El camino al sueño europeo está inundado de extorsión y explotación

En la imagen de la izquierda dos de los jóvenes del pueblo egipcio de Mit Al Korama, pasaron cinco meses en un precario almacén en Libia, esperando el viaje a Italia. Ahmed Emad está en el centro e Ibrahim Abdullah a la izquierda. En la imagen de la derecha, durante su terrible experiencia como secuestrados por milicias libias, que los retuvo hasta que sus familias pagaron elevados rescates. Foto: Crédito en reserva por seguridad

EL CAIRO –  Era una tarde de verano cuando  un grupo de jóvenes residentes en la localidad egipcia de  Mit Al Korama se reunieron frente a una de sus casas en una tarde de verano para contar historias de gente de su pueblo y de otros cercanos que habían cruzado con éxito el Mediterráneo hacia Europa.

Algunos migrantes, comentaron en ese encuentro de junio de 2021, volvieron con grandes sumas de dinero y construyeron casas de estilo europeo para sus familias. Otros optaron por quedarse en algún país de la Unión Europea y animaron a sus hermanos a reunirse con ellos.

Un joven treintañero de un pueblo vecino, llamado Mohamed Fakih, se encontraba entre el grupo, y les dijo que ayudó a muchas personas a emigrar ilegalmente a las costas italianas.

A pesar de las advertencias del gobierno egipcio contra la inmigración ilegal y de no visitar Libia, algunos jóvenes siguen intentando emigrar ilegalmente a Italia a través del vecino norafricano. Los contrabandistas egipcios y libios les hacen correr el riesgo de ahogarse o de ser secuestrados por bandas y milicias armadas que exigen grandes rescates.

Fakih informó a los jóvenes de Mit Al Korama de que había plazas disponibles en un barco que partía hacia Italia en 10 días. Esa plaza podría ser suya si le pagaban 5000 dólares.

Ahmed Emad, de 27 años, diplomado en turismo y hostelería, pero sin trabajo, era uno de los cinco jóvenes del pueblo deseosos de buscar una vida mejor en Europa. Para financiar este viaje a Italia, su familia vendió todo lo que tenía y pidió prestado el resto.

«El mediador nos dirigió a la ciudad fronteriza egipcio-libia de Salloum, donde conocimos a un grupo de contrabandistas que nos ayudaron a cruzar la frontera por caminos de montaña y fuera de la vista de los guardias fronterizos. Llegamos a Al Masad, ya dentro de Libia”, dijo Emad a IPS.

Allí los contrabandistas empezaron a tratarnos de forma diferente.

«Nada más llegar, nos empujaron a un enorme edificio lleno de productos de contrabando, combustible, ovejas y vacas, y gente como nosotros que esperaba su turno para emigrar», añadió Emad.

Los contrabandistas no dejaron de maltratar e insultar a los inmigrantes en el almacén. Cuando se quejaron a Fakih, el mediador que les había quitado el dinero, les aconsejó que esperaran pacientemente hasta que llegara el barco que llevaría al grupo a su destino final.

«Estuvimos cautivos en el almacén durante cinco meses y medio, durmiendo en el establo de las vacas, bebiendo de recipientes de gasolina vacíos y teniendo solo una comida al día», añadió Emad.

Emad Eldanaf, su padre, dijo que no tenían contacto con los contrabandistas en Libia y que al principio no pudieron contactar con los jóvenes, lo que les generó una gran ansiedad. Finalmente, se estableció el contacto.

«Había 28 hombres de nuestro pueblo en el barco. El grupo más reciente regresó en las últimas dos semanas, y aún estamos negociando con la milicia sobre los tres restantes», dijo Eldanaf a IPS.

En la imagen de la izquierda dos de los jóvenes del pueblo egipcio de Mit Al Korama, pasaron cinco meses en un precario almacén en Libia, esperando el viaje a Italia. Ahmed Emad está en el centro e Ibrahim Abdullah a la izquierda. En la imagen de la derecha, durante su terrible experiencia como secuestrados por milicias libias, que los retuvo hasta que sus familias pagaron elevados rescates. Foto: Crédito en reserva por seguridad

Las experiencias de Emad fueron un reflejo de las padecidas por Ibrahim Abdullah y su hermano menor Kamal.

