Opinión

Cuando los salvadores de las finanzas son el problema

Este es un artículo de opinión de Anis Chowdhury y Jomo Kwame Sundaram. Chowdhury es un exprofesor de economía de la Universidad Occidental de Sídney y ocupó altos cargos en la ONU entre 2008 y 2015 en Nueva York y Bangkok. Kwame Sundaram es un exprofesor de economía y ex secretario general adjunto de la ONU para el Desarrollo Económico.

De las políticas de los bancos centrales depende que la crisis económica actual se resuelva rápido o se alargue. Collage: Rebelión.org

SÍDNEY / KUALA LUMPUR – Las políticas de los bancos centrales a menudo han empeorado las crisis económicas en lugar de resolverlas. Al subir los tipos de interés en respuesta a la inflación, a menudo exacerban, en lugar de mitigar, los ciclos económicos y la propia inflación.

Ni dioses ni maestros

El presidente de la Reserva Federal (FED, en inglés) de Estados Unidos, Jerome Powell, ha admitido: «Que podamos ejecutar un aterrizaje suave o no, puede depender en realidad de factores que no controlamos».  Lo que podemos controlar es la demanda, reflexionó, pero no podemos afectar a la oferta con nuestras políticas. Y la oferta es una parte importante de la historia.

De ahí que los responsables de la toma de decisiones deban considerar herramientas políticas más apropiadas. Rechazando las fórmulas del modelo de “talla única”, incluida la simple subida de los tipos de interés, las medidas antiinflacionarias deben diseñarse según convenga. En lugar de aplastar la demanda mediante el aumento de los tipos de interés, se podría aumentar la oferta.

Así, Milton Friedman, el economista gurú del neoliberalismo, a quien muchos banqueros centrales siguen adorando, culpó de la Gran Depresión de los años 30 a la Reserva Federal de Estados Unidos. En lugar de proporcionar liquidez a las empresas con problemas de liquidez a corto plazo, restringió el crédito, aplastando la actividad económica.

Así mismo, antes de convertirse en presidente de la FED, el equipo de investigación de Ben Bernanke, quien presidió ese banco central entre 2006 y 2014, concluyó que una parte importante del efecto de las crisis de los precios del petróleo (en la década de los años 70) en la economía no se debió al cambio de los precios del petróleo en sí mismos, sino al consiguiente endurecimiento de la política monetaria.

Anis Chowdhury

Los efectos adversos de las crisis de los precios del petróleo de los años 70 se vieron agravados por las reacciones de los responsables de la política monetaria, que provocaron una estanflación. Es decir, las intervenciones de la FED estadounidense y de otros bancos centrales provocaron un estancamiento económico sin mitigar la inflación.

Asimismo, la recesión más larga de Estados Unidos, por detrás la Gran Depresión, durante la década de los 80, se debió a las subidas de los tipos de interés del presidente de la FED, Paul Volcker, quien lo presidió la entidad entre 1979 y 1987.

En reciente artículo de opinión el diario The New York Times advertía: «El giro de Powell hacia el endurecimiento del dinero en 2021 es el equivalente a la medida de Volcker en 1981 y la economía de 2020 podría parecerse a la de los años 80».

¿Política monetaria para las crisis de oferta?

Los precios de los alimentos se dispararon en 2011 debido a los fenómenos meteorológicos que arruinaron las cosechas en los principales países productores de alimentos, como Australia y Rusia. Mientras tanto, los precios de los combustibles se dispararon con la agitación política en Medio Oriente.

Sin embargo, el jefe de la FED en la ciudad de Boston, Eric Rosengren, argumentó que el endurecimiento de la política monetaria únicamente en respuesta a las perturbaciones contractivas de la oferta probablemente empeoraría el impacto de esas perturbaciones para los hogares y las empresas.

Jomo Kwame Sundaram
Jomo Kwame Sundaram

Al referirse a las investigaciones de la FED de Boston, señaló que las variaciones de los precios de las materias primas no afectan a la tasa de inflación a largo plazo. Otras investigaciones también han concluido que las perturbaciones de los precios de los productos básicos tienen menos probabilidades de ser inflacionistas.

Este menor impacto inflacionario se ha atribuido a cambios estructurales como la disminución del poder de negociación de los trabajadores debido a la desregulación del mercado laboral, la innovación tecnológica y la globalización.

Por lo tanto, ya no se espera que los bancos centrales respondan con fuerza a las subidas de los precios de los alimentos y los combustibles. Los responsables de la política económica no deberían responder agresivamente a las perturbaciones de la oferta, a menudo sintomáticas de una evolución macroeconómica más amplia.

En su lugar, los bancos centrales deberían identificar las causas más profundas de las subidas de los precios de los alimentos y los combustibles, y solo responder adecuadamente a ellas.

Las respuestas políticas equivocadas pueden agravar los problemas, en lugar de mitigarlos.

