El parásito más mortífero de la malaria puede estar de salida en África

Una consulta de salud infantil en el Dispensario de Obunga, en Homa Bay, uno de los ocho condados que participan en el programa piloto de la vacuna contra la malaria (paludismo) en Kenia. Foto: Joyce Chimbi / IPS

NAIROBI –  Una mañana de 2016, el hijo de tres años de Lillian Nekesa se despertó con los clásicos síntomas de la malaria, inicialmente similares a los de una gripe. No era el primer encuentro del niño Kevin con una enfermedad que puede ser mortal.

No obstante, Kevin no fue trasladado de inmediato al Hospital de Referencia del Condado de Busia para recibir un tratamiento avanzado en función de sus graves síntomas.

Nekesa lo llevó a un dispensario del pueblo porque el hospital de referencia está a una hora de distancia desde su casa en la aldea de Mayenje, hasta Busia, la capital del condado, una división territorial que sustituyó a las provincias en este país situado en el este de África.

«Pasaron dos días y Kevin no mejoró, y cuando lo llevamos al hospital de referencia ya era demasiado tarde», cuenta la madre conmovida.

No se trata de un caso aislado, dice Desmond Wanjala, uno de los 10 voluntarios que atienden una unidad de salud comunitaria para unas 1000 familias en la zona.

El paludismo, como también se conoce a la malaria, es habitual en Busia, situada cerca de la región del lago Victoria. La incidencia de la enfermedad en Busia es seis veces superior a la media nacional, que es de 5,6 %.

Las estimaciones del gobierno keniano muestran además que los condados que rodean la región del lago soportan la mayor carga de enfermedad del paludismo, con una tasa de prevalencia de 19 %.

«Más de 70 % de la población de Busia corre el riesgo de contraer la malaria, y la ayuda no siempre está al alcance de la mano, especialmente en casos de emergencia. Estamos en una aldea profunda, y el principal medio de transporte al hospital de referencia es una motocicleta que cobra entre dos y cinco dólares, algo que la gente se esfuerza por pagar», dice.

La malaria es una de las principales preocupaciones sanitarias, según las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se calcula que en 2019 la malaria causó 229 millones de episodios clínicos y 409 000 muertes.

Aproximadamente 94 % de estas muertes se registraron en la región africana, según la OMS. Solo en Kenia se registran anualmente unos 3,5 millones de nuevos casos clínicos y 10 700 muertes, según datos de su gobierno.

Una vacuna llega en auxilio

En este contexto, Bernhards Ogutu, investigador principal de la malaria en el Instituto de Investigación Médica de Kenia (Kemri, en inglés), dijo a IPS en Nairobi que la vacuna experimental RTS,S, cuya marca comercial es Mosquirix, tiene el potencial de revertir esta tendencia.

De hecho es la única vacuna antipalúdica aprobada por la OMS el 6 de octubre.


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Tras 30 años de trabajo, Mosquirix es un salvavidas para los niños, especialmente en las zonas rurales donde la malaria es endémica. Ogutu explicó que la vacuna evitaría que los niños sigan muriendo a pesar del tratamiento gratuito del paludismo, en gran parte debido a su ingreso tardío en los centros de salud.

El médico Christopher Odero explica a IPS que la vacuna aún se encuentra en fase experimental en Kenia, Ghana y Malawi, y está dirigida a los bebés y niños pequeños de África, ya que fue desarrollada para crear inmunidad específicamente contra el Plasmodium falciparum, el protozoo parásito transmitido por el la hembra del mosquito Anopheles.

Odero, asesor técnico y especialista en malaria y vacunas, dice que el Plasmodium falciparum es el parásito de la malaria más mortal del mundo. El parásito se encuentra predominantemente en África, y representa alrededor de 90 % del total de parásitos Plasmodium en el continente.

Explica que la vacuna funcionaría mejor en las regiones afectadas por la malaria de la región del África subsahariana y en otras zonas de África con una transmisión moderada o alta de Plasmodium falciparum.

Puede leer aquí la versión en inglés de este artículo.

