Análisis

Violencia ensombrece logros democráticos posapartheid en Sudáfrica

Los residentes de Alexandra, un populoso suburbio de Johannesburgo, hicieron cola durante horas para comprar alimentos básicos después de que las tiendas fueran saqueadas. Los disturbios en Sudáfrica han una crisis humanitaria, como no se veía desde los albores de la democracia en Sudáfrica. Foto: Dan Ingham / IPS

JOHANNESBURGO – Veintisiete años después de las primeras elecciones democráticas de Sudáfrica, el país se encuentra reflexionando sobre los catalizadores de una semana de saqueo y destrucción de propiedades que provocó más de 200 muertes y daños por valor de 1300 millones de dólares.

El presidente Cyril Ramaphosa describió la semana de disturbios a principios de este mes de julio como una insurrección fallida.

Inmediatamente antes de la violencia, el expresidente Jacob Zuma (2009-2018) se había entregado a las autoridades penitenciarias para comenzar a cumplir una sentencia de 15 meses por desacato al tribunal al negarse a comparecer ante la Comisión Estatal de Captura. La comisión tiene la tarea de investigar la corrupción generalizada en el país.

Si bien existe un vínculo aparente entre el encarcelamiento del expresidente y el saqueo, la mayoría de los analistas coinciden en que varios factores llevaron a lo que se ha descrito como una tormenta perfecta.

De estas muchas explicaciones, los analistas han destacado que este es un país devastado por la pandemia de covid-19, que contribuyó a un aumento del desempleo, la pobreza endémica que ha persistido desde 1994.

A ello se suma la incapacidad del gobernante Congreso Nacional Africano (CNA) para unir sus arraigadas facciones y divisiones raciales y étnicas.

La Comisión Sudafricana de Derechos Humanos (SAHRC, en inglés) ha planificado audiencias sobre el asunto. Dice que considera que los “hechos que llevaron a incidentes violentos en diferentes provincias, junto con las consecuencias resultantes, son complejos y multifacéticos”.

La SAHRC también declaró que había notado tensiones que habían estallado dentro y entre comunidades particulares, desde Phoenix, en Durban, KwaZulu Natal, donde las comunidades tomaron las armas contra los saqueadores, hasta Alexandra, conocida popularmente como Alex, una zona suburbana a las afueras de Johannesburgo, en la provincia de Gauteng.

Alex es un área donde las tensiones y la insatisfacción se remontan a muchos años atrás. El área, que ha estado habitada desde antes de la infame Ley de Tierras de 1913, que eliminó la propiedad de la tierra a todos los negros del país, fue un importante lugar de resistencia durante el apartheid. Su historia posterior al apartheid ha sido una de las muchas promesas incumplidas, la prestación de servicios fallida y las prácticas supuestamente corruptas en el Proyecto de Renovación de Alexandra.

En un artículo en GroundUp, Masego Mafata señala que los activistas en Alex dicen que nada ha cambiado después de una protesta en el área en 2019.

“Mientras Alexandra es invadida por saqueos masivos y protestas esta semana, un informe del protector público y la SAHRC luego de las devastadoras protestas de 2019 ha revelado fallas persistentes de la ciudad de Johannesburgo y el gobierno provincial de Gauteng”, escribio.

Y añadió: “Si bien, según los informes, las protestas recientes están relacionadas con el encarcelamiento del expresidente Jacob Zuma, el informe conjunto sugiere que la comunidad de Alexandra es un polvorín para los disturbios públicos”.

Las dificultades económicas y las desigualdades de ingresos, exacerbadas por los efectos de la pandemia de covid, se consideran una de las principales causas de insatisfacción en todo el país.

En la ultima edición de la Revista Internacional para la Equidad en Salud, los articulistas Chijioke O Nwosu y Adeola Oyenubi dicen: “Los cierres patronales a nivel nacional han provocado una pérdida de ingresos para individuos y empresas, afectando probablemente a las poblaciones más vulnerables (personas de bajos ingresos, trabajadores informales y precarios, etc)”.

El portavoz del Congreso de Sindicatos Sudafricanos (Cosatu, en inglés), Sizwe Pamla, también señaló las múltiples razones de los disturbios y saqueos.

“Si bien los acontecimientos actuales fueron desencadenados por la inquietud política y la frustración tras el arresto del expresidente Jacob Zuma, ahora está claro que elementos criminales se han apropiado de este tema de manera oportunista y lo están utilizando para saquear”, dice Pamla.