Innovaciones adecuadas

El exgobernador del Banco Central de Filipinas, Amando Tetangco, señaló que no había respondido con firmeza a la subida de los precios de los alimentos y el combustible en 2004. Subrayó que las autoridades deberían ignorar los cambios en el precio de las cosas que no pueden controlar.

Tetangco advirtió que la respuesta política que se necesita no es sencilla, así que los responsables políticos tendrán que elegir entre reducir la inflación o aumentar el crecimiento de la producción. Subrayó que una respuesta del sector real por el lado de la oferta puede ser más adecuada para enfrentar la presión sobre los precios.

De esa forma, en lugar de restringir el crédito de forma indiscriminada, habría que suavizar las restricciones de financiación de las industrias deseables, como por ejemplo las energías renovables.

Las empresas consideradas ineficientes o las no deseadas, por ejemplo, las contaminantes o las que se dedican a la especulación, deberían tener menos acceso a la limitada financiación disponible.

Para ello es necesario diseñar políticas macroeconómicas que permitan el dinamismo de las nuevas inversiones, las tecnologías y la diversificación económica.

En lugar de reaccionar con instrumentos de política de tipos de interés contundentes, los responsables políticos deberían saber cómo interactúan los instrumentos de política fiscal y monetaria y cómo afectan a las distintas actividades económicas.

Bien utilizadas, pueden desbloquear los cuellos de botella de la oferta, promover las inversiones deseadas y mejorar la productividad. Como no hay una talla única para todos, cada objetivo político necesitará herramientas apropiadas, personalizadas y a menudo innovadoras.

Las lecciones de China

El Banco Popular de China (PBOC), su banco central, desarrolló herramientas de política monetaria estructural y nuevos programas de créditos para ayudar a las víctimas de la covid-19. Esto garantizó una amplia liquidez interbancaria, apoyó el crecimiento del crédito y reforzó las cadenas de suministro nacionales.

Los créditos pendientes a las pequeñas empresas y microempresas aumentaron 25 %, en marzo de 2022, respecto al año anterior. En enero, la tasa de interés de los préstamos a más de 48 millones de pequeñas y medianas empresas había bajado a 4,5 %, el nivel más bajo desde 1978.

El PBOC también ha proporcionado a los bancos fondos de préstamo para empresas prometedoras, innovadoras y solventes, por ejemplo, relacionadas con las energías renovables y las tecnologías digitales. De este modo, consigue tres objetivos: fomentar el crecimiento, mantener la deuda en niveles sostenibles e impulsar la transformación ecológica.

Al desafiar las tendencias mundiales, la llamada inflación de fábrica (o de precios de producción) de China cayó a su nivel más bajo en un año en abril de 2022, ya que el PBOC alivió las cadenas de suministro y estabilizó los precios de los productos primarios.

Si bien los precios al consumo han subido con los confinamientos masivos por el nuevo brote de la covid, los aumentos se han mantenido relativamente benignos hasta ahora.

En resumen, el PBOC ha coordinado la política monetaria con las políticas fiscal e industrial para impulsar la confianza, promover las inversiones deseables y lograr un crecimiento estable. Mantiene así la estabilidad financiera y la independencia de las políticas regulando los flujos de capital, evitando así las salidas repentinas y las subidas de las tasas de interés como respuesta.

Mejorar la coordinación de las políticas

Los bancos centrales vigilan los indicadores agregados, como el crecimiento de los salarios. Sin embargo, antes de reaccionar a los movimientos salariales al alza, hay que tener en cuenta el contexto. Por ejemplo, es posible que los salarios se hayan estancado o que la participación del trabajo en la renta haya disminuido a largo plazo.

Además, es probable que se necesiten aumentos salariales para los sectores críticos que sufren escasez para atraer a los trabajadores con las cualificaciones pertinentes. El crecimiento salarial en sí mismo puede no ser el problema. El problema puede ser el escaso crecimiento de la productividad a largo plazo debido a la deficiencia de las inversiones.

Las tablas sobre el renglón de insumo-producto pueden proporcionar información sobre los “cuellos de botella” sectoriales y la productividad, mientras que la información sobre el flujo de fondos revela qué sectores tienen limitaciones financieras y cuáles son ahorradores o deudores netos.

Esta información puede orientar el diseño de instrumentos de política fiscal y monetaria adecuados y complementarios. Sin duda, la aplicación de políticas heterodoxas es un reto frente a las trabas políticas impuestas por las ortodoxias actuales.

La independencia de los bancos centrales con mandatos dogmáticos de objetivos de inflación y liberalización de la cuenta de capital impide una mejor coordinación, por ejemplo, entre las autoridades fiscales y monetarias. También reduce el espacio político necesario para abordar la inflación por el lado de la demanda y de la oferta.

Las autoridades monetarias están sometidas a una enorme presión para que se perciba que responden al incremento de los precios. Pero la experiencia nos recuerda que pueden empeorar fácilmente las cosas actuando de forma inadecuada. La respuesta no es una mayor independencia de los bancos centrales, sino una mejor coordinación de la política económica.

T: MF / ED: EG

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