La fachada liberal esconde al patriarcado en Líbano

Las mujeres tomaron el timón en las protestas del Líbano, en un papel que está simbolizado en esta estatua de una manifestante en la Plaza de los Mártires, en Beirut. Pero en el ámbito de la política, su papel es restringido por el patriarcado. Foto: Mona Alami / IPS

BEIRUT –  A pesar de su fama de ser aparentemente un país liberal, Líbano tiene una baja puntuación en materia de igualdad de género, especialmente en la política.

Según el Índice de Brecha de Género, Líbano ocupa el tercer lugar en la región de Medio Oriente y Norte de África (MENA, en inglés), y solo Siria y Yemen, ambos envueltos en guerras, obtienen una puntuación inferior.

Según Reliefweb, una plataforma de agencias de las Naciones Unidas, desde 2010 Líbano ha sido testigo de un descenso constante en su puntuación relativa de la brecha de género, llegando a estar cerca de cero en términos de empoderamiento político.

En noviembre, el primer ministro en funciones, Najib Mikati, fue criticado por decir que las celebraciones del Día de la Independencia de Líbano eran similares a las de una «mujer divorciada que celebra su aniversario de boda… pero no olvidemos que si hubiera seguido siendo comprensiva hasta el último día de su matrimonio, no estaría divorciada»

Rima Husseini, profesora de la Universidad Libanesa Americana, ratifica que el empoderamiento de la mujer en el país es superficial.

«En la superficie, se nos ve como un ejemplo porque Líbano tiene un alto número de mujeres educadas, con muchas empresarias. En apariencia, parecemos más liberadas, pero eso no se traduce en un empoderamiento político a nivel práctico», dijo en una entrevista exclusiva con IPS.

En el gobierno actual solo hay una mujer, recordó como un dato de la situación.

En las anteriores elecciones de 2018, solo seis de las 86 mujeres que se inscribieron para presentarse a los 128 escaños del parlamento obtuvieron uno. Cinco de ellas eran miembros de partidos políticos, lo que facilitó su victoria.

Solo una, una antigua presentadora de noticias de televisión, Paula Yacoubian, concurrió como independiente y obtuvo un escaño. A diferencia de otras candidatas, no procedía de una familia política ni estaba respaldada por un líder político local.

Aunque el artículo 7 de la Constitución libanesa garantiza la igualdad de género, el estatus personal de las mujeres suele estar en manos de las comunidades religiosas. Líbano reconoce 18 comunidades religiosas, cada una con una ley de estatus diferente, lo que significa que la igualdad de género puede no aplicarse.

«La desigualdad proviene del marco patriarcal de los hogares, donde los códigos de familia y las leyes comunales ven a las mujeres como objetos propiedad de su familia. Esta realidad afecta a la participación política de las mujeres en Líbano», explicó Husseini.

El sistema patriarcal, en el que las mujeres educan a sus hijos de forma diferente a sus hijas, es uno de los mayores retos a los que se enfrentan las libanesas. Otro se deriva del sistema sectario, uno de los factores más perjudiciales para la representación política de las mujeres, acotó la exdiputada Paula Yacoubian a IPS.

Han pasado más de dos décadas desde que Líbano adoptó la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (Cedaw). Sin embargo, hasta ahora no ha cumplido con el tratado, más concretamente en lo que respecta al establecimiento de un sistema de cuotas de género que permite la integración de las mujeres en la vida política.

«El sistema patriarcal libanés, construido sobre leyes que pretenden controlar a las mujeres y a los jóvenes, no permite una verdadera ciudadanía, ya que prevalecen factores de separación como la clase y la religión», afirmó Husseini.

Si se piensa bien, añadió, “no existe una verdadera ciudadanía libanesa, ni un contrato social que nos una. Las mujeres tienen un gran papel que desempeñar, pero no pueden debido al sistema legal que diferencia entre hombres y mujeres».

Esto se traduce en que Líbano se queda atrás en cuanto a la representación de las mujeres, sin cuotas que sirvan de salvaguarda, a diferencia de otros países de la región.

En la cercana Jordania, en apariencia un país más conservador que Líbano,  9 % de las mujeres ocupan cargos ministeriales. Además 12 % está representado en el parlamento y otro 32 % en las legislaturas locales.

En Iraq, las mujeres establecieron un récord histórico sin precedentes en las elecciones de 2021. Según un artículo del New Arab, este año fueron elegidas 97 candidatas a la cámara de 329 escaños, lo que equivale a 29,4 % del nuevo parlamento iraquí. Esto representa 14 escaños más que la cuota requerida para las diputadas, que es de 83, o 25 % del parlamento según las leyes electorales de Iraq.

New Arab estima que el apoyo a las candidatas fue tan significativo que 57 diputadas entrarán en el próximo parlamento basándose únicamente en los votos registrados y no en el sistema de cuotas asignadas.

«Por el contrario, el acceso de las mujeres a la política está restringido en Líbano. Como ejemplo, la exdiputada Dina Boustany solo entró en el parlamento tras la muerte de su padre. Las mujeres entran en el parlamento por sus relaciones familiares», afirmó Myriam Sfeir, directora del Instituto Árabe de la Mujer.

La especialista reflejó la situación al afirmar: «Hay un famoso dicho: las mujeres entran en el parlamento por la muerte de un familiar. Luego abandonan la vida política cuando su descendiente masculino alcanza la mayoría de edad. Además, los partidos políticos libaneses simplemente están más dispuestos a financiar a los hombres».

Yacoubian, que es la única mujer que ha roto las reglas al aventurarse en la política sin el patrocinio de un apellido, una riqueza o el apoyo de un líder político masculino, subraya que entrar en la vida política como mujer no es gratuito en el Líbano.

«Se trata a las mujeres como si les faltara alguna cualidad (que se supone que tienen los hombres). La mentalidad imperante es que los hombres saben más, aunque los estudios han demostrado que las mujeres tienden a ser menos corruptas y más humanas en la política», afirmó.

Los actores políticos independientes como Yacoubian, explicó Husseini, son a menudo objeto de acoso, con esfuerzos para disminuir su valor a nivel personal o atacar su reputación, lo que nunca ocurriría con un candidato político masculino.

Puede leer aquí la versión en inglés de este artículo.

A pesar de permanecer al margen de la vida parlamentaria libanesa, las mujeres estuvieron al frente del movimiento de protestas de 2019.

Lograron atenuar el conflicto entre regiones separadas por razones sectarias, como Ain Remaneh y Chiyah en Beirut, y protegieron a los manifestantes cuando la policía antidisturbios los atacó.

Además, en noviembre, tres juezas, todas ellas mujeres, presentaron su dimisión para protestar por la injerencia política en el trabajo de la judicatura y el menoscabo de las decisiones emitidas por jueces y tribunales.

«Las mujeres están muy presentes, sobre todo como agentes de la sociedad civil. Las mujeres libanesas exigen ser incluidas en las mesas de decisión. Se están haciendo un hueco en el mundo político. Sin embargo, un sistema de cuotas es esencial para garantizar una mejor representación en las próximas elecciones parlamentarias», afirmó Sfeir.

Por su parte, Yacoubian concluyó que “las mujeres deben ser valientes y perseverar a cualquier precio si quieren entrar en política.

T: MF / ED: EG

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