“Esto también es un recordatorio de que el problema del desempleo y la pobreza es real en Sudáfrica. Cosatu ha argumentado durante mucho tiempo que el desempleo es una bomba de tiempo que explotará en la cara de los responsables de formular políticas y tomar decisiones”, añade.

Para personas como Georgio da Silva, propietario de un taller de reparación de automóviles en Jeppestown, un barrio de Johannesburgo, la xenofobia también aparece con fuerza en la combinación de factores contribuyentes. Él y otros en el área tienen experiencia en la defensa de ellos mismos y sus negocios contra ataques xenófobos.

Inmediatamente después de que Zuma compareciera en la prisión de Estcourt y comenzaran los ataques violentos, Da Silva dijo a IPS que logró cerrar su taller pero que sufrió daños en su propiedad. Más tarde se dio cuenta de que la xenofobia era solo uno de los factores motivantes.

Es imperativo que se examine la compleja combinación de factores que contribuyen a esta “tormenta perfecta” de anarquía e insurrección para evitar sucesos futuros; las tensiones políticas dentro del partido gobernante también deben tenerse en cuenta.

La amarga batalla entre facciones que se libraba dentro del CNA resultó en la demostración del liderazgo débil de Ramaphosa. Apenas se recuperó de una semana de violencia, los sudafricanos quedaron confundidos, ya que incluso los miembros de su gabinete no pudieron ponerse de acuerdo sobre la causa de los disturbios.

El ministro de Policía, Bheki Cele, asegura que no recibió informes de inteligencia sobre los disturbios de la ministra de la Agencia de Seguridad del Estado, Ayanda Dlodlo, mientras ella lo niega.

Por su parte la ministra de Defensa y Veteranos Militares, Nosiviwe Mapisa-Nqakula, contradijo a Ramaphosa al decir que los disturbios no eran parte de una insurrección fallida. Desde entonces, ella se ha retractado sobre esa declaración.

Georgio da Silva, dueño de un taller de reparación de automóviles, salvó su negocio en una zona vulnerable a los ataques xenófobos.

Puede leer aquí la versión en inglés de este artículo.

La analista política, autora, directora de investigación del Instituto Mapungubwe para la Reflexión Estratégica y profesora emérita de la Universidad de Witwatersrand, Susan Booysen, dijo a IPS que “la firma del faccionalismo en el CNA está impresa en todos los disturbios recientes en el país”.

“Si bien no es completamente una causa fundamental de los disturbios, el faccionalismo puede verse como el detonante básico que, una vez que se aprieta, pone en marcha la serie de sucesos”, afirmó.

Para Booysen, “claramente, una facción del partido gobernante estaba preparada para participar en la instigación de este tipo de comportamiento como una forma de ‘recuperarse’ en la atmósfera excesivamente politizada que actualmente domina el país”.

Steven Friedman, profesor de investigación de la Facultad de Humanidades, Departamento de Política de la Universidad de Johannesburgo, explica que “mi lectura de la violencia es que la política de facciones era importante, pero no necesariamente de la manera obvia”.

A su juicio en la violencia de julio hay más que una reacción de facciones del CNA al encarcelamiento de Zuma.

“Mi opinión es que las personas de las redes políticas y económicas, que son parte de la facción que apoya a Zuma, se convencieron de que el equilibrio de poder había cambiado y que sus redes ahora estaban en peligro de cerrarse. Esto habría terminado con su influencia política y económica, por lo que reaccionaron desencadenando la violencia para proteger sus redes”, dice Friedman.

Lo que hay que hacer a raíz de esta catástrofe es que Sudáfrica se ocupe de los problemas evidentes que han hecho posible esta situación.

Estos incluyen desigualdades económicas espantosas y una sociedad atormentada por una violencia endémica que es el legado del apartheid y el colonialismo. El país tiene bases democráticas, incluida una Constitución ampliamente alabada necesaria para construir una sociedad mejor.

Los sudafricanos tienen la capacidad para enfrentar estos desafíos y construir un país que desarrolle todo su potencial como una nación próspera donde haya igualdad de oportunidades para todos.

NdR:  Kevin Humphrey fue un activista durante la lucha contra el apartheid y actualmente es periodista y editor independiente.

T: MLM / ED: EG

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