Odero subraya que, aunque la eficacia declarada de la vacuna es de 40% contra el paludismo clínico, los beneficios para la salud pública de su uso son enormes. Puntualiza que la comunidad de especialistas considera que los beneficios del uso de la vacuna, junto con otras medidas de prevención del paludismo respaldadas por la OMS, superan con creces los riesgos.

Destaca especialmente que la vacuna es una herramienta complementaria de control del paludismo que debe ir de la mano de otras medidas preventivas: el uso rutinario de mosquiteras tratadas con insecticida, la fumigación de interiores con insecticidas y la realización de pruebas y tratamiento del paludismo a tiempo.

No se puede ignorar el impacto potencial de la vacuna. Cuatro de cada 10 niños vacunados no contraerán el paludismo, y tres de cada 10 niños vacunados no contraerán el paludismo grave, afirma Odero.

Destaca que la vacuna reduce la presión sobre los sistemas de salud con recursos limitados, ya que seis de cada 10 niños vacunados con paludismo grave no necesitarán una transfusión de sangre.

En el oeste de Kenia, donde se lleva a cabo el programa piloto en ocho condados, Odero calcula que la vacuna puede reducir la media de episodios de paludismo por niño de cinco a dos al año. Un resultado crucial, ya que los ataques repetidos de paludismo pueden tener efectos de por vida, como anemia crónica y retraso en el crecimiento.

Esta capacidad demostrada de reducir la mortalidad infantil y el paludismo grave, así como su seguridad en el contexto del uso rutinario, ha servido de base para la recomendación de la OMS este mes sobre el uso más amplio de la vacuna, afirma.

El investigador Ogutu está de acuerdo y subraya que la calidad de la vacuna y su perfil de riesgo-beneficio son favorables. La viabilidad de la aplicación, el posible impacto en la salud pública y la probable rentabilidad de la implantación de la vacuna no se ponen en duda.

A pesar de la actual pandemia de covid-19, afirma que la vacuna ha logrado una cobertura equitativa. Ogutu calcula que al menos 250 000 niños de Kenia ya han recibido las cuatro dosis recomendadas, y que permanecerán en el programa piloto hasta 2022.

El especialista asegura que es necesario seguir evaluando para reunir información adicional sobre la eficacia de la vacuna durante un período más prolongado y evaluar los efectos a largo plazo en la comunidad y cualquier otro problema que pudiera surgir con el uso rutinario de la vacuna.

El programa piloto de vacunación contra la malaria que se lleva a cabo se financia mediante la colaboración de tres organismos de financiación de la salud mundial: La alianza de vacunas GAVI, el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, y Unitaid, una iniciativa internacional para atender las enfermedades infecciosas.

Además, la OMS, PATH, uno de los líderes en innovación en salud pública, y GSK, una empresa británica de productos farmacéuticos, aportan contribuciones en especie. Por ejemplo, GSK, el fabricante de la vacuna, donará hasta 10 millones de dosis de Mosquirix. Hasta la fecha, se han administrado más de 2,3 millones de dosis en Kenia, Ghana y Malawi.

El investigador Ogutu afirma que la vacuna podría estar disponible para un uso más amplio en Kenia en el próximo año o 18 meses, lo que considera “un paso en la dirección correcta” para todos los niños en riesgo y las zonas costeras cercanas al océano Índico y la región del lago Victoria.

Advierte sobre que hay que atacar los mitos y conceptos erróneos relacionados con las vacunas, que podrían comprometer el uso de esta innovación pionera que podría erradicar la forma más peligrosa del paludismo entre los niños.

Para aumentar y mantener una alta cobertura vacunal, el voluntario comunitario Wanjala insta al gobierno a seguir apoyando la formación en vacunas de los voluntarios sanitarios de la comunidad (CHV). Los CHV, subraya, siguen siendo el principal vínculo entre las comunidades de las zonas rurales y los centros de salud.

En 2019, Kenia contaba con unas 6000 Unidades de Salud Comunitaria, dentro de un objetivo total de de 10 000 unidades apoyadas por al menos 86 000 voluntarios de salud comunitaria como Wanjala.

«Cada unidad de salud comunitaria cuenta con el apoyo de 10 voluntarios de salud comunitaria. Necesitamos apoyo para utilizar este sistema comunitario para promover la aceptación de la vacuna», concluye Wanjala.

T: MF / ED: EG

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