«Nos movimos entre varios almacenes entre Sabratha y Zuwara, a 120 kilómetros al oeste de Trípoli. En la víspera del 9 de noviembre, nos dijeron que íbamos a navegar desde la costa de Ajilat hasta Italia en horas”, dijo Abdullah a IPS.

«Al final, todos nos trasladamos al barco, éramos unos 50″, recordó.

El barco zarpó a las 11:00 de la noche.

“Al amanecer, el agua se filtraba en el barco. Intentamos sacar el agua hasta que nos frustramos”, explicó Abdullah.  Todos sentían, dijo, que “la muerte estaba a solo unos metros».

Según Abdullah, los inmigrantes pidieron ayuda a las autoridades italianas, que dijeron que esperarían a que el barco estuviera más cerca de sus costas antes de intervenir.

Las autoridades tunecinas, que también tenían jurisdicción en la zona, también les ignoraron. Era evidente para quienes compartían la embarcación que se hundiría y todos perecerían.

«Sabíamos que llamar a los libios haría que nos arrestaran”, pero era tanta la desesperación que “lo hicimos de todos modos», dijo Abdullah.

«A mediodía, las tropas de la milicia libia nos capturaron y nos trasladaron al puerto de Trípoli, dividiéndonos en dos grupos, uno enviado a la prisión 55 y el otro en la prisión de Bir Al Ghanam.

Puede leer aquí la versión en inglés de este artículo.

Bir al Ghanam es una ciudad del oeste de Libia, situada al sur de Zawiya. Ha sido escenario de varias batallas durante la guerra civil libia.

«Las milicias libias se referían a nosotros como ‘la mercancía’. Nos hicieron desear la muerte para librarnos de esta agonía. Mi padre accedió a pagar el rescate por nuestra liberación después de que yo se lo implorara”,  recordó Abdullah.

Detalló que “cuando las milicias sospecharon que algunas familias no pagarían el rescate, mataron a los detenidos y arrojaron sus cuerpos al desierto. Dos miembros de mi grupo murieron y fueron arrojados al desierto sin ser enterrados».

Emad, Kamal y Abdullah permanecieron con su milicia durante otros cuatro meses. Los piojos y la sarna fueron sus lugartenientes todo el tiempo. Finalmente, su familia llegó a un acuerdo con los secuestradores, aceptando pagar 6000 dólares por Kamal y Abdullah, mientras que la familia de Emad tuvo que pagar 5000 dólares para liberarlo.

Haj Riad, un contrabandista libio, actuó como intermediario en el pago del rescate. El dinero fue transferido a varias cuentas bancarias libias, donde lo distribuyó a las milicias y transportó a los tres jóvenes de vuelta a la frontera egipcia.

Umm Ayman, una madre de 60 años, vendió algunas de sus tierras para reunir el equivalente a 10 000 dólares, a fin de ayudar a sus dos hijos en sus viajes hacia Europa. Dos de sus tres hijos fueron entonces secuestrados junto con Emad y Abdullah.

Unos meses después, tuvo que vender su casa, sus ovejas, una vaca y el resto de sus pertenencias para pagar 13 000 dólares y lograr así recuperarlos y salvarlos.

«Vendimos todo lo que teníamos para que nuestros hijos pudieran viajar, y pedimos un préstamo para traerlos de vuelta. Incluso los pendientes de oro de mi madre tuvieron que ser vendidos para pagar el rescate”, dijo Ayman a IPS.

Cuando sus hijos finalmente regresaron a finales de enero, buscaron a Fakih, el mediador, y descubrieron que había huido con su familia.

La familia cree que sigue atrapando a las víctimas en el círculo vicioso de los jóvenes que intentan buscar una vida mejor en Europa.

Esta es la transcripción de un mensaje de audio de Ahmed Emad  a su padre durante su cautiverio:

«Te lo ruego, padre, sácanos de aquí… Ayer estuve al borde de la muerte. Haz lo que sea necesario para sacarnos de aquí; paga el rescate, lo que sea necesario. Tú y la madre de Ibrahim intentad hacer lo que sea. Nos sentimos muy insultados aquí; nuestros cuerpos están débiles y enfermos.

T: MF / ED: EG

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