Pescadores artesanales de América Central demandan políticas de seguridad social

El pescador salvadoreño Nicolás Ayala, de 63 años, camina hacia su lancha en el embarcadero de San Luis La Herradura, en la costa pacífica de El Salvador, para iniciar su faena de 24 horas mar adentro. Comentó que por la falta de un rompeolas en la bocana, donde se une el mar y el estero, algunas lanchas han volcado y colegas suyos se ahogaron, dejando a sus familias desprotegidas por carecer de un seguro de vida. Foto: Edgardo Ayala / IPS

SAN LUIS LA HERRADURA, El Salvador – En el embarcadero, el pescador salvadoreño Nicolás Ayala se revisó el bolsillo del pantalón para cerciorarse de que llevaba consigo las pastillas para la hipertensión que debe tomar cuando se encuentre en el mar, en un turno de 24 horas. Y con satisfacción confirmó que sí las portaba.

A sus 63 años, “ya solo somos achaques”, dijo a IPS, mientras mostraba otras píldoras que llevaba consigo para aliviar un dolor de muelas y otras dolencias.

Ayala vive en San Luis La Herradura, un pequeño poblado localizado en la franja costera del departamento de La Paz, en el centro-sur de El Salvador, en la orilla del Estero de Jaltepeque, donde más adentro, viajando por entre canales, se llega al océano Pacífico.

Las olas de la vulnerabilidad

“Me preocupa sufrir algún percance de salud y no pueda seguir trabajando y quede en la calle, en la ruina”, añadió, al advertir que, como pescador artesanal no tiene ningún tipo de cobertura por enfermedad o accidente de trabajo.

No debería ser así, deberían estar cubiertos, pues es uno de los trabajos de mayor riesgo en el mundo, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Pero esa es la realidad que viven las miles de personas dedicadas a la pesca en pequeña escala en El Salvador y el resto de América Central en las dos costas del istmo, un rubro vital para la seguridad alimentaria de buena parte de los 43 millones de habitantes de esta región, salpicada de graves carencias sociales.

Como otros sectores poblacionales, los pescadores artesanales faenan en una vulnerabilidad casi absoluta, sin ninguna herramienta social que los proteja, con una adecuada cobertura, de los accidentes o las enfermedades que enfrentan a diario, aparte de lo básico: sistemas de salud precarios.

Ayala contó que, como no hay un rompeolas en la bocana, el punto donde el manglar se junta con el mar, las olas se ponen peligrosas y a veces dan vuelta a las pequeñas lanchas de motor.

Y aunque los pescadores sepan nadar, a veces no logran salvarse, porque o les cae la lancha o se enredan en las redes. Dos o tres personas mueren al año de esta forma, agregó.

“No tenemos nada, ni seguro por accidente ni nada, aquí solo Dios que nos bendiga, si nos ahogamos, si hallan nuestros cuerpos qué bueno, si no, pues, que nos coman las jaibas (cangrejos de mar)”, narró, medio en broma medio en serio.

Según un documento de FAO elaborado en enero de 2021, en El Salvador en 2018 el sector pesquero proporcionaba empleo a cerca de 30 730 personas, en una flota total de 13 764 embarcaciones, de ellas 55 correspondían al sector industrial, y el resto al artesanal, esta última con 50 % de motorización.

 

Pescadores pesan parte de la pesca del día, tras la faena realizada en la zona del Estero de Jaltepeque, en la costa al océano Pacífico de El Salvador. Para la mayoría de trabajadores en la pesca artesanal los ingresos no son suficientes y deben esforzarse cada vez más para cubrir las necesidades de la familia, una situación similar a la de los demás países de América Central. Foto: Edgardo Ayala / IPS

Seguridad social para todos

La FAO ha propuesto a los países centroamericanos iniciar esfuerzos para incorporar a la pesca artesanal a las políticas nacionales de seguridad social, durante el Foro Mesoamericano sobre la Protección Social en la Pesca Artesanal y la Acuicultura de Pequeña Escala, celebrado en mayo en Ciudad de Panamá.

El organismo internacional recordó que, a nivel mundial, la pesca a pequeña escala representa la mitad de la producción pesquera y emplea a 90% de la fuerza laboral del sector, de la cual la mitad son mujeres.

Más de 50 millones de familias en el mundo dependen de esa actividad, según datos de la FAO.

En el caso de América Central, el director regional de la Organización del Sector Pesquero y Acuícola del Istmo Centroamericano (Ospesca), José Infante, comentó que todos los países han ido desarrollando sistemas de protección social para sus poblaciones, pero no todos los sectores tienen el mismo acceso a ellos, lo que aumenta la desigualdad y la vulnerabilidad para los excluidos.

“El sector pesquero artesanal es el vivo ejemplo de esto”, destacó el directivo de Ospesca.

A esos trabajadores, como a tantos sin cobertura, les preocupa la idea de llegar a viejos y ya no tener tantas energías para hacerse a la mar día a día, o sufrir un accidente laboral que los deje sin poder trabajar.

Un pescador salvadoreño muestra parte de los camarones y otras especies que logró obtener durante su faena, en la costa pacífica de El Salvador. La FAO plantea a los gobiernos centroamericanos que impulsen la protección social hacia los trabajadores de la pesca de pequeña escala, por su vulnerabilidad e importancia para la seguridad alimentaria regional. Foto: Edgardo Ayala / IPS

El futuro, siempre incierto

“Sería una situación bastante crítica, si no tenemos una jubilación el día de mañana nos la vamos a ver fea”, dijo a IPS la pescadora nicaragüense Arelis Flores, de 23 años y madre de un niño.

