Llueven críticas a El Salvador por excesos en su lucha contra pandillas

El presidente Nayib Bukele, visto aquí en el centro de una parada militar, lanzó una operación masiva de detenciones contra presuntos integrantes de pandillas, y el parlamento de El Salvador aprobó una reforma legal que penaliza fuertemente la información que pueda interpretarse como en favor de esos grupos. Foto: Presidencia de la República

GINEBRA – Organizaciones humanitarias internacionales y la alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos criticaron enérgicamente las medidas legales y administrativas adoptadas por El Salvador para frenar la actividad de las pandillas criminales, algunas conocidas como “maras”.

En medio de un estado de emergencia, que en pocos días llevó a la cárcel a unos 8000 presuntos pandilleros, el país centroamericano adoptó una ley que impone severos castigos a quienes encuentre responsables de difundir cualquier mensaje que se juzgue como propagandista de la actividad de los grupos criminales.

“Lejos de luchar contra la apología criminal, esta reforma pareciera querer controlar la narrativa pública y censurar a la prensa”, advirtió la directora para América de Amnistía Internacional (AI), Erika Guevara-Rosas.

En El Salvador, un país de 21 000 kilómetros cuadrados y algo menos de siete millones de habitantes, actúan pandillas gigantescas que en un solo día, el 26 de marzo, cometieron 62 asesinatos, por lo que el parlamento aprobó al día siguiente el pedido del presidente Nayib Bukele para implantar un régimen de excepción.

“Estamos profundamente preocupados por la serie de medidas introducidas recientemente en El Salvador en respuesta al aumento de los asesinatos de pandillas”, dijo en esta ciudad suiza Liz Throsell, portavoz de la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, la ex presidenta chilena Michelle Bachelet.

Throsell precisó que “reconocemos los desafíos que plantea la violencia de las pandillas en El Salvador y el deber del Estado de garantizar la seguridad y la justicia. Sin embargo, es imperativo que esto se haga respetando el derecho internacional de los derechos humanos”.

Junto con detener a miles de sospechosos de pertenecer a las maras, el presidente Nayib Bukele endureció las medidas de control a unos 18 000 pandilleros que ya están tras las rejas, como restringirles la alimentación, y amenazó con dejarles sin comida si continúan los asesinatos de inocentes en la calles.

Para Guevara-Rosas “el presidente Bukele ha demostrado que no solo no ha cambiado las políticas fallidas de otros gobiernos en El Salvador, sino que las repite sabiendo el resultado. Las violaciones de derechos humanos no pueden ser la solución a la violencia, solo profundizan la grave situación”.

En defensa de sus medidas, Bukele apeló en su muy utilizada cuenta en Twitter al ejemplo de Alemania: “Cuando los alemanes querían erradicar el nazismo, prohibieron por ley toda la simbología nazi, así como los mensajes, apologías y todo lo que fuera dirigido a promocionar el nazismo”.

“Nadie dijo nada, era entendible que fuera así. Ahora nosotros haremos eso con las pandillas”, agregó. Y, al encajar las críticas desde el exterior, también dijo que “Si queremos algún día ser un país desarrollado, debemos hacer lo que los países desarrollados hacen, no lo que ellos nos dicen que hagamos”.

Al estado de emergencia y detención masiva de sospechosos siguió la aprobación en la unicameral Asamblea Legislativa –donde los partidarios de Bukele ocupan dos tercios de las bancas- de una reforma al Código Penal para castigar severamente cualquier mensaje que pueda significar apología o promoción de las maras.

La legislación proscribe “la elaboración y reproducción ilegal de mensajes, señales, denominaciones o propaganda alusiva a pandillas”, en principio como medida contra murales, grafitis y mensajes en las redes sociales originados por las pandillas, con penas de entre 10 y 15 años de cárcel para autores y difusores.

Pero igualmente sancionará a “quienes por medio de las tecnologías de la comunicación e información, medios de comunicación radial, televisivo, escrito o digital, reproduzcan y transmitan mensajes o comunicados originados o presuntamente originados por dichos grupos delincuenciales”.

Se juzgaría en ese caso si tales mensajes “pudieren generar zozobra y pánico en la población en general”.


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Tamara Taraciuk, directora para América en la organización de derechos humanos Human Rights Watch consideró “muy grave una reforma que criminaliza hasta pintar un grafiti sobre maras y la publicación de información sobre ellas en medios si generan “zozobra” en la población”.

A continuación se preguntó “¿Decidirá Nayib Bukele por Twitter, su Asamblea Legislativa, o sus jueces, quién va preso hasta 15 años por esto?”.

Para Guevara-Rosas “la reforma preocupa no solo por su vaguedad, sino porque estaría buscando amedrentar con penas de prisión a quienes con valentía y rigor informan a la población sobre el lamentable fenómeno de las pandillas”.

“Es un claro intento de censura a los medios de comunicación. Prohibir al periodismo reportar la realidad. No mencionar a las pandillas tampoco las hará desaparecer”, afirmó por su parte César Fagoaga, presidente de la Asociación de Periodistas de El Salvador.

También la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), con sede en Miami, Estados Unidos, rechazó las recientes medidas del Estado salvadoreño porque “contravienen los tratados internacionales sobre libertad de prensa y sobre el derecho ciudadano a acceder a información relevante y de interés público”.

A-E/HM

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