación casi centenaria del municipio de Centro Habana.

La vivienda de Guillermina Alberja, residente en El Fanguito, un barrio de La Habana, fue una de las afectadas por las torrenciales lluvias que a comienzos de junio afectaron varias provincias del occidente y el centro de Cuba. Foto: Jorge Luis Baños / IPS

“Arreglar, no ya adquirir una vivienda nueva, es prohibitivo. En el mercado negro, donde puedes encontrar todos los materiales, una bolsa de cemento (de 42 kilogramos) cuesta casi la cuarta parte de mi salario”, aseguró a IPS el profesor Enrique Bermúdez, otro residente en ese municipio.

Bermúdez devenga algo más de 200 dólares mensuales al cambio oficial, pero ese monto cae a apenas 45 dólares si se tienen en cuenta las tasas de cambio que rigen en el mercado informal de  compra-venta de productos esenciales y deficitarios en los mercados bajo gestión estatal.

Según estadísticas 37 % de los más de 3,9 millones de inmuebles en Cuba están en regular o en mal estado técnico constructivo. A ello se suma un déficit de más de 863 000 viviendas en un país de 11,2 millones de habitantes.

Desde 2019 entró en vigor la Política de la Vivienda en Cuba, un plan gubernamental que aspira a eliminar dicho déficit en una década y que lleva a cabo el Ministerio de la Construcción.

En los cuatro primeros meses de este año se terminaron 7914 viviendas, 20,8 % de las casi 38 000 que se prevé concluir en el país en 2022, según los planes.

A un ritmo de 38 000 viviendas anuales harían falta 22 años para equilibrar ese déficit, sin tener en cuenta futuras afectaciones por huracanes u otros fenómenos.

La crisis económica crónica que arrastra la isla desde hace tres décadas y la descapitalización de las principales industrias influyen en las bajas producciones de cemento, barras de acero y arenas y otros elementos naturales áridos.

Otro factor que conspira contra la industria de materiales de construcción es el embargo estadounidense que limita el acceso a créditos internacionales para modernizar el sector, justifican autoridades.

Panorama de parte de La Habana durante las lluvias de comienzos de junio, que generaron las primeras inundaciones del año en Cuba. Alrededor de 37 % del fondo habitacional en la isla califica como regular o en mal estado técnico constructivo, pero la precaria situación financiera complica la recuperación del sector de la construcción. Foto: Jorge Luis Baños / IPS

Gestionar riesgos e inversiones

Pero también hace falta invertir en nuevas obras de alcantarillado, sifones y canales de desagüe, pues “muchos están tupidos por inadecuadas reparaciones de viales, la poco sistemática limpieza de tragantes, o por la basura acumulada en las esquinas o que las personas tiran en las calles”, comentó a IPS el ingeniero Alexis Núñez.

Residente en el capitalino municipio de Playa, en una zona que aseguró “siempre se inunda cuando llueve fuerte”, Núñez apuntó que parte de los sistemas de drenaje en La Habana “colapsan porque tienen más de 100 años”.

Estudios reconocen que una adecuada gestión de riesgos y reducción de vulnerabilidades a nivel local puede mitigar el impacto nocivo de desastres naturales, lo cual debe ir acompañado de una mayor educación de la ciudadanía para elevar más la percepción del peligro ante fenómenos extremos.


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“Si necesario es construir hoteles, pues el turismo es un puntal de la economía, tan o más importante debe ser que cada cubano tenga una vivienda digna, que no tema perder equipos electrodomésticos cuando llueva o viva con la zozobra de que su edificio pueda colapsar”, valoró en un diálogo con IPS la joven arquitecta Yanelis Peguero, también residente en Playa.

En 2021, los servicios empresariales, actividades inmobiliarias y de alquiler, que incluyen la inversión turística, representaron 35,2 % del total de actividades económicas receptoras de inversión en Cuba, frente a 1,7 % del sector de la construcción, según cifras de la Oficina Nacional de Estadística e Información.

Otros especialistas exhortan a que se autorice el hasta ahora impedido ejercicio privado de profesiones como la arquitectura, una actividad que a juicios de expertos debe contribuir a reforzar el cumplimiento de disposiciones urbanísticas y mejorar la calidad, seguridad, funcionalidad y estética de las nuevas construcciones.

Pronósticos estiman que la temporada de huracanes 2022, del 1 de junio al 30 de noviembre en el Atlántico norte, el golfo de México y el mar Caribe, pudiera ser muy activa con la posible formación de 17 ciclones tropicales con nombre.

Según el Instituto de Meteorología, con sede en La Habana, existe 85 % de probabilidades de que en estos meses un ciclón tropical impacte Cuba y 60 % que adquiera categoría de huracán con vientos máximos sostenidos de más de 119 kilómetros por hora.

El informe «Repercusiones en América Latina y el Caribe de la guerra en Ucrania: ¿cómo enfrentar esta nueva crisis?», publicado el 6 de junio por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), muestra que en 2019 los alimentos representaron 29,7% de las importaciones totales de Cuba, la tercera mayor proporción entre 28 países de la región.

Datos oficiales indican que la isla importa alrededor de 70 % de los alimentos que consume.

Tales indicadores suponen una alta vulnerabilidad ante un alza de los precios e inestabilidad de los suministros, situación que pudiera agravarse si un huracán de gran intensidad impacta la isla, cuyos problemas financieros complican las compras en el exterior.

ED: EG

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