Ella es presidenta de la cooperativa Abraham Moreno, en la Comunidad Venecia, una aldea de pescadores y agricultores donde viven 400 familias, ubicada en el municipio de El Viejo, en la costa Pacífica del departamento de Chinandega, en el oeste de Nicaragua.

“Por estos lados solo se jubilan los maestros”, dijo Flores en una entrevista telefónica, y añadió que su comunidad es un lugar de familias pobres con bajísimos niveles de escolaridad.

La pesca en su aldea consiste sobre todo en criar el pargo lunarejo (Lutjanus guttatus), en “jaulas” acuáticas que se montan con mallas en los manglares.

Por su parte, el salvadoreño José Santos Martínez, también residente en San Luis La Herradura, dijo a IPS que como sector artesanal están por finalizar una propuesta para presentar a las autoridades del país, en la búsqueda de una cobertura social, a fin de reducir esa vulnerabilidad.

Martínez es el presidente de la Confederación Salvadoreña de Pesca, Acuícola y Agropecuaria en Pequeña Escala, la primera en su tipo en el país, y que aglutina a tres federaciones y a una membresía de 3500 personas, entre hombres y mujeres.

“Si estamos enfermos podemos ir a un hospital nacional, como todo ciudadano, pero no nos cubre la incapacidad, los días que hay que estar en casa recuperándonos”, afirmó Martínez, de 57 años.

En eso sí están cubiertos, por ejemplo, quienes tienen un empleo formal, adscritos a una plantilla de una empresa privada o estatal, y para brindar ese servicio está el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS).

Esa institución, si bien con muchas necesidades, se le considera que brinda un mejor servicio que la red de hospitales nacionales, que cubren a todas las personas, en este país de 6,7 millones de habitantes.

Martínez dijo que al menos lograr algo así para el sector artesanal sería un gran avance, dado los accidentes y las enfermedades que sufren los pescadores debido a su actividad.

Los pescadores salvadoreños podrían incorporarse al ISSS, como trabajadores autónomos, pero los entrevistados dijeron a IPS que les resultaría difícil pagar al mes los 40 dólares requeridos para estar en el sistema, debido a que sus ingresos no son suficientes.

Afirmó que, en su caso, sufre de un intenso dolor en su columna, pues por el oleaje esa parte del cuerpo recibe el impacto cada vez que la lancha se eleva y cae al surcar el mar.

“Ya casi no salgo a pescar, por eso”, acotó.

Y añadió: “Las enfermedades se complican, y al final muere uno, no tenemos una pensión, un seguro digno, nuestras familias quedan completamente desprotegidas”.

Para Martínez, el Estado debería de crear un mecanismo que ofrezca esa ventaja mínima, pero el problema es cómo costearlo.

Sin embargo, se pueden analizar propuestas, dijo. Como ejemplo, recordó que por décadas los pescadores artesanales han pagado un impuesto cobrado a los automovilistas, de 0,20 dólares por galón (4,56 litros) de combustible comprado, aunque evidentemente ellos no usan las carreteras del país.

“Hemos pagado millones de dólares al Estado, sin recibir nada a cambio, bueno, pues parte de ese dinero se nos podría devolver en las coberturas médicas que necesitamos”, enfatizó.

Ese cobro de 0,20 centavos de dólar por galón de gasolina se eliminó recientemente, dado lo ilógico de incluir a los pescadores artesanales.

Gregorio Torres, presidente de la Federación de Cooperativas de Producción y Servicios Pesqueros La Paz, que aglutina a 900 pescadores de ese departamento de centro de El Salvador, se quejó de que la pesca artesanal se encuentra desprotegido ante enfermedades y accidentes laborales, y requieren de apoyo estatal para tener ese tipo de coberturas. Foto: Edgardo Ayala / IPS

Trabajo decente

Su colega, Gregorio Torres, aseguró que el sector de pesca artesanal es clave, pues provee de productos frescos a los mercados del país, ayuda a la seguridad alimentaria de la población, pero los trabajadores han estado desprotegidos, sin pensión, sin seguro por accidentes.

“No tenemos nada de eso, y sería una buena idea que se impulse esa idea de la FAO”, comentó, en referencia a la propuesta de incluirlos en la seguridad social.

Torres es presidente de la Federación de Cooperativas de Producción y Servicios Pesqueros La Paz, que aglutina a 900 pescadores.

La experta en políticas públicas, Nayda Acevedo, dijo a IPS que las estrategias de seguridad social son herramientas de los Estados para minimizar el impacto de las desigualdades, en poblaciones vulnerables.

En el caso de la pesca artesanal salvadoreña, el gobierno debería focalizarse en fomentar el «trabajo decente” en ese sector, de modo que se pueda superar la estacionalidad y dura realidad de que los pescadores a veces ganan, y a veces no.

Y dentro del abanico de políticas de seguridad social, el Estado se puede concentrar en las más urgentes, la cobertura médica, por ejemplo, si así se decide, acotó.

Mientras eso llega, el pescador Nicolás Ayala, en el embarcadero de San Luis La Herradura, se subió a su lancha, encendió el motor de 60 caballos de fuerza y enfiló hacia el mar, cruzando el estero.

“Con que no me muera hoy, suficiente”, dijo con su característico humor negro y una media sonrisa, mientras avanzaba.

ED: EG

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